Sus ojos tristes, más porque la vida no le cumplió un sueño que por haber dejado de soñar, cargaban como cruz una mirada oscura de obsidiana que por el día a menudo se le caía despacito al caminar y que sólo recobraba hasta que el brillo de su alma suspiraba muy juntito a los cristales rotos que siempre viven olvidado por los suelos, por la noche, su mirada siempre se le extraviaba antes de dormir, en jardines verdes y mares azules calmos e imaginarios en el techo. Su cabello largo, crespo y sus 22 años, eran la causa efecto de que Jaime, desde ya hacía algunos años, viviera cautivo de su extraña realidad.
Todo su universo y su realidad eran tan obvios que no merecían la pena hacerse preguntas existenciales, él sabía que seguramente hacerlo le causarían tal confusión, que entonces dejaría de mirar al suelo por el día y al cielo raso por las noches, y entonces sí, dejaría de tener sueños de carne y de huesos, es decir, sueños verdaderos y soñar era lo único cierto que tenía, así que estaba dispuesto a no perderlo.
Fue el día que creyeron que la vida les había dicho que no cuando todo comenzó.
Se enamoró de una chica que estaba enamorada de él, se declararon, no, más bien se juraron amor eterno, y lo eterno no les duro poco pero si les jugo rudo, el día que se separaron se alejaron de tan radical manera que ella se fragmento en infinidad de microscópicas estrellas y una muy tan importante como un sol pasó a navegar por las arterias de él, por sus venas, y periódicamente se le alojaba en la parte del cerebro donde no vive la razón. Así que él, hasta el momento, seguía perdidamente enamorado de ella.
Ella por su parte lo partió a él en dos, una la mando a vivir a su recuerdo racional, la cual la hacia suspirar muy a menudo, pero la otra, la más importante, la parte de él que la había cautivado la alojó en la parte posterior de todos sus libros y cuadernos, ella, al igual que él siguió enamorada, pero tal vez su inexperiencia, tal vez su juventud no les permitió hacer de su amor un amor perecedero como ellos, un amor real para vivirlo día a día y noches sin permiso para hacerse días.
Su vida, a no ser por un agudo dolorcito que sentía todo el tiempo en el corazón, y la constante zozobra de no saber que habría para él al día siguiente, era tan llevadera que un día se dijo así mismo -¿será tal vez que este viviendo un cuento?- y no, definitivamente no era un cuento lo que estaba viviendo, pero si algo muy parecido.
Él, aunque vivía como todos, y respiraba normalmente. También vivía una realidad paralela, algo como un vudù moderno. Si ella escribía en su cuaderno su nombre; él suspiraba, si dibujaba un corazón atravesado por la espina de un rosal; él sentía que la vida se le iba sin remedio, si ella a media clase de historia dibujaba su rostro y era sorprendida por el maestro; él, justo en el momento en que ella borraba su cara; miraba hacia al piso y para que la gente no lo descubriera, hacia como que buscaba estrellas que algún día supieron volar.
Cuando el sueño se apiadaba de él, le daba la espalda a la almohada y se cubría con las sábanas, en ese momento sin variante alguna, ella cerraba el cuaderno donde lo acompañaba a diario sin que ni él ni ella lo supieran nunca.
A él lo conocí hace poco tiempo, pero de inmediato me di cuenta que vivía una extraña realidad que sin duda hubiera podido ser otra, si en vez de separarse hubieran hablado, creo que ese amor eterno que se juraron se les cumplió, lastima que no supieron como debieron pedirlo, ellos juraron, el cielo les concedió
A ella no la conocí, pero sospecho que sin duda, aún vive en los cristales de banqueta.
25.3.10
jueves, 29 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
Fue Pera.
Toda ella era enorme, menos la ridícula y pequeña falda tableada que la obligaban a usar como uniforme y que le daba un exagerado contraste a sus paquidérmicas piernas. Su cabello rubio natural, era naturalmente el resultado que da un tinte barato, se lo trenzaba por su espalda como reata de saltar hasta una cuarta antes de su cintura.
Sospecho que en el lunar enorme que tenía sobre sus labios crecían dos o tres pelos enormes, lo sospecho porque jamás los vi, ella siempre insistió entre sus discretísimas compañeras que se lo pintaba con un lápiz casi mágico traído desde la India y que lo usaba para verse más sexy. Sus pestañas, sus heroicas pestañas cargaban toneladas de rimel y se extendían hacía el infinito como enormes alas de mariposas enamoradas, por su puesto no eran bellas, pero contrastaban con su pálida mirada que en todo encontraba esperanza. Su boca tenía la capacidad de cargar todas las palabras gentiles del universo así como el tiro certero de una grosería para tranquilizar por lo menos dos horas al patrón que siempre exigía mas diligencia en su trabajo con un tono de voz sumamente perverso y libidinoso.
Ella salvó a varias personas de la, mmm, de ésa enfermedad que les da a las personas que comen mucha azúcar y a las que generalmente las entierran, primero un pie, después el otro, que una pierna, que la otra, que va a perder la vista y, por favor póngase a dieta para mejorar su calidad de vida, o lo que queda de ella y no falle con la insulina que es lo único que lo mantiene vivo, por Dios que terquedad, o me hace caso o terminará por morirse completamente.
Su técnica salvadora era sencilla, cuando veía que llegaba algún cliente al que ya conocía como cafetero consuetudinario y que ella sabía que tomaría más de cuatro tazas con sus respectivas dos cucharadas de azúcar, se acercaba a él y muy quedito les decía; hagamos una cosa -y ponía en la mesa un frasco grande-, por cada cucharada de azúcar que le pongas
-jamás trataba a nadie de Usted- a cada taza de café, pones la misma cantidad en éste frasco. Entonces se retiraba, iba y venía atendiendo sus mesas, espantando a los fantasmas de la soledad a carcajada suelta, el cliente bebía café y endulzaba el frasco hasta que llegaba el momento del escándalo al ver que en menos de una hora ya había adentro de su cuerpo la misma cantidad de azúcar que en el frasco ¿un cuarto de kilo? Increíble, imposible y, lo siento caballero pero en realidad lo que haces es entupidamente posible, te lo acabo de comprobar, has consumido una cantidad mortal de endulzante sin pesticidas ni argucias transgénicas, es simplemente caña refinada, y mata, ahora no lo sientes, pero la triste realidad te llegará con el tiempo, cuídate, no sea infantil.
El día que se acerco a mí para darme la dulce lección, desde otra mesa una señora muy distinguida, en apariencia, le reclamaba que su taza estaba manchada de pintura labial que no era de ella, Pera siguió explicándome el daño que el dulce le hacia a mi salud, la señora gritó que le cambiaran la taza, el patrón observaba desde la cocina, yo escuchaba atentamente a Pera y a la señora y, señora, si tanto te molesta la pintura de labios de otra persona toma tu café del otro lado de la taza, y la señora dio, sin chistar, vuelta a la taza y bebió, lo ves, todo se resuelve hablando, no exigiendo morbosamente como tú -disparó sin piedad en dirección a la cocina-, soltó una carcajada, la soledad se espantó y continuo con mi lección.
Cómo no recordar con cariño a Pera, que siendo madre amorosa de una encantadora nena de cinco años producto de las más bajas pasiones de un violador, a sus cuarenta y dos años vivía ilusionada con una fastuosa boda que garantizara el futuro de la nena, soñaba y rezaba con un vestido de enorme cola primorosamente blanco, con cientos de invitados, fuente de vino blanco en cada mesa, un ramo de novia tan rojo como rojo pueda ser el amor de verdad y claro, un hombre que la amara a ella y a su hija tanto como a su propia vida y, su atención por favor -dijo un día el capitán de meseros- Pera nos abandona, deja de trabajar con nosotros, les pido de favor que al pasar a pagar su cuenta dejen su nombre y dirección en el libro de invitados que está junto al teléfono, nos asegura el futuro marido que todos ustedes, sus únicos amigos, recibirán antes de dos días su invitación a vuelta de mensajería y, carajos no vayan a faltar, me ha dicho que los invita con infinito cariño, además de que las cosas están tan caras que sería injusto un gasto que no se disfrutará y, que boda, divina, un pastel enorme como las mismísima Pera, el grupo musical que hacía veinte años estuviera de moda, el maestro de ceremonias como padrino, guacamole con totopos en vez de caviar, ron nacional en vez de las fuentes de vino en cada mesa, crema de champiñones y pollo en salsa blanca, ¿pero, y el novio?, no sé de donde salio ni quien era, no pregunté, para qué hacerlo si aún ahora, once años después, creo sin duda que era el autentico príncipe de algún autentico cuento cumpliéndole a Esperanza, a Pera, el único sueño que le exigía todos los días con todo el corazón a la vida y al cielo desde que supo por cientos de exámenes médicos y la boca de cuatro prestigiados médicos, que sólo le quedaba, a lo mucho, dos años de vida.
Due® 22.4.10
Sospecho que en el lunar enorme que tenía sobre sus labios crecían dos o tres pelos enormes, lo sospecho porque jamás los vi, ella siempre insistió entre sus discretísimas compañeras que se lo pintaba con un lápiz casi mágico traído desde la India y que lo usaba para verse más sexy. Sus pestañas, sus heroicas pestañas cargaban toneladas de rimel y se extendían hacía el infinito como enormes alas de mariposas enamoradas, por su puesto no eran bellas, pero contrastaban con su pálida mirada que en todo encontraba esperanza. Su boca tenía la capacidad de cargar todas las palabras gentiles del universo así como el tiro certero de una grosería para tranquilizar por lo menos dos horas al patrón que siempre exigía mas diligencia en su trabajo con un tono de voz sumamente perverso y libidinoso.
Ella salvó a varias personas de la, mmm, de ésa enfermedad que les da a las personas que comen mucha azúcar y a las que generalmente las entierran, primero un pie, después el otro, que una pierna, que la otra, que va a perder la vista y, por favor póngase a dieta para mejorar su calidad de vida, o lo que queda de ella y no falle con la insulina que es lo único que lo mantiene vivo, por Dios que terquedad, o me hace caso o terminará por morirse completamente.
Su técnica salvadora era sencilla, cuando veía que llegaba algún cliente al que ya conocía como cafetero consuetudinario y que ella sabía que tomaría más de cuatro tazas con sus respectivas dos cucharadas de azúcar, se acercaba a él y muy quedito les decía; hagamos una cosa -y ponía en la mesa un frasco grande-, por cada cucharada de azúcar que le pongas
-jamás trataba a nadie de Usted- a cada taza de café, pones la misma cantidad en éste frasco. Entonces se retiraba, iba y venía atendiendo sus mesas, espantando a los fantasmas de la soledad a carcajada suelta, el cliente bebía café y endulzaba el frasco hasta que llegaba el momento del escándalo al ver que en menos de una hora ya había adentro de su cuerpo la misma cantidad de azúcar que en el frasco ¿un cuarto de kilo? Increíble, imposible y, lo siento caballero pero en realidad lo que haces es entupidamente posible, te lo acabo de comprobar, has consumido una cantidad mortal de endulzante sin pesticidas ni argucias transgénicas, es simplemente caña refinada, y mata, ahora no lo sientes, pero la triste realidad te llegará con el tiempo, cuídate, no sea infantil.
El día que se acerco a mí para darme la dulce lección, desde otra mesa una señora muy distinguida, en apariencia, le reclamaba que su taza estaba manchada de pintura labial que no era de ella, Pera siguió explicándome el daño que el dulce le hacia a mi salud, la señora gritó que le cambiaran la taza, el patrón observaba desde la cocina, yo escuchaba atentamente a Pera y a la señora y, señora, si tanto te molesta la pintura de labios de otra persona toma tu café del otro lado de la taza, y la señora dio, sin chistar, vuelta a la taza y bebió, lo ves, todo se resuelve hablando, no exigiendo morbosamente como tú -disparó sin piedad en dirección a la cocina-, soltó una carcajada, la soledad se espantó y continuo con mi lección.
Cómo no recordar con cariño a Pera, que siendo madre amorosa de una encantadora nena de cinco años producto de las más bajas pasiones de un violador, a sus cuarenta y dos años vivía ilusionada con una fastuosa boda que garantizara el futuro de la nena, soñaba y rezaba con un vestido de enorme cola primorosamente blanco, con cientos de invitados, fuente de vino blanco en cada mesa, un ramo de novia tan rojo como rojo pueda ser el amor de verdad y claro, un hombre que la amara a ella y a su hija tanto como a su propia vida y, su atención por favor -dijo un día el capitán de meseros- Pera nos abandona, deja de trabajar con nosotros, les pido de favor que al pasar a pagar su cuenta dejen su nombre y dirección en el libro de invitados que está junto al teléfono, nos asegura el futuro marido que todos ustedes, sus únicos amigos, recibirán antes de dos días su invitación a vuelta de mensajería y, carajos no vayan a faltar, me ha dicho que los invita con infinito cariño, además de que las cosas están tan caras que sería injusto un gasto que no se disfrutará y, que boda, divina, un pastel enorme como las mismísima Pera, el grupo musical que hacía veinte años estuviera de moda, el maestro de ceremonias como padrino, guacamole con totopos en vez de caviar, ron nacional en vez de las fuentes de vino en cada mesa, crema de champiñones y pollo en salsa blanca, ¿pero, y el novio?, no sé de donde salio ni quien era, no pregunté, para qué hacerlo si aún ahora, once años después, creo sin duda que era el autentico príncipe de algún autentico cuento cumpliéndole a Esperanza, a Pera, el único sueño que le exigía todos los días con todo el corazón a la vida y al cielo desde que supo por cientos de exámenes médicos y la boca de cuatro prestigiados médicos, que sólo le quedaba, a lo mucho, dos años de vida.
Due® 22.4.10
viernes, 11 de septiembre de 2009
Las diez y diez de mis mañanas
No entiendo, ¿dice usted que le intriga?, pues mire usted, es una exclamación como cualquier otra, tanto como decir “el tiempo muerto de mi vida”, o tal vez “el momento del día en que pienso en ti”. Pero si está usted tan intrigado como dice y tiene tiempo de escuchar la historia con gusto se la cuento mientras espera usted a su novia y tomamos café. No se apure, si es sólo café la cuenta va de mi parte.
¿Pero cómo? ¿No se siente a gusto si le hablo de usted?, vaya, pero si es usted tan joven. Tal vez por eso ha preguntado ¿verdad? La gente que dice que ya ha alcanzado la madurez sentimental rara vez pregunta, prefiere quedarse con la duda a evidenciar la falta de curiosidad que en su cara siempre es evidenciable. Tal vez sí, no lo sé, en fin, cada quien con sus cosas.
Muy bien si así lo quieres, hablémonos de tú a tú…
Pues mira Jesús, ¿así me dijiste que te llamas verdad?, pues bien, la idea la tomé de una persona con la que trabajé hace cinco años. Sí, lo recuerdo bien porque en aquel tiempo yo usaba traje, corbata de cualquier color pero siempre con algún toque de rojo, los caballeros siempre usamos el rojo en la corbata, que no se te olvide, claro si es que eres un caballero. También usaba zapatos lustrosos y buena loción. Es decir, eran los tiempos en que yo era gente seria. Con esto no quiero darte a entender que escribir sea algo ocioso, no, pero veme ahora, jeans camisa y tenis. En realidad vestido así estoy más cómodo, pero la gente siempre espera ver a alguien elegante atrás de la literatura. Y déjame decirte mi querido Jesús, creer eso, si es ociosidad del pensamiento, cada quien escribe como le da la gana, viste como le da la gana y que carajos yo de literatura sé un pito, pero escribo.
Ni hablar, de esto como ahora y hay que respetarlo, así que si algún día llego a publicar algo, vestiré de nuevo traje, corbata con algo de rojo, zapatos, una buena loción que cubra los disturbios del alma y tal vez ese día ni yo me reconozca.
Trabajaba para una importante firma publicitaria, mi equipo de trabajo se encargaba de buscar nuevos clientes, hacíamos los análisis pertinentes y una vez terminados nos reuníamos con otros equipos de la agencia para crear la estrategia que seguiríamos para presentarle al prospecto de cliente nuestros servicio, dejarlo apantallado, y disponer de su presupuesto.
Te cuento esto que parece que no tiene relevancia, para que al llegar al punto que nos atañe, comprendas perfectamente que el significado de mi respuesta a tu interrogante, es sólo esta historia que nada tiene de interesante.
El caso es que el trabajo era mucho, había más de doce personas involucradas atrás de diez u once gráficos que resumían el interés de la agencia, los intereses del futuro cliente, la situación económica del país, el de la industria de la publicidad, tres meses de trabajo, toda la seriedad del mundo y a Juan, quien se encargaría de “enamorar” al cliente.
Juan era un tipo con suficiente ángel en la espalda como para que lo tomaran de icono de la ciudad ahora que va a ser el festejo del bicentenario de la Independencia del país, por ello era a él a quien le encomendaban las riendas de las juntas importantes. Sabía mucho de muchas cosas, de todas, todo lo sabía superficialmente, pero las dominaba con tal habilidad que la información en sus manos era oro molido. Siempre sacaba provecho de las juntas, muy buen provecho.
Señorita, sírvale más café a Jesús, creo que lo estoy durmiendo. Si del regular, con cafeína. Está esperando a su novia y es justo que si me está escuchando termine lo suficientemente despierto como para atender a la dama. Yo lo de siempre, descafeinado sin azúcar como todos los martes, la vida siempre me espera despierta o dormida, eso a ella le da igual.
¿En qué estábamos?, es verdad, en Juan. A él nada le preocupaba, todo lo tomaba a juego. Su actitud era envidiable, y más aún cuando teníamos en puerta una presentación tan importante de la cual dependía conservar el trabajo en la agencia para varios de nosotros incluyéndolo a él y además con un cliente tan difícil como el que nos esperaba.
Juan era uno de esos tipos que contaba las más insólitas aventuras. Como cuando estuvo presente en el accidente de un chico que calló de un 5º piso en la calle de Pilares en la Colonia del Valle y que a la postre sirvió para la canonización de Juan Diego. O la vez que enfrente de la agencia recibió él solo la bendición de Juan Pablo II en plena calle.
Lo más increíble de sus historias es que eran verdad. Lo del chico de la Col del Valle me lo contó dos años antes de la canonización de Juan diego, y la bendición del Papa yo mismo presencie por la ventana de la agencia. Sí, ahora que lo mencionas creo que fue él el que llevo al Suspirante a la calle de dolores el día que voló virgen sobre la ciudad de México.
Como podrás darte cuenta solamente los que lo conocíamos muy bien podíamos confiar en él, y ese día por su propio bien, confiamos.
¿Qué me estoy desviando del tema? Tal vez tiene razón y menos tiempo del que usted, perdón, del que tú mismo supones, y si supones que a la vida lo único que no le sobra es el tiempo, en ambas cosas tiene razón, así que abreviare para tu tranquilidad.
La junta fue todo un éxito para Juan. Si, sí voy ya al tema de tu pregunta, no desesperes. Como te decía, la junta fue un rotundo éxito para Juan. La marca por la cual íbamos tan bien preparados era la de una muy prestigiosa marca de relojes. Aparentemente la situación estaba controlada ya que esa marca hacia mucho tiempo que no tenia publicidad y además no había recibido la visita de agencias de la competencia, creímos pues que; “la sopa estaba servida”.
El cliente era un tipo chapado a la antigua, sabedor de pocas cosas, pero muy bien estudiadas. Paradójicamente era extremadamente impuntual, por lo que tuvimos que esperarlo más de una hora, tiempo en el cual la Lap Top, curiosamente se descargó, justo el día en que hacían reparaciones del cableado eléctrico. No había modo de reprogramas la junta ya que el cliente saldría de vacaciones y a su regreso nuestra agenda, si es que aún continuábamos con trabajo, estaba saturada.
Juan jugaba como siempre y bromeaba diciéndonos que no había leído la presentación, pero que eso a él no le importaba ya que sólo se preocupa quien no se prepara (¿).
Iba yo a tomar la palabra para explicarle al cliente que era imposible hacerle la presentación cuando Juan tomó la iniciativa.
-Disculpa ¿porqué los relojes de los aparadores casi siempre marcan las diez horas con diez minutos?
-Es cuestión de estrategia –dijo el cliente, que en realidad creo que no tenia ni puta idea de lo que decía-, las manecillas del reloj apuntan a esa hora porque así, al fondo de la carátula semejan una carita feliz. Se han hecho estudios –continúo- que al comprador le agrada ver así las manecillas del reloj que comprará, ya que también parece que el reloj lo recibe con los brazos abiertos.
-A mi eso me parece una mamada –dijo Juan-, cada vez que me paro al frente de un aparador de relojes pienso “bola de guevones, deberían darle cuerda a sus relojes, o ponerles pila nuevas, ganan tanto engañando al consumidor que bien les alcanza para pilas, buen café y estas oficinas de lujo”.
El cliente carraspeó la garganta para aclararla y dijo:
-Además cuando las manecillas indican las diez con diez se puede ver perfectamente la marca del reloj –dijo el cliente un tanto exasperado-.
-Pues insisto –dijo Juan-, eso es para tarados, mira nada mas la pendejada de creer que un reloj le esté ahí, sin hacer nada, esperando a darle un gran abrazo o una calida sonrisa a un comprador que jamás encuentra el precio del reloj ¿porqué si sabes verdad? –le dijo al cliente- nunca está el precio a la vista, y eso asusta.
-El precio es lo de menos, quien quiere comprar un reloj no piensa en ello
–dijo el cliente ya realmente irritado-
Juan se puso de pie con los brazos en una posición amenazadora. El cliente sus tres asistentes y nosotros, los de la agencia, estábamos realmente desconcertado. Y continuó.
-Si pudieras ver los estudios (en realidad no había tales estudios) que traemos verías que a los compradores de relojes lo que en realidad les interesa es el precio y que den la hora exacta para no llegara tardísimo a las juntas de trabajo. No les importa si las manecillas son de un pinché ratón sonriente o los brazos abiertos de una puta.
-Si llegué tarde a la junta –dijo aludido el cliente y mirando a su equipo de trabajo- es porque tengo muchas cosas que resolver y mucha gente ineficiente a mi lado.
-Lo dirás por ellos –dijo Juan señalando a los asistentes del cliente-, porque nosotros llegamos en punto y nos valió madres traer relojes de otras marcas con caritas infelices.
-Bueno carajos –dijo el cliente dando un manotazo en el escritorio- dime tú cual crees que es el significado de tener los relojes de exhibición a las diez y diez.
Se hizo un silencio sepulcral, Juan volteo muy despacio a mirarnos a cada uno a la cara mientras se sentaba, dio un sorbo a su café, lo saboreo, tomó de la bandeja de cristal una galleta cubierta de ajonjolí, y como si fuera un apuntador electrónico la dirigió a la cara del enfadado cliente y le dijo;
- Para mi que usted es un holgazán inepto que sólo aparenta que conoce el negocio, y si de verdad quieres saber mi opinión se la daré en este momento,
-y dijo categóricamente- Para mí que ponen las manecillas a las diez y diez para ahorrar pilas en los relojes que son electrónicos y para que la bola de vendedores perezosos en las relojerías sientan que les han crucificado el tiempo y continúen ahí haciendo ventas de ocasión sin pedir jamás aumento de sueldo…
Lo ves Jesús, nada tiene de poético eso de “las diez y diez de mis mañanas” que tanto te ha intrigado, es sólo que esa anécdota se me quedo muy grabada en la cabeza. Oye, esa chica que lleva ahí afuera de la cafetería media hora mojándose, no es tu novia ¿verdad?. ¿Cómo, sí lo es?, mira nada mas y nosotros hablando de relojes y la puntualidad, pues sí que te espera un fuerte regaño, apúrate, no la hagas esperar más. Si hombre, el café yo lo pago. Así es, todos los martes a esta hora vengo, cuando quieras charlar, aquí me encuentras.
Señorita, tráigame usted la cuenta, tengo que ir a casa, la vida me espera, no sé si despierta o dormida, eso me da igual.
¿Pero cómo, estaba usted escuchando?. Muy bien, pues mire usted, ese día no ganamos la cuenta, el cliente, sus asistentes y yo perdimos el trabajo.
¿Qué fue de Juan?, pues verá ¿la última vez que lo vi?, déjeme ver, fue hace un año, me platico que a la semana siguiente asumió el puesto del cliente con un sueldo mucho mejor, que además consiguió un equipo de trabajo muy eficiente, que los relojes seguirían exhibiéndose con las manecillas a las diez y diez y que no había una razón conocida para que se colocaran en esa hora.
Como ve, Juan siempre tenía excelentes resultados en las juntas de trabajo. ¿Yo?, Yo nunca volví a encontrar trabajo en ninguna agencia, por eso ahora me gano la vida escribiendo mails a gente que nunca compra por Internet, al cliente jamás lo he visto de nuevo.
Pero mire usted que coincidencia, yo me tengo que ir y en el reloj de su pared son exactamente las diez y diez…
Due® 11septiembre09
¿Pero cómo? ¿No se siente a gusto si le hablo de usted?, vaya, pero si es usted tan joven. Tal vez por eso ha preguntado ¿verdad? La gente que dice que ya ha alcanzado la madurez sentimental rara vez pregunta, prefiere quedarse con la duda a evidenciar la falta de curiosidad que en su cara siempre es evidenciable. Tal vez sí, no lo sé, en fin, cada quien con sus cosas.
Muy bien si así lo quieres, hablémonos de tú a tú…
Pues mira Jesús, ¿así me dijiste que te llamas verdad?, pues bien, la idea la tomé de una persona con la que trabajé hace cinco años. Sí, lo recuerdo bien porque en aquel tiempo yo usaba traje, corbata de cualquier color pero siempre con algún toque de rojo, los caballeros siempre usamos el rojo en la corbata, que no se te olvide, claro si es que eres un caballero. También usaba zapatos lustrosos y buena loción. Es decir, eran los tiempos en que yo era gente seria. Con esto no quiero darte a entender que escribir sea algo ocioso, no, pero veme ahora, jeans camisa y tenis. En realidad vestido así estoy más cómodo, pero la gente siempre espera ver a alguien elegante atrás de la literatura. Y déjame decirte mi querido Jesús, creer eso, si es ociosidad del pensamiento, cada quien escribe como le da la gana, viste como le da la gana y que carajos yo de literatura sé un pito, pero escribo.
Ni hablar, de esto como ahora y hay que respetarlo, así que si algún día llego a publicar algo, vestiré de nuevo traje, corbata con algo de rojo, zapatos, una buena loción que cubra los disturbios del alma y tal vez ese día ni yo me reconozca.
Trabajaba para una importante firma publicitaria, mi equipo de trabajo se encargaba de buscar nuevos clientes, hacíamos los análisis pertinentes y una vez terminados nos reuníamos con otros equipos de la agencia para crear la estrategia que seguiríamos para presentarle al prospecto de cliente nuestros servicio, dejarlo apantallado, y disponer de su presupuesto.
Te cuento esto que parece que no tiene relevancia, para que al llegar al punto que nos atañe, comprendas perfectamente que el significado de mi respuesta a tu interrogante, es sólo esta historia que nada tiene de interesante.
El caso es que el trabajo era mucho, había más de doce personas involucradas atrás de diez u once gráficos que resumían el interés de la agencia, los intereses del futuro cliente, la situación económica del país, el de la industria de la publicidad, tres meses de trabajo, toda la seriedad del mundo y a Juan, quien se encargaría de “enamorar” al cliente.
Juan era un tipo con suficiente ángel en la espalda como para que lo tomaran de icono de la ciudad ahora que va a ser el festejo del bicentenario de la Independencia del país, por ello era a él a quien le encomendaban las riendas de las juntas importantes. Sabía mucho de muchas cosas, de todas, todo lo sabía superficialmente, pero las dominaba con tal habilidad que la información en sus manos era oro molido. Siempre sacaba provecho de las juntas, muy buen provecho.
Señorita, sírvale más café a Jesús, creo que lo estoy durmiendo. Si del regular, con cafeína. Está esperando a su novia y es justo que si me está escuchando termine lo suficientemente despierto como para atender a la dama. Yo lo de siempre, descafeinado sin azúcar como todos los martes, la vida siempre me espera despierta o dormida, eso a ella le da igual.
¿En qué estábamos?, es verdad, en Juan. A él nada le preocupaba, todo lo tomaba a juego. Su actitud era envidiable, y más aún cuando teníamos en puerta una presentación tan importante de la cual dependía conservar el trabajo en la agencia para varios de nosotros incluyéndolo a él y además con un cliente tan difícil como el que nos esperaba.
Juan era uno de esos tipos que contaba las más insólitas aventuras. Como cuando estuvo presente en el accidente de un chico que calló de un 5º piso en la calle de Pilares en la Colonia del Valle y que a la postre sirvió para la canonización de Juan Diego. O la vez que enfrente de la agencia recibió él solo la bendición de Juan Pablo II en plena calle.
Lo más increíble de sus historias es que eran verdad. Lo del chico de la Col del Valle me lo contó dos años antes de la canonización de Juan diego, y la bendición del Papa yo mismo presencie por la ventana de la agencia. Sí, ahora que lo mencionas creo que fue él el que llevo al Suspirante a la calle de dolores el día que voló virgen sobre la ciudad de México.
Como podrás darte cuenta solamente los que lo conocíamos muy bien podíamos confiar en él, y ese día por su propio bien, confiamos.
¿Qué me estoy desviando del tema? Tal vez tiene razón y menos tiempo del que usted, perdón, del que tú mismo supones, y si supones que a la vida lo único que no le sobra es el tiempo, en ambas cosas tiene razón, así que abreviare para tu tranquilidad.
La junta fue todo un éxito para Juan. Si, sí voy ya al tema de tu pregunta, no desesperes. Como te decía, la junta fue un rotundo éxito para Juan. La marca por la cual íbamos tan bien preparados era la de una muy prestigiosa marca de relojes. Aparentemente la situación estaba controlada ya que esa marca hacia mucho tiempo que no tenia publicidad y además no había recibido la visita de agencias de la competencia, creímos pues que; “la sopa estaba servida”.
El cliente era un tipo chapado a la antigua, sabedor de pocas cosas, pero muy bien estudiadas. Paradójicamente era extremadamente impuntual, por lo que tuvimos que esperarlo más de una hora, tiempo en el cual la Lap Top, curiosamente se descargó, justo el día en que hacían reparaciones del cableado eléctrico. No había modo de reprogramas la junta ya que el cliente saldría de vacaciones y a su regreso nuestra agenda, si es que aún continuábamos con trabajo, estaba saturada.
Juan jugaba como siempre y bromeaba diciéndonos que no había leído la presentación, pero que eso a él no le importaba ya que sólo se preocupa quien no se prepara (¿).
Iba yo a tomar la palabra para explicarle al cliente que era imposible hacerle la presentación cuando Juan tomó la iniciativa.
-Disculpa ¿porqué los relojes de los aparadores casi siempre marcan las diez horas con diez minutos?
-Es cuestión de estrategia –dijo el cliente, que en realidad creo que no tenia ni puta idea de lo que decía-, las manecillas del reloj apuntan a esa hora porque así, al fondo de la carátula semejan una carita feliz. Se han hecho estudios –continúo- que al comprador le agrada ver así las manecillas del reloj que comprará, ya que también parece que el reloj lo recibe con los brazos abiertos.
-A mi eso me parece una mamada –dijo Juan-, cada vez que me paro al frente de un aparador de relojes pienso “bola de guevones, deberían darle cuerda a sus relojes, o ponerles pila nuevas, ganan tanto engañando al consumidor que bien les alcanza para pilas, buen café y estas oficinas de lujo”.
El cliente carraspeó la garganta para aclararla y dijo:
-Además cuando las manecillas indican las diez con diez se puede ver perfectamente la marca del reloj –dijo el cliente un tanto exasperado-.
-Pues insisto –dijo Juan-, eso es para tarados, mira nada mas la pendejada de creer que un reloj le esté ahí, sin hacer nada, esperando a darle un gran abrazo o una calida sonrisa a un comprador que jamás encuentra el precio del reloj ¿porqué si sabes verdad? –le dijo al cliente- nunca está el precio a la vista, y eso asusta.
-El precio es lo de menos, quien quiere comprar un reloj no piensa en ello
–dijo el cliente ya realmente irritado-
Juan se puso de pie con los brazos en una posición amenazadora. El cliente sus tres asistentes y nosotros, los de la agencia, estábamos realmente desconcertado. Y continuó.
-Si pudieras ver los estudios (en realidad no había tales estudios) que traemos verías que a los compradores de relojes lo que en realidad les interesa es el precio y que den la hora exacta para no llegara tardísimo a las juntas de trabajo. No les importa si las manecillas son de un pinché ratón sonriente o los brazos abiertos de una puta.
-Si llegué tarde a la junta –dijo aludido el cliente y mirando a su equipo de trabajo- es porque tengo muchas cosas que resolver y mucha gente ineficiente a mi lado.
-Lo dirás por ellos –dijo Juan señalando a los asistentes del cliente-, porque nosotros llegamos en punto y nos valió madres traer relojes de otras marcas con caritas infelices.
-Bueno carajos –dijo el cliente dando un manotazo en el escritorio- dime tú cual crees que es el significado de tener los relojes de exhibición a las diez y diez.
Se hizo un silencio sepulcral, Juan volteo muy despacio a mirarnos a cada uno a la cara mientras se sentaba, dio un sorbo a su café, lo saboreo, tomó de la bandeja de cristal una galleta cubierta de ajonjolí, y como si fuera un apuntador electrónico la dirigió a la cara del enfadado cliente y le dijo;
- Para mi que usted es un holgazán inepto que sólo aparenta que conoce el negocio, y si de verdad quieres saber mi opinión se la daré en este momento,
-y dijo categóricamente- Para mí que ponen las manecillas a las diez y diez para ahorrar pilas en los relojes que son electrónicos y para que la bola de vendedores perezosos en las relojerías sientan que les han crucificado el tiempo y continúen ahí haciendo ventas de ocasión sin pedir jamás aumento de sueldo…
Lo ves Jesús, nada tiene de poético eso de “las diez y diez de mis mañanas” que tanto te ha intrigado, es sólo que esa anécdota se me quedo muy grabada en la cabeza. Oye, esa chica que lleva ahí afuera de la cafetería media hora mojándose, no es tu novia ¿verdad?. ¿Cómo, sí lo es?, mira nada mas y nosotros hablando de relojes y la puntualidad, pues sí que te espera un fuerte regaño, apúrate, no la hagas esperar más. Si hombre, el café yo lo pago. Así es, todos los martes a esta hora vengo, cuando quieras charlar, aquí me encuentras.
Señorita, tráigame usted la cuenta, tengo que ir a casa, la vida me espera, no sé si despierta o dormida, eso me da igual.
¿Pero cómo, estaba usted escuchando?. Muy bien, pues mire usted, ese día no ganamos la cuenta, el cliente, sus asistentes y yo perdimos el trabajo.
¿Qué fue de Juan?, pues verá ¿la última vez que lo vi?, déjeme ver, fue hace un año, me platico que a la semana siguiente asumió el puesto del cliente con un sueldo mucho mejor, que además consiguió un equipo de trabajo muy eficiente, que los relojes seguirían exhibiéndose con las manecillas a las diez y diez y que no había una razón conocida para que se colocaran en esa hora.
Como ve, Juan siempre tenía excelentes resultados en las juntas de trabajo. ¿Yo?, Yo nunca volví a encontrar trabajo en ninguna agencia, por eso ahora me gano la vida escribiendo mails a gente que nunca compra por Internet, al cliente jamás lo he visto de nuevo.
Pero mire usted que coincidencia, yo me tengo que ir y en el reloj de su pared son exactamente las diez y diez…
Due® 11septiembre09
sábado, 25 de julio de 2009
El suspirante
EL SUSPIRANTE A sus veinte años sólo en una ocasión se había enamorado. Su amor era en ese momento tan profundo, real y puro que no fue correspondido. Su amor daba miedo. Sin desalentarse y creyendo que más adelante en la vida podría amar de nuevo, se dio, como buen enamorado, a la tarea de suspirar lo menos una vez cada cuatro minutos. Pasaba el tiempo como siempre lo hace, sin embargo lo hacía cruelmente despacio, de su mente no se apartaba ese amor no correspondido, le amaba tanto y de tal manera le extrañaba -aunque no hubiera nada que extrañar-, que comenzó a perfeccionar, tanto por amor como por obsesión, su melancolía. Y fue tal la perfección de su melancolía que hizo de ella su vocación, así que en poco tiempo fue el mejor suspirante que jamás se haya conocido, suspiraba tan hondo y con tanta verdad que un día, después de sufrir un ataque de recuerdos, suspiró tanto y de tan buena manera que se atragantó al grado de creer que ahí terminaría su vida. Por supuesto no fue así, nadie se muere de amor -la niña de Guatemala es la excepción que confirma la regla-. Fue entonces cuando decidió, para no atragantarse de nuevo, dejar en libertad completa a los besos no dados, tal vez ellos conocían el camino hasta el lugar en donde se encontrara su mal correspondida amada, y de nuevo tal vez, ella supiera que el aire que rozaba su cara no era viento y sí un beso a distancia. Y sucedió un día, muy lejos de él como sucede siempre, que su amada capturó un suspiro al vuelo, lo gozó, lo disfrutó, se sintió amada y correspondió con mucho amor y sin pensarlo al dueño del suspiro, lo hizo tan enamorada que todo el mundo se dio cuenta que se entregaba a la persona equivocada. Eso no le importó, y mientras el enamoramiento le duró siguió eternamente amando. Sobra decir aquí, que el dueño del suspiro no es el que inspira este escrito, y sí, un extraño ajeno a lo que nos concierne. Sobra también decir que ella terminó pronto, también como siempre sucede, ese enamoramiento. Se enamoró un sinnúmero de veces más y siguió su vida sin recordar jamás, en ningún momento a nuestro suspirante, por lo que, en venganza, a ella la dejaremos olvidada en esta parte de la historia. Conocí al suspirante justo cuando él cumplía diez años de suspirar apasionadamente, era para ese entonces tan perfecta su melancolía que suspiraba hasta en las juntas de trabajo, lo hacía tan perfectamente, que nadie se daba cuenta. Una noche que se había acumulado el trabajo, justo a las diez con once minutos, vi a través del vidrio que dividía nuestras oficinas cómo suspiraba, lo hizo muy enamorado, tal como siempre lo hacía y sin ninguna vergüenza, ya que creía que nadie lo miraba. En realidad nunca me hubiera llamado la atención, a no ser porque yo era su jefe y como buen jefe me gustaba estar al tanto del personal. Así que observé atentamente, vi como después de suspirar se desataba la corbata, desabotonaba la camisa, y ya con el torso semidesnudo tomaba una tachuela verde, de las que usábamos para señalar en el mapa las vialidades, con la otra mano atrapó a la mariposa multicolor que salió de su boca con el suspiro y que ya feliz revoloteaba enfrente de su cara. La colocó junto al lado derecho del ombligo y la clavó. Al ver aquello de inmediato y a paso veloz me dirigí a su oficina, abrí sin tocar, lo miré severamente, me miro desconcertado y me dijo: perdón, pero a esta hora, cada día de cada mes, desde hace diez años suspiro de la misma manera. Le pregunté: ¿Y siempre tachonas en tu cuerpo a las mariposas que salen de tu boca? Sólo las que suspiro a esta hora -me respondió-, son las más bellas, antes las tachonaba todas, pero pronto me di cuenta que si seguía así no tendría en poco tiempo más piel en donde tachonarlas. Muy bien -le dije- sólo espero que estos alargados suspiros no te quiten mucho el tiempo, me gustaría irme antes de las doce de la noche a casa con todo el trabajo terminado. Y así fue, terminamos el trabajo y salimos en punto de la media noche. A la semana siguiente el suspirante y yo coincidimos a la hora de comer en el mismo restaurante, nos sentamos juntos ya que no había más mesas disponibles. Ahí fue cuándo y dónde conocí de su propia voz su pasado y donde comenzó la historia completa. Me contó que las mariposas que tenía tachonadas en el pecho comenzaron a salir de su boca cuando comenzó a tener sueños de carne y hueso. Las puso ahí para que quien las viera supiera que eran reales y no sueños mal paridos por la soledad. Las encajó ahí –según me dijo- con alfileres de mapa para que hasta los agnósticos creyeran que eran de verdad y no tatuajes de marino. Jamás pudo enamorarse de nuevo, así que a los dos años de que comenzaron a salir las mariposas de su boca busco sexo de paga, sin embargo, cada vez que se quitaba la playera las mariposas aleteaban con tal fuerza que hasta la dama mejor pagada salía huyendo, y no por miedo, más bien lo que las espantaba era el viento cruzado que tenía el poder de atraer la gripa y dejarlas lo menos cuatro o cinco días sin trabajo. Así que por cuestiones de salud, la salud de las damas de paga, siempre se mantuvo virgen. Fue hasta ese día que me di cuenta de que tenía la melancolía tan bien puesta en el rostro que bien hubiera podido ser el modelo para cualquier pintor que pintara ángeles, su cabello rubio ensortijado y su eterna tristeza así lo podían atestiguar. Después de platicarme su historia y dejar que yo pagara la comida, lo cual me hizo dudar de su angelical procedencia, me dijo: Daría cualquier cosa por dejar de ser virgen, tal vez hasta dejar de amar a aquella mujer e incluso dejar de suspirar. Vaya pues –le dije- sí que has de estar en aprietos económicos, lo usual es que el subalterno le pague la comida al jefe, pero no hay problema, en otra ocasión te dejaré que lo hagas. Íbamos en mi auto rumbo a la oficina cuando recordé que alguien en otros tiempos me había mencionado que en la calle de Dolores existía una tienda de chinos que vendía de todo, incluso el remedio para el mal de amores, que sin duda, era un excelente negocio, ya que fabricar frasquitos de olvido salían mucho más económico y se vendían mucho más caros que el mejor de los abanicos con figuras de dragones que importaban de la China misma. Cambié de dirección y tomamos rumbo al Barrio Chino, a la calle de Dolores, justo enfrente del callejón: “Un rincón cerca del cielo”. Con tantas metáforas en la dirección de la tienda de chinos no me quedó ninguna duda de que ahí podrían ayudarlo, ya fuera con un amuleto, ya con algún brebaje. Quítese la camisa, le dijo el Doctor Chino que nos atendió después de que hojeamos todas las revistas de la recepción y después de varias horas de espera. Se la quitó. Las mariposas revolotearon muy fuertemente, volaron por el aire todos los papeles que había sobre el escritorio, al único que no despeinaron fue al doctor que aparte de tener el pelo muy lacio se lo había peinado con un gel que él mismo fabricaba en su tienda y que era a prueba de cualquier viento originado por mariposas. El Doctor chino se puso sus gafas, miró atentamente y tan de cerca que las alas de una de las mariposas clavada en la tetilla izquierda le provocó un estornudo. Después de limpiarse la nariz y con un tono de quien lo ha visto todo y por ello sabe todo de la vida dijo: -Este viento sólo espanta a las putas, les provoca gripa-. Sacó un cuadernillo de recetas y con pésima caligrafía escribió varios jeroglíficos en chino al tiempo que nos decía: -La receta sólo la puede surtir en la entrada de esta tienda, en otras tiendas nadie entiende mi letra, son doscientos pesos de la consulta, el costo de la medicina lo paga en la caja. Al fondo, junto al patio, hay un cubículo que pueden usar media hora para administrar lo que en la receta está escrito-. (La interpretación de lo que dijo el chino es mía, ya que su acento y su pésimo español, aunque le daban cierto aire de profesionalismo, no lo comprendimos por completo, así que a lo mejor nos equivocamos en la dosis, tal vez. No lo sé.) Pagamos y nos dieron un frasco verde, tan verde como los ojos del suspirante que no se había vuelto a poner la camisa y que jamás se volvió a poner. Entramos a lo que el chino llamó cubículo y que no era otra cosa que un cuarto sin techo, algo así como el anexo del patio trasero, el suspirante abrió el frasco y de un solo trago desesperado ingirió el contenido completo. Se abrazó a sí mismo como con dolor o desesperación, apachurró a más de doce mariposas de su pecho que gimieron lastimosamente antes de dejar de aletear para siempre. El suspirante en un rictus de dolor me dio la espalda y pude ver claramente cómo una mariposa negra como la noche aleteaba justo entre los omoplatos, aleteaba y crecía, crecía y aleteaba, crecía, crecía y crecía como recién salida del capullo, era tanto el viento que generaba y el polvo que se levantaba que ya no pude ver nunca más la cara del suspirante quien al dejar de abrazarse se dio media vuelta, y ahí, frente a mí, levanto un ágil y grácil vuelo esquivando los cables de energía eléctrica que cruzaban lo alto del patio. Voló virgen sobre el negro cielo de la ciudad hasta perderse de vista. Esa misma noche, mientras comía junto con mi esposa comida china en el sofá de la sala de mi casa, vi atentamente el noticiero sin comentarle nada a ella, quería saber si decían algo acerca de un joven que voló cerca de Bellas Artes, o de algún pasajero de algún avión que hubiera preferido tirarse antes que aterrizar en el aeropuerto. Nada, ni una noticia. Al día siguiente fui al departamento de personal de la oficina para informar que mi equipo de trabajo se había desarticulado, que buscaran urgente un reemplazo ya que había mucho trabajo pendiente. De esta historia aún tengo fresco el recuerdo, la camisa blanca de buena marca que perteneció a Tiago el suspirante.... y en el trabajo a su reemplazo. Due® 25julio09
miércoles, 15 de julio de 2009
De la mano
Un cuarto de hotel con vista al futuro, un pasillo de ida y nada de retorno. Una cama, una mesa, una silla, dos cuerpos. La tarde-noche, una estrella; tú con hambre. Un chicle para ti, un cigarro para mí y un sólo sueño para ambos. Mi esperanza, tu realidad.
En la cama las sabanas descompuestas, la humedad del sexo, los rastros de la entrega, el campo de batalla terminada en tregua pactada, tu aroma y el mío, mezcla de generaciones distintas. Dos personas fundidas en un cuerpo, silencio: Respiraciones agitadas, entrecortadas y en ese momento; una sola alma.
En la silla la ropa, mudos testigos desnudos de cuerpos, una chamarra, ropa interior amontonada, tres monedas en el piso, un boleto de regreso.
En la mesa envolturas rotas con ansias, dos vasos, uno lleno el otro a menos de la mitad, dos botellas de agua que no saciaran la sed de tenerse, una lámpara, media luz, tú y tu brillo iluminando el cuarto, el cuarto de mi alma, dos condones de reserva.
Junto a la ventana de espaldas un cuerpo desnudo, tu cuerpo, mirando de reojo en dirección de los recuerdos, recordando el cuerpo que antes estuvo contigo, comparando el cuerpo de ahora, soltando un beso al aire, soltando un suspiro, comparando. Gozando.
Otro cuerpo desnudo, el mío abrazando tu espalda, contándote tristezas, lastimando sin querer tu entereza, dejando en la piel recuerdos, fantaseando realidades, soñando, soñando. Viviendo. Tu cuerpo y mi cuerpo, un sólo cuerpo. Materia sobre materia, almas fundidas a un tiempo, en un espacio, un beso.
Y nuevamente a la batalla, movimiento rítmico acompasado, muy despacio explorando tu cuerpo, rítmicamente gozando, amando, sudando, caricias y mas caricias y de pronto un grito ahogado, el termino del sexo, el principio de una historia, más humedad, tibia humedad, lluvia de semen.
Recuerdo que recuerdo tu nombre, tus labios, tu cuerpo fundido en el mío, mi cuerpo dentro del tuyo, el olor de tu pecho, y de un lugar a otro tu alma, tu cuerpo y todos los centímetros recorridos por mis besos, el siglo que medí a besos de pezón a pezón, recuerdo tu aliento, tu aroma, tu pelo, tu cabeza en mi pecho, la cama, el cuarto de hotel, la silla, tu cuerpo y mi alma desnudos, el calor de tu cuerpo en mi cuerpo, la paz de tu alma en mi alma.
Eso fue hace tanto, lo recuerdo. En fin, de nuevo el adiós de toda la vida. Un silencio alimentando la distancia, más tabaco, más insomnio, triste cama, triste alma, soledad, recuerdos, recuerdos, recuerdos.
Hoy me voy de ti, me voy a otra parte y me llevo de la mano tu recuerdo.
Due®
En la cama las sabanas descompuestas, la humedad del sexo, los rastros de la entrega, el campo de batalla terminada en tregua pactada, tu aroma y el mío, mezcla de generaciones distintas. Dos personas fundidas en un cuerpo, silencio: Respiraciones agitadas, entrecortadas y en ese momento; una sola alma.
En la silla la ropa, mudos testigos desnudos de cuerpos, una chamarra, ropa interior amontonada, tres monedas en el piso, un boleto de regreso.
En la mesa envolturas rotas con ansias, dos vasos, uno lleno el otro a menos de la mitad, dos botellas de agua que no saciaran la sed de tenerse, una lámpara, media luz, tú y tu brillo iluminando el cuarto, el cuarto de mi alma, dos condones de reserva.
Junto a la ventana de espaldas un cuerpo desnudo, tu cuerpo, mirando de reojo en dirección de los recuerdos, recordando el cuerpo que antes estuvo contigo, comparando el cuerpo de ahora, soltando un beso al aire, soltando un suspiro, comparando. Gozando.
Otro cuerpo desnudo, el mío abrazando tu espalda, contándote tristezas, lastimando sin querer tu entereza, dejando en la piel recuerdos, fantaseando realidades, soñando, soñando. Viviendo. Tu cuerpo y mi cuerpo, un sólo cuerpo. Materia sobre materia, almas fundidas a un tiempo, en un espacio, un beso.
Y nuevamente a la batalla, movimiento rítmico acompasado, muy despacio explorando tu cuerpo, rítmicamente gozando, amando, sudando, caricias y mas caricias y de pronto un grito ahogado, el termino del sexo, el principio de una historia, más humedad, tibia humedad, lluvia de semen.
Recuerdo que recuerdo tu nombre, tus labios, tu cuerpo fundido en el mío, mi cuerpo dentro del tuyo, el olor de tu pecho, y de un lugar a otro tu alma, tu cuerpo y todos los centímetros recorridos por mis besos, el siglo que medí a besos de pezón a pezón, recuerdo tu aliento, tu aroma, tu pelo, tu cabeza en mi pecho, la cama, el cuarto de hotel, la silla, tu cuerpo y mi alma desnudos, el calor de tu cuerpo en mi cuerpo, la paz de tu alma en mi alma.
Eso fue hace tanto, lo recuerdo. En fin, de nuevo el adiós de toda la vida. Un silencio alimentando la distancia, más tabaco, más insomnio, triste cama, triste alma, soledad, recuerdos, recuerdos, recuerdos.
Hoy me voy de ti, me voy a otra parte y me llevo de la mano tu recuerdo.
Due®
sábado, 30 de mayo de 2009
Amor verdadero...
¿Oye y a qué hora llegaran tus padres? No lo sé, mi mamá no tarda, viene con mis hermanos, mi papá siempre se retrasa en la oficina ¿por qué preguntas?. Pues creo que sería mejor verlos a todos juntos ¿no cree?. La verdad no lo sé, esto me está dando miedo. No te apures, yo soy el que hablará con ellos, tú asume la posición de tranquilidad, deja que sea yo el que cargue con los nervios, además ya sabes que esto de la diplomacia se me da encantadoramente. Lo sé, lo sé, así me enamoraste, pero mis papas son gente de ciudad chica con pensamientos aun más chicos, además lo que he visto y oído de mis hermanos es aterrante, de todo se molestan, gritan y hasta han llegado a los golpes en la calle por discusiones absurdas. ¿Y la Nena, ella también es violenta?. Con ella jamás se puede saber, unas veces está bien, otras mal, creo que no termina por salir de la adolescencia, así con las chicas, no te rías, no sé de donde sacas humor, ésta situación es fuerte ¿qué no tienes nervios?. O si, claro que estoy nervioso, pero hay que ser optimistas, al mal tiempo buena cara, aunque el calor que está haciendo ahora invite al diablo a subir aquí de veraneo. Si tienes razón, pero no invoques al diablo, ya con la familia tenemos.
Oye huele delicioso, me habías dicho que la cocina es tu segundo hogar, más bien en donde más cómodo te sientes después de la recamara y el baño, pero nunca me imagine que la comida que preparas oliera tan sabroso, espero que como huele sepa, así a mis hermanos si les llegaras por el estomago, por lo menos los mantendrás callados un buen rato, les fascina la pasta y así como huele la que has hecho no me queda la menor duda de que los conquistas, mmm y esa carne al horno con champiñones, delicioso, creo que la única que vas a repelar es la Nena, ella de todo reniega, ¡vamos! no se le da gusto ni cuando ella misma prepara sus sándwiches, a mí se me hace que es bulímica, un día la vi vomitando los besos de su novio, pero bueno eso es normal, el novio es más feo que lamerle la cara a un camionero, no es por criticar pero si se arreglara mas podría salir con chicos lindos que la quieran y de paso la entretuvieran un poco para escuchar menos su gritos aquí en casa, ella es muy guapa, casi como yo.
A ver, ¿compraste lo que te pedí?, ¡Cómo que se te olvido pasar por el pastel de chocolate!, te dije que era muy importante, toma las llaves del auto y vas enseguida, ¡ash!, cuando te ha importado no tener licencia, toma la de Dios y no tardes, yo me quedo aquí en la casa, sólo espero que no llegue tu familia, ahí sí para que veas, si me agarran aquí sin ti no sabría que decirles, la nota para recoger el pastel está sobre la mesa debajo de la pintura espantosa de la momia, ups ¿es tu abuelita?, no me digas de parte de quien, es la mamá de tu papá ¿verdad?, no si no es crítica, sólo que creí que ese cuadro era parte del tributo a Alex Lora, es idéntica a tu papá cuando se esconde atrás de las arrugas, no te pongas así, no te enfades, si todo sale bien hoy será tu ultimo día en casa, a ver si no se infarta tu padre y nos arruina la cena y la despedida.
Fui como alma que lleva el diablo,uy otra vez el diablo, aquí está el pastel de chocolate, veo que no ha llegado la familia ¿qué hora es?, vaya, aun faltan como 15 minutos para que lleguen, ¿ya esta lista la comida?. No amor, la comida estará lista en cuanto se sienten a la mesa los comensales, ni un minuto antes ni uno después, la comida es como los pecados, o se hacen en su momento o no valen. Tú siempre con tus freses que casi nunca entiendo, no, no me vayas a explicar ahorita ¿he?, mejor dime que estaremos a tiempo con la comida, prefiero decirles que van a cenar rico a que empiecen con preguntas. ¿De qué te apuras? de todos modos van a preguntar, así es la gente aunque sean de tu familia, harán preguntas incomoda, pero no te apures ya estoy acostumbrado a los fastidiosos “¿cómo se cuece la pasta, cuantos minutos?, ¿qué tipo de carne y donde la compras”?, no te apures, así es la gente. Que bárbaro eres, no te espanta ni te incomoda nada, ¿de verdad no te asusta mi familia?. Si tú me amas tanto como creo que me amas las cosas no pueden salir mal. Claro que te amo, mi amor es incondicional, te amo de aquí de la casa hasta la pastelería ida y vuelta, pero muy despacito amor, ¿cómo puedes dudarlo?. En realidad no pongo en duda que me ames, pero me asalta a la razón tu comentario, la pastelería está a dos cuadras y dos cuadras no pueden ser la distancia con la que se mida el amor eterno. Bueno amor, no es eterno lo que siento, pero si amor verdadero. ¿El amor que sientes por mi es verdadero y no eterno?, vaya cosa, debiste haberlo dicho antes, yo busco amor eterno, lo verdadero dura muy poco. Chispas amor, el amor eterno no existe, lo mío es perecedero. ¿Sabes qué? mejor me voy, has roto mi corazón, te dejo la comida como está, servirla no será problema. ¿Pero y nuestro amor? . Lo nuestro lo has matado, veo que solo me amas, jamás has estado enamorado. Espera un poco, va llegando mi mamá con la familia, lo mas seguro es que papá llegue mas tarde, si quieres al final de la cena platicamos lo nuestro.
Mira mami, el es Francisco de quien tanto te he hablado. Mucho gusto. Nada señora, o debo decir ¿suegra?. Dígame como guste, pero ustedes saben que no estoy de acuerdo con esta relación, sin embargo la respeto por el amor que dicen que se tienen, veremos que opina papá. Upss, creo que gracias. Pero díganme ¿que han estado haciendo durante la tarde?. Nada malo mami, por el contrario, les hemos preparado una rica cena, pero Francisco dice que solo cenaremos hasta que estén todos los comensales, por eso de lo pecados, tu sabes. Pues no entiendo nada, pero huele delicioso, ¿Qué fragancia usa Francisco?. Es colonia Sanborns suegra, pero como ya casi nadie la usa aparenta oler delicioso. Si, sí huele delicioso, pero mire, los muchachos ya están en la mesa, sólo la Nena subió al baño, ha cambiado de novio, esperemos que no le de por vomitar de nuevo.
Pasemos a la sala, ahí estaremos mas cómodos mientras esperamos a tu papá, creo que lo mejor es que estén juntos. Gracias de nuevo suegra, los muchachos pueden esperar en la mesa, dejamos algo para que picaran, nosotros lo hicimos antes de que llegaran. ¿Picaron?. Sólo botana suegra, sólo botana. Especifiquen por favor, ya estaba llevándome el Jesús a la boca.
A ver mi vida, se escucha un auto allá afuera, ya llego tu papá, veamos que cara pone, yo abro la puerta, tú y Francisco esperen aquí, muy juntitos como para fotografía. ¡Ay mami! que cosas dices, ¿verdad amor que mi mami es un encanto?. Si mi cielo, tu madre es un autentico encanto.
Viejo, espero que vengas de buenas. Oye vieja, huele delicioso. Es colonia Sanbonrs. Me refería a lo que cocinaste, de verdad huele muy sabroso. En realidad quien cocino el día de hoy fue Francisco. ¿Quién es Francisco?. Es el novio de tu hijo Juan, hoy vino a pedir su mano….¿QUEEEE??????
Due® 30 mayo 09
Oye huele delicioso, me habías dicho que la cocina es tu segundo hogar, más bien en donde más cómodo te sientes después de la recamara y el baño, pero nunca me imagine que la comida que preparas oliera tan sabroso, espero que como huele sepa, así a mis hermanos si les llegaras por el estomago, por lo menos los mantendrás callados un buen rato, les fascina la pasta y así como huele la que has hecho no me queda la menor duda de que los conquistas, mmm y esa carne al horno con champiñones, delicioso, creo que la única que vas a repelar es la Nena, ella de todo reniega, ¡vamos! no se le da gusto ni cuando ella misma prepara sus sándwiches, a mí se me hace que es bulímica, un día la vi vomitando los besos de su novio, pero bueno eso es normal, el novio es más feo que lamerle la cara a un camionero, no es por criticar pero si se arreglara mas podría salir con chicos lindos que la quieran y de paso la entretuvieran un poco para escuchar menos su gritos aquí en casa, ella es muy guapa, casi como yo.
A ver, ¿compraste lo que te pedí?, ¡Cómo que se te olvido pasar por el pastel de chocolate!, te dije que era muy importante, toma las llaves del auto y vas enseguida, ¡ash!, cuando te ha importado no tener licencia, toma la de Dios y no tardes, yo me quedo aquí en la casa, sólo espero que no llegue tu familia, ahí sí para que veas, si me agarran aquí sin ti no sabría que decirles, la nota para recoger el pastel está sobre la mesa debajo de la pintura espantosa de la momia, ups ¿es tu abuelita?, no me digas de parte de quien, es la mamá de tu papá ¿verdad?, no si no es crítica, sólo que creí que ese cuadro era parte del tributo a Alex Lora, es idéntica a tu papá cuando se esconde atrás de las arrugas, no te pongas así, no te enfades, si todo sale bien hoy será tu ultimo día en casa, a ver si no se infarta tu padre y nos arruina la cena y la despedida.
Fui como alma que lleva el diablo,uy otra vez el diablo, aquí está el pastel de chocolate, veo que no ha llegado la familia ¿qué hora es?, vaya, aun faltan como 15 minutos para que lleguen, ¿ya esta lista la comida?. No amor, la comida estará lista en cuanto se sienten a la mesa los comensales, ni un minuto antes ni uno después, la comida es como los pecados, o se hacen en su momento o no valen. Tú siempre con tus freses que casi nunca entiendo, no, no me vayas a explicar ahorita ¿he?, mejor dime que estaremos a tiempo con la comida, prefiero decirles que van a cenar rico a que empiecen con preguntas. ¿De qué te apuras? de todos modos van a preguntar, así es la gente aunque sean de tu familia, harán preguntas incomoda, pero no te apures ya estoy acostumbrado a los fastidiosos “¿cómo se cuece la pasta, cuantos minutos?, ¿qué tipo de carne y donde la compras”?, no te apures, así es la gente. Que bárbaro eres, no te espanta ni te incomoda nada, ¿de verdad no te asusta mi familia?. Si tú me amas tanto como creo que me amas las cosas no pueden salir mal. Claro que te amo, mi amor es incondicional, te amo de aquí de la casa hasta la pastelería ida y vuelta, pero muy despacito amor, ¿cómo puedes dudarlo?. En realidad no pongo en duda que me ames, pero me asalta a la razón tu comentario, la pastelería está a dos cuadras y dos cuadras no pueden ser la distancia con la que se mida el amor eterno. Bueno amor, no es eterno lo que siento, pero si amor verdadero. ¿El amor que sientes por mi es verdadero y no eterno?, vaya cosa, debiste haberlo dicho antes, yo busco amor eterno, lo verdadero dura muy poco. Chispas amor, el amor eterno no existe, lo mío es perecedero. ¿Sabes qué? mejor me voy, has roto mi corazón, te dejo la comida como está, servirla no será problema. ¿Pero y nuestro amor? . Lo nuestro lo has matado, veo que solo me amas, jamás has estado enamorado. Espera un poco, va llegando mi mamá con la familia, lo mas seguro es que papá llegue mas tarde, si quieres al final de la cena platicamos lo nuestro.
Mira mami, el es Francisco de quien tanto te he hablado. Mucho gusto. Nada señora, o debo decir ¿suegra?. Dígame como guste, pero ustedes saben que no estoy de acuerdo con esta relación, sin embargo la respeto por el amor que dicen que se tienen, veremos que opina papá. Upss, creo que gracias. Pero díganme ¿que han estado haciendo durante la tarde?. Nada malo mami, por el contrario, les hemos preparado una rica cena, pero Francisco dice que solo cenaremos hasta que estén todos los comensales, por eso de lo pecados, tu sabes. Pues no entiendo nada, pero huele delicioso, ¿Qué fragancia usa Francisco?. Es colonia Sanborns suegra, pero como ya casi nadie la usa aparenta oler delicioso. Si, sí huele delicioso, pero mire, los muchachos ya están en la mesa, sólo la Nena subió al baño, ha cambiado de novio, esperemos que no le de por vomitar de nuevo.
Pasemos a la sala, ahí estaremos mas cómodos mientras esperamos a tu papá, creo que lo mejor es que estén juntos. Gracias de nuevo suegra, los muchachos pueden esperar en la mesa, dejamos algo para que picaran, nosotros lo hicimos antes de que llegaran. ¿Picaron?. Sólo botana suegra, sólo botana. Especifiquen por favor, ya estaba llevándome el Jesús a la boca.
A ver mi vida, se escucha un auto allá afuera, ya llego tu papá, veamos que cara pone, yo abro la puerta, tú y Francisco esperen aquí, muy juntitos como para fotografía. ¡Ay mami! que cosas dices, ¿verdad amor que mi mami es un encanto?. Si mi cielo, tu madre es un autentico encanto.
Viejo, espero que vengas de buenas. Oye vieja, huele delicioso. Es colonia Sanbonrs. Me refería a lo que cocinaste, de verdad huele muy sabroso. En realidad quien cocino el día de hoy fue Francisco. ¿Quién es Francisco?. Es el novio de tu hijo Juan, hoy vino a pedir su mano….¿QUEEEE??????
Due® 30 mayo 09
lunes, 9 de marzo de 2009
Venganza....
Desde que él recordaba jamás nadie lo había mirado, por lo menos así lo había sentido los últimos 20 años. Así que decidió tomar venganza; jamás él miraría a los ojos a nadie.
Su soledad lo llevó a tener pasatiempos extraños, el que más le gustaba era subir al metro en las horas de mayor afluencia y perderse entre la gente, de esa manera, con la mirada abajo, sentía que la gente lo tocaba.
Conocía ya a algunos pasajeros, la rutina que llevaba lo hacia coincidir con el señor de zapatos café que jamás estaban limpios aunque su traje fueras de buena marca. Conocía a la mesera de un restaurante de segunda por los zapatos de mediana calidad que usaba, mientras que en una bolsita de plástico cargaba un segundo par que lo más seguro le servirían para descansar a la salida del trabajo.
Escuchaba las charlas de los que iban acompañados y de los que se querían tanto a sí mismos que siempre iban hablando solos. Podía ir de espaldas y al escuchar una voz se decía “ahí esta el de las botas vaqueras, o aquel que siempre se limpia los zapatos con el pantalón al subir al vagón”. Jamás se equivocaba, tantos años de mirar hacia el suelo lo habían hecho un experto.
Sin embargo identificar a la gente por la voz, o por los zapatos no era su único fin en ese universo donde se sentía acompañado sin ser mirado ni conocido. En ocasiones era más atrevido y se pegaba tanto a la gente que sus ojos bajos y cerrados se movían sin control debajo de sus párpados hasta causarle un escalofrío infinito que corría desde su nuca hasta el fin de su columna, después se separaba, se alejaba y en la siguiente estación, aunque no fuera la de su destino, se bajaba a disfrutar de la humedad que le inundaba el corazón.
Una mañana despertó algo distraído. Su vida era tan metódica que podía encontrar cualquier cosa en su departamento sin encender la luz. Sin embargo algo debió haber sucedido en sus sueños, ya que al despertar se dió cuenta que su camisa de martes no estaba en su lugar habitual, y cuando al fin la encontró, se miró al espejo y con miedo se dió cuenta que tenía en su rostro una sonrisa perfectamente dibujada –se dijo-, carajo, sin duda hoy será un mal día.
Salió del departamento, tomó la misma avenida rumbo a la misma estación de toda la vida, sentía ganas de comenzar su rutina diaria, miró el reloj y se dio cuenta que levaba 5 minutos de retraso, era justo el tiempo que le costo desvanecer con agua y jabón la estúpida sonrisa que su sueño le había dejado marcada en el rostro, iba furioso, ahora no podría abordar el vagón de costumbre. Le disgustaba encontrarse con sorpresas, aunque él bien sabía que en realidad era sólo una manía, entendía bien que la gente va y viene en el tiempo según le place a cada uno de los contratiempos que tienen en el día con día.
Iba como de costumbre haciéndose historias de cada valenciana que miraba, de cada zapato, de cada charla, de cada roce disimulado que le daba a la gente que lo acompañaba, iba completamente ensimismado. De pronto el tren frenó, y al asirse del tubo para no caer, y en medio de su distracción, su mirada cruzó con la de una chica, fue una milésima de segundo, es decir, toda una eternidad. Comenzó a sudar frío, la mirada no dejaba de observarlo, la sentía clavarse en su rostro que escondía por debajo de su brazo, sus piernas le temblaban. No aguantó mucho y con voz titubeante pidió permiso, se acercó a la puerta y bajó del tren, cerró los ojos y se sintió más tranquilo, caminó hacia la pared y se recargó, estaba muy agotado, las piernas le temblaban, sentía miedo, tomó aire y finalmente se repuso. Con la mirada baja caminó a la línea amarilla para esperar el siguiente tren, lo escuchó venir, conocía el sonido mejor que su respiración.
Lo demás sucedió en un segundo, máximo dos. La chica había bajado detrás de él y lo seguía mirando, parecía amor a primera vista. Por atrás de su espalda se acercó, lo miró directamente a los ojo, le habló con familiaridad al mismo tiempo que le estiró la mano para saludarlo y lo tocó.
La sensación fue electrizante, su estómago se contrajo como se contrae en una montaña rusa, sintió mariposas, sus ojos miraron una luz maravillosa, sus oídos se aguzaron y después de la dulce voz de la chica recordó claramente la última vez que alguien lo había mirado hacía más de 20 años, recordó su venganza y estuvo a punto de arrepentirse de haberla llevado a cabo -no le dio tiempo-, saltaron chispas, se sintió mareado, sus piernas no soportaron la emoción ¡alguien lo había mirado!, le habían mirado, le había hablado y más aún, lo habían tocado; se sentía feliz.
Cuando reaccionó a todas esas emociones sólo alcanzo a ver el techo de la estación, escuchó un golpe seco, un tardío rechinar de llantas, después, segundos después, ya no alcanzó a escuchar los gritos de terror de la gente que lo vieron caer a las vías.
Due® 9marzo09
Su soledad lo llevó a tener pasatiempos extraños, el que más le gustaba era subir al metro en las horas de mayor afluencia y perderse entre la gente, de esa manera, con la mirada abajo, sentía que la gente lo tocaba.
Conocía ya a algunos pasajeros, la rutina que llevaba lo hacia coincidir con el señor de zapatos café que jamás estaban limpios aunque su traje fueras de buena marca. Conocía a la mesera de un restaurante de segunda por los zapatos de mediana calidad que usaba, mientras que en una bolsita de plástico cargaba un segundo par que lo más seguro le servirían para descansar a la salida del trabajo.
Escuchaba las charlas de los que iban acompañados y de los que se querían tanto a sí mismos que siempre iban hablando solos. Podía ir de espaldas y al escuchar una voz se decía “ahí esta el de las botas vaqueras, o aquel que siempre se limpia los zapatos con el pantalón al subir al vagón”. Jamás se equivocaba, tantos años de mirar hacia el suelo lo habían hecho un experto.
Sin embargo identificar a la gente por la voz, o por los zapatos no era su único fin en ese universo donde se sentía acompañado sin ser mirado ni conocido. En ocasiones era más atrevido y se pegaba tanto a la gente que sus ojos bajos y cerrados se movían sin control debajo de sus párpados hasta causarle un escalofrío infinito que corría desde su nuca hasta el fin de su columna, después se separaba, se alejaba y en la siguiente estación, aunque no fuera la de su destino, se bajaba a disfrutar de la humedad que le inundaba el corazón.
Una mañana despertó algo distraído. Su vida era tan metódica que podía encontrar cualquier cosa en su departamento sin encender la luz. Sin embargo algo debió haber sucedido en sus sueños, ya que al despertar se dió cuenta que su camisa de martes no estaba en su lugar habitual, y cuando al fin la encontró, se miró al espejo y con miedo se dió cuenta que tenía en su rostro una sonrisa perfectamente dibujada –se dijo-, carajo, sin duda hoy será un mal día.
Salió del departamento, tomó la misma avenida rumbo a la misma estación de toda la vida, sentía ganas de comenzar su rutina diaria, miró el reloj y se dio cuenta que levaba 5 minutos de retraso, era justo el tiempo que le costo desvanecer con agua y jabón la estúpida sonrisa que su sueño le había dejado marcada en el rostro, iba furioso, ahora no podría abordar el vagón de costumbre. Le disgustaba encontrarse con sorpresas, aunque él bien sabía que en realidad era sólo una manía, entendía bien que la gente va y viene en el tiempo según le place a cada uno de los contratiempos que tienen en el día con día.
Iba como de costumbre haciéndose historias de cada valenciana que miraba, de cada zapato, de cada charla, de cada roce disimulado que le daba a la gente que lo acompañaba, iba completamente ensimismado. De pronto el tren frenó, y al asirse del tubo para no caer, y en medio de su distracción, su mirada cruzó con la de una chica, fue una milésima de segundo, es decir, toda una eternidad. Comenzó a sudar frío, la mirada no dejaba de observarlo, la sentía clavarse en su rostro que escondía por debajo de su brazo, sus piernas le temblaban. No aguantó mucho y con voz titubeante pidió permiso, se acercó a la puerta y bajó del tren, cerró los ojos y se sintió más tranquilo, caminó hacia la pared y se recargó, estaba muy agotado, las piernas le temblaban, sentía miedo, tomó aire y finalmente se repuso. Con la mirada baja caminó a la línea amarilla para esperar el siguiente tren, lo escuchó venir, conocía el sonido mejor que su respiración.
Lo demás sucedió en un segundo, máximo dos. La chica había bajado detrás de él y lo seguía mirando, parecía amor a primera vista. Por atrás de su espalda se acercó, lo miró directamente a los ojo, le habló con familiaridad al mismo tiempo que le estiró la mano para saludarlo y lo tocó.
La sensación fue electrizante, su estómago se contrajo como se contrae en una montaña rusa, sintió mariposas, sus ojos miraron una luz maravillosa, sus oídos se aguzaron y después de la dulce voz de la chica recordó claramente la última vez que alguien lo había mirado hacía más de 20 años, recordó su venganza y estuvo a punto de arrepentirse de haberla llevado a cabo -no le dio tiempo-, saltaron chispas, se sintió mareado, sus piernas no soportaron la emoción ¡alguien lo había mirado!, le habían mirado, le había hablado y más aún, lo habían tocado; se sentía feliz.
Cuando reaccionó a todas esas emociones sólo alcanzo a ver el techo de la estación, escuchó un golpe seco, un tardío rechinar de llantas, después, segundos después, ya no alcanzó a escuchar los gritos de terror de la gente que lo vieron caer a las vías.
Due® 9marzo09
jueves, 1 de enero de 2009
Tu tienes la culpa

Hoy no me uno a ti con amor, no quiero comenzar la noche con palabras dulces y caricias rancias, no tengo ganas del beso de compromiso para desabotonar tu blusa y abrir tu alma, no tengo ganas de las flores ni el cortejo ni del vino que desborda las palabras, te quiero desnuda y punto.
Tienes tú la culpa, me has puesto como animal en celo, he visto que cuando me miras dibujas una sonrisa clandestina, he olfateado en el aire el dulce de tus pezones. Con mis ojos lascivamente cerrados he notado que tus caderas acariciar sensualmente el interior de tu falda cuando caminas…..
La perfección en mis manos toscas y áridas radica hoy en las uñas que como garras se disponen a penetrar en la piel de tu espalda blanca como de porcelana. Hoy quiero lamer uno a uno los cabellos de tu nuca y desprenderme a rapel por tus vértebras hasta posarme en la última a mirar desde la cima lo profundo de tu sima.
Como animal en brama daré vuelta a tu cuerpo y como un ciego palpare tu rostro, morderé tus pechos y saciare mi sed con el néctar de tu cuerpo, te someteré a mis instintos mientras refresco mis ganas con las gotas del sudor de tu rostro.
Por todos los contornos de tu cuerpo subiré, bajare, entrare sin permiso una y otra vez, Tocare, sentiré, gemirás y haré que cada gemido suene como eco en la bóveda celeste mientras miro las estrellas en tus ojos. Lameré tu boca, olfateare tu aliento y, de nuevo entrare caliente y justo a lo más profundo de tu alma.
Estallaré con los ojos cerrados y las garras bien incrustadas en tu espalda, estallaré sin sentido humedeciendo tus entrañas, tú tienes la culpa, me has puesto en celo.
Romperé contigo las leyes de la física, seremos dos cuerpos en el mismo espacio, seremos el mismo espacio y después, cuando todo termine te diré: Hoy me uno a ti animalmente con el sexo que tu amor provoca, tú tienes la culpa. Due®
lunes, 29 de diciembre de 2008
Sexo intimo...

Ahí, sentados frente a frente, mediando sólo entre los dos la mesa del café de los encuentros casi a ciegas, midiendo la distancia con miradas que exploran mutuamente la piel que asoma de las ropas. Alargando los ojos hasta rozar con la mirada los labios cuando callan.
Aguzan el olfato para no perder aroma alguno, alistando de alguna manera imaginaria la piel que se erotiza con el roce intimo de cada prenda propia, y con la imaginación de las caricias que de aquellas manos surjan en la intimidad en donde exploraran cada rincón, cada esquina, cada gota de sudor que brote de la fricción, del sentimiento; del vaivén de la penetración calmada, ruda, amorosa, animal, humana, bella.
Las palabras brotan como agua en fuente cristalina, pero el calor de lo deseado hace que se evaporen pronto y que la espera se alargue –y sabe rico-, excita más la pausa que la prisa, comen ansias disfrazadas de mera fantasía. Falta poco, acaso un sorbo de café, la cuenta y el camino estará allanado, listo para usar el tiempo en la calle y despojarse de tabúes, remarcar con sutilezas, pero abiertamente, lo que el celo ha planeado para el otro cuerpo.
Falta poco y los dos lo saben. Caminan lentamente y los pálpitos del corazón se sienten menos en el pecho que en los genitales. No se apresuran, cada paso sabe a ritmo de cadera, cada paso acerca más las almas y los cuerpos al destino.
Aún no han llegado pero ya están solos, faltan cinco pisos para el paraíso. Las miradas echan chispas, el elevador huele a mezcla de hormonas. Bailan por la frente y la espalda gotas de sudor con temperatura incierta, unas frías, otras tibias y otras que ya hierven atrapadas por la ropa intima distraídas entre fragancias falsas que sólo disfrazan el olor del sexo deliciosamente retardado.
Lejos de las miradas, ahí encerrados en el cubo de elevador se regalan con un beso. Por fin se pertenecen, ahora son dueños, amos del placer del otro cuerpo, sumisos los dos de los deseos tantas veces platicados. Otro beso, se funden las salivas en una sola boca, una caricia, y como por arte de magia caen al suelo los temores, lo pudores y la buena reputación que ya recogerán a la salida.
Lo demás, lo demás es sólo sexo, sexo animal, perverso, comercial, sexo intimo y por intimo incontable.
Se han vestido, sus disfraces son ahora diferentes, ahora que se pertenecen visten elegantemente, han estado en el mismo sitio al mismo tiempo, eso los esconde de su misma ropa, ahora se han sumado uno en uno. Se dan un último beso por ese día, miran hacia atrás en donde queda la mesita con dos vasos de agua, cuatro envolturas de condones, la cama húmeda, completamente húmeda y revuelta, huele a sexo agotado, huele amor que sabe a dulce y que se siente eterno, se abrazan y caminan lentamente a seguir cumpliendo día con día con ese bello sueño….
La cámara del hotel los ha captado, su tecnología ha funcionado como magia, filmó desde el primer instante las ansias locas de los dos amantes, los ha seguido desde la entrada, los acompaño los cinco pisos hasta la habitación y grabó lo que para ellos quedo como sexo intimo incontable.
Ahora su amor es difundido en los puestos callejeros que venden sexo con amor casero, vaya ironía, su amor secreto ha traspasado las fronteras de lo intimo, ahora además de ellos otros gozan cada instante de su desenfreno. Ellos siguen con su sueño intimo incontable, a otros, a los que han comprado el video, se les ha perdido el sueño.
Due® 29 dic 08