¿Oye y a qué hora llegaran tus padres? No lo sé, mi mamá no tarda, viene con mis hermanos, mi papá siempre se retrasa en la oficina ¿por qué preguntas?. Pues creo que sería mejor verlos a todos juntos ¿no cree?. La verdad no lo sé, esto me está dando miedo. No te apures, yo soy el que hablará con ellos, tú asume la posición de tranquilidad, deja que sea yo el que cargue con los nervios, además ya sabes que esto de la diplomacia se me da encantadoramente. Lo sé, lo sé, así me enamoraste, pero mis papas son gente de ciudad chica con pensamientos aun más chicos, además lo que he visto y oído de mis hermanos es aterrante, de todo se molestan, gritan y hasta han llegado a los golpes en la calle por discusiones absurdas. ¿Y la Nena, ella también es violenta?. Con ella jamás se puede saber, unas veces está bien, otras mal, creo que no termina por salir de la adolescencia, así con las chicas, no te rías, no sé de donde sacas humor, ésta situación es fuerte ¿qué no tienes nervios?. O si, claro que estoy nervioso, pero hay que ser optimistas, al mal tiempo buena cara, aunque el calor que está haciendo ahora invite al diablo a subir aquí de veraneo. Si tienes razón, pero no invoques al diablo, ya con la familia tenemos.
Oye huele delicioso, me habías dicho que la cocina es tu segundo hogar, más bien en donde más cómodo te sientes después de la recamara y el baño, pero nunca me imagine que la comida que preparas oliera tan sabroso, espero que como huele sepa, así a mis hermanos si les llegaras por el estomago, por lo menos los mantendrás callados un buen rato, les fascina la pasta y así como huele la que has hecho no me queda la menor duda de que los conquistas, mmm y esa carne al horno con champiñones, delicioso, creo que la única que vas a repelar es la Nena, ella de todo reniega, ¡vamos! no se le da gusto ni cuando ella misma prepara sus sándwiches, a mí se me hace que es bulímica, un día la vi vomitando los besos de su novio, pero bueno eso es normal, el novio es más feo que lamerle la cara a un camionero, no es por criticar pero si se arreglara mas podría salir con chicos lindos que la quieran y de paso la entretuvieran un poco para escuchar menos su gritos aquí en casa, ella es muy guapa, casi como yo.
A ver, ¿compraste lo que te pedí?, ¡Cómo que se te olvido pasar por el pastel de chocolate!, te dije que era muy importante, toma las llaves del auto y vas enseguida, ¡ash!, cuando te ha importado no tener licencia, toma la de Dios y no tardes, yo me quedo aquí en la casa, sólo espero que no llegue tu familia, ahí sí para que veas, si me agarran aquí sin ti no sabría que decirles, la nota para recoger el pastel está sobre la mesa debajo de la pintura espantosa de la momia, ups ¿es tu abuelita?, no me digas de parte de quien, es la mamá de tu papá ¿verdad?, no si no es crítica, sólo que creí que ese cuadro era parte del tributo a Alex Lora, es idéntica a tu papá cuando se esconde atrás de las arrugas, no te pongas así, no te enfades, si todo sale bien hoy será tu ultimo día en casa, a ver si no se infarta tu padre y nos arruina la cena y la despedida.
Fui como alma que lleva el diablo,uy otra vez el diablo, aquí está el pastel de chocolate, veo que no ha llegado la familia ¿qué hora es?, vaya, aun faltan como 15 minutos para que lleguen, ¿ya esta lista la comida?. No amor, la comida estará lista en cuanto se sienten a la mesa los comensales, ni un minuto antes ni uno después, la comida es como los pecados, o se hacen en su momento o no valen. Tú siempre con tus freses que casi nunca entiendo, no, no me vayas a explicar ahorita ¿he?, mejor dime que estaremos a tiempo con la comida, prefiero decirles que van a cenar rico a que empiecen con preguntas. ¿De qué te apuras? de todos modos van a preguntar, así es la gente aunque sean de tu familia, harán preguntas incomoda, pero no te apures ya estoy acostumbrado a los fastidiosos “¿cómo se cuece la pasta, cuantos minutos?, ¿qué tipo de carne y donde la compras”?, no te apures, así es la gente. Que bárbaro eres, no te espanta ni te incomoda nada, ¿de verdad no te asusta mi familia?. Si tú me amas tanto como creo que me amas las cosas no pueden salir mal. Claro que te amo, mi amor es incondicional, te amo de aquí de la casa hasta la pastelería ida y vuelta, pero muy despacito amor, ¿cómo puedes dudarlo?. En realidad no pongo en duda que me ames, pero me asalta a la razón tu comentario, la pastelería está a dos cuadras y dos cuadras no pueden ser la distancia con la que se mida el amor eterno. Bueno amor, no es eterno lo que siento, pero si amor verdadero. ¿El amor que sientes por mi es verdadero y no eterno?, vaya cosa, debiste haberlo dicho antes, yo busco amor eterno, lo verdadero dura muy poco. Chispas amor, el amor eterno no existe, lo mío es perecedero. ¿Sabes qué? mejor me voy, has roto mi corazón, te dejo la comida como está, servirla no será problema. ¿Pero y nuestro amor? . Lo nuestro lo has matado, veo que solo me amas, jamás has estado enamorado. Espera un poco, va llegando mi mamá con la familia, lo mas seguro es que papá llegue mas tarde, si quieres al final de la cena platicamos lo nuestro.
Mira mami, el es Francisco de quien tanto te he hablado. Mucho gusto. Nada señora, o debo decir ¿suegra?. Dígame como guste, pero ustedes saben que no estoy de acuerdo con esta relación, sin embargo la respeto por el amor que dicen que se tienen, veremos que opina papá. Upss, creo que gracias. Pero díganme ¿que han estado haciendo durante la tarde?. Nada malo mami, por el contrario, les hemos preparado una rica cena, pero Francisco dice que solo cenaremos hasta que estén todos los comensales, por eso de lo pecados, tu sabes. Pues no entiendo nada, pero huele delicioso, ¿Qué fragancia usa Francisco?. Es colonia Sanborns suegra, pero como ya casi nadie la usa aparenta oler delicioso. Si, sí huele delicioso, pero mire, los muchachos ya están en la mesa, sólo la Nena subió al baño, ha cambiado de novio, esperemos que no le de por vomitar de nuevo.
Pasemos a la sala, ahí estaremos mas cómodos mientras esperamos a tu papá, creo que lo mejor es que estén juntos. Gracias de nuevo suegra, los muchachos pueden esperar en la mesa, dejamos algo para que picaran, nosotros lo hicimos antes de que llegaran. ¿Picaron?. Sólo botana suegra, sólo botana. Especifiquen por favor, ya estaba llevándome el Jesús a la boca.
A ver mi vida, se escucha un auto allá afuera, ya llego tu papá, veamos que cara pone, yo abro la puerta, tú y Francisco esperen aquí, muy juntitos como para fotografía. ¡Ay mami! que cosas dices, ¿verdad amor que mi mami es un encanto?. Si mi cielo, tu madre es un autentico encanto.
Viejo, espero que vengas de buenas. Oye vieja, huele delicioso. Es colonia Sanbonrs. Me refería a lo que cocinaste, de verdad huele muy sabroso. En realidad quien cocino el día de hoy fue Francisco. ¿Quién es Francisco?. Es el novio de tu hijo Juan, hoy vino a pedir su mano….¿QUEEEE??????
Due® 30 mayo 09
sábado 30 de mayo de 2009
lunes 9 de marzo de 2009
Venganza....
Desde que él recordaba jamás nadie lo había mirado, por lo menos así lo había sentido los últimos 20 años. Así que decidió tomar venganza; jamás él miraría a los ojos a nadie.
Su soledad lo llevó a tener pasatiempos extraños, el que más le gustaba era subir al metro en las horas de mayor afluencia y perderse entre la gente, de esa manera, con la mirada abajo, sentía que la gente lo tocaba.
Conocía ya a algunos pasajeros, la rutina que llevaba lo hacia coincidir con el señor de zapatos café que jamás estaban limpios aunque su traje fueras de buena marca. Conocía a la mesera de un restaurante de segunda por los zapatos de mediana calidad que usaba, mientras que en una bolsita de plástico cargaba un segundo par que lo más seguro le servirían para descansar a la salida del trabajo.
Escuchaba las charlas de los que iban acompañados y de los que se querían tanto a sí mismos que siempre iban hablando solos. Podía ir de espaldas y al escuchar una voz se decía “ahí esta el de las botas vaqueras, o aquel que siempre se limpia los zapatos con el pantalón al subir al vagón”. Jamás se equivocaba, tantos años de mirar hacia el suelo lo habían hecho un experto.
Sin embargo identificar a la gente por la voz, o por los zapatos no era su único fin en ese universo donde se sentía acompañado sin ser mirado ni conocido. En ocasiones era más atrevido y se pegaba tanto a la gente que sus ojos bajos y cerrados se movían sin control debajo de sus párpados hasta causarle un escalofrío infinito que corría desde su nuca hasta el fin de su columna, después se separaba, se alejaba y en la siguiente estación, aunque no fuera la de su destino, se bajaba a disfrutar de la humedad que le inundaba el corazón.
Una mañana despertó algo distraído. Su vida era tan metódica que podía encontrar cualquier cosa en su departamento sin encender la luz. Sin embargo algo debió haber sucedido en sus sueños, ya que al despertar se dió cuenta que su camisa de martes no estaba en su lugar habitual, y cuando al fin la encontró, se miró al espejo y con miedo se dió cuenta que tenía en su rostro una sonrisa perfectamente dibujada –se dijo-, carajo, sin duda hoy será un mal día.
Salió del departamento, tomó la misma avenida rumbo a la misma estación de toda la vida, sentía ganas de comenzar su rutina diaria, miró el reloj y se dio cuenta que levaba 5 minutos de retraso, era justo el tiempo que le costo desvanecer con agua y jabón la estúpida sonrisa que su sueño le había dejado marcada en el rostro, iba furioso, ahora no podría abordar el vagón de costumbre. Le disgustaba encontrarse con sorpresas, aunque él bien sabía que en realidad era sólo una manía, entendía bien que la gente va y viene en el tiempo según le place a cada uno de los contratiempos que tienen en el día con día.
Iba como de costumbre haciéndose historias de cada valenciana que miraba, de cada zapato, de cada charla, de cada roce disimulado que le daba a la gente que lo acompañaba, iba completamente ensimismado. De pronto el tren frenó, y al asirse del tubo para no caer, y en medio de su distracción, su mirada cruzó con la de una chica, fue una milésima de segundo, es decir, toda una eternidad. Comenzó a sudar frío, la mirada no dejaba de observarlo, la sentía clavarse en su rostro que escondía por debajo de su brazo, sus piernas le temblaban. No aguantó mucho y con voz titubeante pidió permiso, se acercó a la puerta y bajó del tren, cerró los ojos y se sintió más tranquilo, caminó hacia la pared y se recargó, estaba muy agotado, las piernas le temblaban, sentía miedo, tomó aire y finalmente se repuso. Con la mirada baja caminó a la línea amarilla para esperar el siguiente tren, lo escuchó venir, conocía el sonido mejor que su respiración.
Lo demás sucedió en un segundo, máximo dos. La chica había bajado detrás de él y lo seguía mirando, parecía amor a primera vista. Por atrás de su espalda se acercó, lo miró directamente a los ojo, le habló con familiaridad al mismo tiempo que le estiró la mano para saludarlo y lo tocó.
La sensación fue electrizante, su estómago se contrajo como se contrae en una montaña rusa, sintió mariposas, sus ojos miraron una luz maravillosa, sus oídos se aguzaron y después de la dulce voz de la chica recordó claramente la última vez que alguien lo había mirado hacía más de 20 años, recordó su venganza y estuvo a punto de arrepentirse de haberla llevado a cabo -no le dio tiempo-, saltaron chispas, se sintió mareado, sus piernas no soportaron la emoción ¡alguien lo había mirado!, le habían mirado, le había hablado y más aún, lo habían tocado; se sentía feliz.
Cuando reaccionó a todas esas emociones sólo alcanzo a ver el techo de la estación, escuchó un golpe seco, un tardío rechinar de llantas, después, segundos después, ya no alcanzó a escuchar los gritos de terror de la gente que lo vieron caer a las vías.
Due® 9marzo09
Su soledad lo llevó a tener pasatiempos extraños, el que más le gustaba era subir al metro en las horas de mayor afluencia y perderse entre la gente, de esa manera, con la mirada abajo, sentía que la gente lo tocaba.
Conocía ya a algunos pasajeros, la rutina que llevaba lo hacia coincidir con el señor de zapatos café que jamás estaban limpios aunque su traje fueras de buena marca. Conocía a la mesera de un restaurante de segunda por los zapatos de mediana calidad que usaba, mientras que en una bolsita de plástico cargaba un segundo par que lo más seguro le servirían para descansar a la salida del trabajo.
Escuchaba las charlas de los que iban acompañados y de los que se querían tanto a sí mismos que siempre iban hablando solos. Podía ir de espaldas y al escuchar una voz se decía “ahí esta el de las botas vaqueras, o aquel que siempre se limpia los zapatos con el pantalón al subir al vagón”. Jamás se equivocaba, tantos años de mirar hacia el suelo lo habían hecho un experto.
Sin embargo identificar a la gente por la voz, o por los zapatos no era su único fin en ese universo donde se sentía acompañado sin ser mirado ni conocido. En ocasiones era más atrevido y se pegaba tanto a la gente que sus ojos bajos y cerrados se movían sin control debajo de sus párpados hasta causarle un escalofrío infinito que corría desde su nuca hasta el fin de su columna, después se separaba, se alejaba y en la siguiente estación, aunque no fuera la de su destino, se bajaba a disfrutar de la humedad que le inundaba el corazón.
Una mañana despertó algo distraído. Su vida era tan metódica que podía encontrar cualquier cosa en su departamento sin encender la luz. Sin embargo algo debió haber sucedido en sus sueños, ya que al despertar se dió cuenta que su camisa de martes no estaba en su lugar habitual, y cuando al fin la encontró, se miró al espejo y con miedo se dió cuenta que tenía en su rostro una sonrisa perfectamente dibujada –se dijo-, carajo, sin duda hoy será un mal día.
Salió del departamento, tomó la misma avenida rumbo a la misma estación de toda la vida, sentía ganas de comenzar su rutina diaria, miró el reloj y se dio cuenta que levaba 5 minutos de retraso, era justo el tiempo que le costo desvanecer con agua y jabón la estúpida sonrisa que su sueño le había dejado marcada en el rostro, iba furioso, ahora no podría abordar el vagón de costumbre. Le disgustaba encontrarse con sorpresas, aunque él bien sabía que en realidad era sólo una manía, entendía bien que la gente va y viene en el tiempo según le place a cada uno de los contratiempos que tienen en el día con día.
Iba como de costumbre haciéndose historias de cada valenciana que miraba, de cada zapato, de cada charla, de cada roce disimulado que le daba a la gente que lo acompañaba, iba completamente ensimismado. De pronto el tren frenó, y al asirse del tubo para no caer, y en medio de su distracción, su mirada cruzó con la de una chica, fue una milésima de segundo, es decir, toda una eternidad. Comenzó a sudar frío, la mirada no dejaba de observarlo, la sentía clavarse en su rostro que escondía por debajo de su brazo, sus piernas le temblaban. No aguantó mucho y con voz titubeante pidió permiso, se acercó a la puerta y bajó del tren, cerró los ojos y se sintió más tranquilo, caminó hacia la pared y se recargó, estaba muy agotado, las piernas le temblaban, sentía miedo, tomó aire y finalmente se repuso. Con la mirada baja caminó a la línea amarilla para esperar el siguiente tren, lo escuchó venir, conocía el sonido mejor que su respiración.
Lo demás sucedió en un segundo, máximo dos. La chica había bajado detrás de él y lo seguía mirando, parecía amor a primera vista. Por atrás de su espalda se acercó, lo miró directamente a los ojo, le habló con familiaridad al mismo tiempo que le estiró la mano para saludarlo y lo tocó.
La sensación fue electrizante, su estómago se contrajo como se contrae en una montaña rusa, sintió mariposas, sus ojos miraron una luz maravillosa, sus oídos se aguzaron y después de la dulce voz de la chica recordó claramente la última vez que alguien lo había mirado hacía más de 20 años, recordó su venganza y estuvo a punto de arrepentirse de haberla llevado a cabo -no le dio tiempo-, saltaron chispas, se sintió mareado, sus piernas no soportaron la emoción ¡alguien lo había mirado!, le habían mirado, le había hablado y más aún, lo habían tocado; se sentía feliz.
Cuando reaccionó a todas esas emociones sólo alcanzo a ver el techo de la estación, escuchó un golpe seco, un tardío rechinar de llantas, después, segundos después, ya no alcanzó a escuchar los gritos de terror de la gente que lo vieron caer a las vías.
Due® 9marzo09
jueves 5 de marzo de 2009
Tu ultimo poema...

Que lejos dejaste que tus pasos te llevaran, vè, ahora ni tú te reconoces.
Caminaste tanto sin sentido que perdiste en el viaje la mirada transparente y empeñaste con una mesera la sonrisa y la carcajada que tanto te caracterizaba.
Ni siquiera partiste al poniente en busca de tus horizontes, caminaste en sentido inverso, creo que el sol te fue quemando, te agrieto los labios y antes de que enmudecieras escupiste el sabor amargo de tu último poema. Dicen los que vieron y escucharon que eran solo 4 versos pero que llevaban tanto fuego que se abrió el piso y ni el dueño del averno se salvo del daño.
Nadie sabe porque dejaste el pasado y qué es lo que buscabas con tus pasos, los pocos que en verdad te conocían saben que tu rumbo no era el de tus seños ¿A dónde te largaste?, ¿para que te fuiste?.
Un día -según recuerdo-, dejaste de mirar a la chica que paseaba todos los días por el parque, los observadores dicen que esa chica era tu musa, pasaste a su lado, cruzaste una sonrisa y a partir de ahí se te fue pudriendo la mirada. ¿Qué te dijo?, ¿cómo puedo una sonrisa darle vuelta a tu destino?.
Sé que la respuesta puede ser tan fuerte que tal vez no haya quien se atreva a escribirla, sólo espero que cuando te canses de andar, cuando llegues al final de tu camino, aquel que en el infierno se quedo con tu ultimo poema te haya perdonado y te lo regrese para que lo edites.
Due® 5marzo09
jueves 8 de enero de 2009
Mi oficio...

¿Mi nombre?, ¡vamos!, está afuera en la entrada, yo no lo recuerdo como no recuerdo muchas cosas que hacen el común de la gente. ¿Enfermo?, pues a no ser que sea de los sentimientos no tengo dolencia alguna. ¿Edad?, ¡vaya con las preguntas!, ¡no!, tampoco la recuerdo. Y antes de que me pregunten mi oficio diré que tampoco lo sé, he estado aquí hace tanto tiempo que he olvidado las cosas primordiales de la vida.
Pero…¿a ver?, hablemos de mi oficio, mi oficio debe ser Critico de Vida o algo similar, me dedico a ver, sólo a ver a la gente que está cerca de la muerte, miro, sólo miro sus actitudes en dos momentos de su vida y jamás las vuelvo a ver, los miro una vez cuando van y la otra cuando regresan. ¿Qué de qué sirve?, ¡no lo sé!, pero eso es lo que hago, a eso me dedico de tiempo completo.
Hace tanto que no hablo con nadie, hace tanto tiempo nadie viene a verme, hace tanto siglos que sólo estoy aquí mirando, viendo, mirando y viendo…y mirando: y nadie me ve. Soy como aquel que se hace el dormido en el asiento exclusivo para gente con discapacidad en el metro.
Por lo general me la paso bien, nadie me pide cuentas, no hay quien venga con sus lamentos.
Sólo por las noches me siento solo, la oscuridad es terrible y más si se combina con el silencio ¿has tomado algún día; “soledad con coca cola”, bueno yo tampoco, pero en las noches me siento con terrible resaca de esa mezcla, me queda un sabor así; como dulce, como ese dulce que deja atrás de la lengua la sacarina, como ese dulce que deja el abandono, como el sabor, ¡sí! como el sabor de las flores marchitas, como el dulce del pan azulado de olvido y de hongos, como el olor de zapato viejo.
Pero no me quejo, yo tampoco tengo que hablar con nadie y eso a estas alturas o profundidades, es ganancia. Aquí, aunque no valga de nada, me estoy haciendo sabio y neta que no, no es presunción, es la verdad y por ello hago de mi oficio una profesión.
Veo, miro y vuelvo a ver a la gente que pasa por aquí, todos van con la ropa que mejor atinan a escoger. Sólo uno de ellos va con su ropa de domingo, los demás se untan en la piel lo que sienten. He visto las minifaldas más cortas, tan cortas como su sentimiento, los vestidos más largos, tan largos como el olvido, zapatos altos para no tocar la tierra, peinados de salón y despeinados de incredulidad. He visto de ida gente que llora lágrimas de verdad así como he visto sequedad en los ojos de los que no saben cómo decir que duele y que duele mucho estará ahí caminando esos trescientos metros que los separan de la infinidad, del te extraño, del nunca te olvido, del eterno remordimiento de no verte nunca jamás –jamás-, vaya palabra tan fuerte, vaya pinche eternidad.
Vaya con esa maldita permanencia y ese enfermizo atesorar lo que se toca y no lo que se siente, vaya cada quien con sus cosas, cada quien se queda con sus fantasmas, con sus mudas distracciones y con las jubilaciones de sus recuerdos. Lo he visto, lo he mirado, yo sólo veo, yo sólo miro.
Una tarde de invierno cuando el sol estaba que ponía rojas las mejillas, mire un puñado de gente, eran pocos en relación a los muchos puñados que he visto, me llamaron la atención porque estaban realmente tristes y no sabían qué hacer, sólo seguían a su cortejado, había poco llanto, casi nada, ojos secos, así que miré -vi pues, ese es mi oficio-, que su corazón estaba húmedo, los vi, los mire atentamente y esperé, esperé a ver como regresaban.
Siempre regresan y siempre pasan de nuevo por aquí, eso me facilita mi oficio que ahora que lo pienso bien debe ser de mirón, de jodido espectador.
Me llamó la atención que al regresar sin su cortejado el corazón estaba menos húmedo y los ojos mas mojados, creo que al final del fin supieron que la eternidad no existe, que el desapego de la vida da vida, que el llanto cura –no siempre-, pero los vi, los miré y me dieron envidia, fueron dolidos y regresaron contentos, cumplieron bien, se deshicieron del apego y se apegaron al sano recuerdo de alguien que jamás –jamás de nuevo- estará ahí. Vaya con mi envidia.
Recuerdo vagamente cuando me trajeron, estaba yo elegantemente vestido, algo así como para fiesta; tenia puesta mi corbata roja, mi traje azul marino, calcetines negros con pequeñas estrellitas rojas apenas visibles, zapatos negros recién boleados y una camisa blanca de buena marca que tenía en la espalda un nudo autorizado por la fabrica. De la ropa interior no me acuerdo, ¡vamos!, ¿quién se acuerda del color de los calzones que trae puestos?
El caso es que debió haber sido fiesta –al menos así lo creo yo-, estaban aquí conmigo dos hermanos, tres de sus amigos, el vecino, un desconocido que trajo flores y velas, y un empleado que se empeñaba a toda costa que le dijeran que de esta fiesta debía haber otro responsable, es decir, uno que hablara, alguien que respondiera de los gastos, uno que no fuera yo, pero todos lo miraban y se hacían los “muertos”, el más educado, que era un amigo de mi hermano menor, me señalaba a mí, ¿y yo?, yo también me hacia el muerto, bueno, eso es lo que creí en ese entonces, pero después de tanto tiempo creo que sí, creo que yo era el muerto, el festejado, nunca supe quien pagó, pero eso sí, se los garantizo, no fui yo.
Déjame decirte que yo estoy al revés, a lo mejor por eso soy un mirón de oficio, por gracia y obra de quien me cargo me pusieron al revés, es decir con la cara para allá, para el corredor donde los cortejos que pasan una y otra vez. Por gracia –gracias- el albañil que cerro mi nicho dejó un huequito, así chiquitito, apenas del tamaño de mi ojo y por ahí es por donde miro, veo pues.
Nadie me pide cuentas, nadie me visita y ¿sabes?, no me duele, si acaso se me duermen las piernas o se me entumen los brazos, pero nada me duele, desde aquí miro, desde aquí veo, me hago mas sabio, y a eso, eso le llamo con cariño…eternidad. ¿Mi oficio?, ¡no sé!…. Due®
jueves 1 de enero de 2009
¿Recuerdas...?

¿Recuerdas?, fue la noche que corrimos tan rápido que perdimos al cruzar la esquina nuestra sombra aquella vez que los sueños desfilaron sobre el filo de las pesadillas. El día que con las sombras se perdieron las ricas "nochecitas" de soñar en el metro entre estación y estación antes de la llega al trabajo, y las horas de soñar interminablemente entre piso y piso en el elevador justo al llegar a casa. ¡Recuerdas?, fue el día que se nos dio la manía de no cerrar ni tantito los ojos por miedo a cerrarlos de por vida... -¡ay mi vida!-.
A partir de esa noche ya jamás vimos nuestra sombra de nuevo. Ni en las tardes de verano ni en las noches familiares, ¡vamos!, ni siquiera atrás de la lamparita de la recamara. Fue el encabronado fin de las tardes de de crear “papirolas” con las manos reflejadas sobre la pared.
Después de ese día ya jamás se reflejo nuestra silueta en el fondo de la luz,
–¡anda, dime que lo recuerdas!-,
-¿o tú si la volviste a ver?-
Yo la extraño. Extraño a mi sombra, era parte de mí aunque sé que no me hace falta, pero la extraño ¿y tú, la extrañas?, ¿a ti te ha hecho falta alguna vez?, ¿no te sientes solo sin ella? -era parte de ti, era parte de mi-, ¿o era solo un desvarió?
¡Pero dime!, ¡dime qué vimos!...
Era tarde lo sé, casi media noche, pero también recuerdo que ese mismo día habíamos comulgado, digo, no se vale, estábamos en orden con las cosas del cielo, con nuestra alma y con la señora de la tienda de la esquina a la que fuimos a pagarle los destrozos de la otra tarde en la que por un error de cálculo le rompimos la vitrina.
Digo, no se vale, todo estaba pagado, todo en orden.
¿Tú te acuerdas?, la luz era pálida, azulada, no había luna y el frio no sentía ni respeto por las almas que, según dicen, vagaban buscando compañía o de algo cálido, por lo menos de un cuerpo ajeno al cual hacerle sentir calosfríos, o la muerte chiquita como le llamaba la abuela.
Yo no recuerdo que pasó el día que perdimos la sombra. Sólo recuerdo que no era miedo lo que sentimos, sé que era el miedo al que vimos, así, frio, descarnado, oscuro, seco, con sus lagrima petrificadas como escurriéndole en la cara, con sus manos descarnadas, con su aliento nauseabundo y esa sonrisa que al tiempo que erizaba los pelos de la nuca helaba la jodida sangre.
Era el miedo en persona, así de frente, imponente, ojete, con sus ojos opacos pero fijos. ¡Sí!, era el miedo ahí de frente ¡lo sé, era el miedo!... ¿O tú dime, que más pudo hacernos correr tan rápido como promesa de amor eterno?
Tú dime cabrón, tú tienes buena memoria, dime que recuerdas. Yo aquí amarrado de los brazos con esta camisa de mangas largas y las 24 horas no puedo expresarme -¡no me creen!- , tú sabes que necesito de mis manos para hablar, de lo contrarío se pierde el sentido, anda, ¡dime!, diles lo que recuerdas, ¡diles a ellos!, hazlos que me crean... no me dejes aquí, ¡diles!... por favor, diles...¿qué no ves que tengo mucho miedo?… Due® 1ene09
Tu tienes la culpa

Hoy no me uno a ti con amor, no quiero comenzar la noche con palabras dulces y caricias rancias, no tengo ganas del beso de compromiso para desabotonar tu blusa y abrir tu alma, no tengo ganas de las flores ni el cortejo ni del vino que desborda las palabras, te quiero desnuda y punto.
Tienes tú la culpa, me has puesto como animal en celo, he visto que cuando me miras dibujas una sonrisa clandestina, he olfateado en el aire el dulce de tus pezones. Con mis ojos lascivamente cerrados he notado que tus caderas acariciar sensualmente el interior de tu falda cuando caminas…..
La perfección en mis manos toscas y áridas radica hoy en las uñas que como garras se disponen a penetrar en la piel de tu espalda blanca como de porcelana. Hoy quiero lamer uno a uno los cabellos de tu nuca y desprenderme a rapel por tus vértebras hasta posarme en la última a mirar desde la cima lo profundo de tu sima.
Como animal en brama daré vuelta a tu cuerpo y como un ciego palpare tu rostro, morderé tus pechos y saciare mi sed con el néctar de tu cuerpo, te someteré a mis instintos mientras refresco mis ganas con las gotas del sudor de tu rostro.
Por todos los contornos de tu cuerpo subiré, bajare, entrare sin permiso una y otra vez, Tocare, sentiré, gemirás y haré que cada gemido suene como eco en la bóveda celeste mientras miro las estrellas en tus ojos. Lameré tu boca, olfateare tu aliento y, de nuevo entrare caliente y justo a lo más profundo de tu alma.
Estallaré con los ojos cerrados y las garras bien incrustadas en tu espalda, estallaré sin sentido humedeciendo tus entrañas, tú tienes la culpa, me has puesto en celo.
Romperé contigo las leyes de la física, seremos dos cuerpos en el mismo espacio, seremos el mismo espacio y después, cuando todo termine te diré: Hoy me uno a ti animalmente con el sexo que tu amor provoca, tú tienes la culpa. Due®
lunes 29 de diciembre de 2008
Sexo intimo...

Ahí, sentados frente a frente, mediando sólo entre los dos la mesa del café de los encuentros casi a ciegas, midiendo la distancia con miradas que exploran mutuamente la piel que asoma de las ropas. Alargando los ojos hasta rozar con la mirada los labios cuando callan.
Aguzan el olfato para no perder aroma alguno, alistando de alguna manera imaginaria la piel que se erotiza con el roce intimo de cada prenda propia, y con la imaginación de las caricias que de aquellas manos surjan en la intimidad en donde exploraran cada rincón, cada esquina, cada gota de sudor que brote de la fricción, del sentimiento; del vaivén de la penetración calmada, ruda, amorosa, animal, humana, bella.
Las palabras brotan como agua en fuente cristalina, pero el calor de lo deseado hace que se evaporen pronto y que la espera se alargue –y sabe rico-, excita más la pausa que la prisa, comen ansias disfrazadas de mera fantasía. Falta poco, acaso un sorbo de café, la cuenta y el camino estará allanado, listo para usar el tiempo en la calle y despojarse de tabúes, remarcar con sutilezas, pero abiertamente, lo que el celo ha planeado para el otro cuerpo.
Falta poco y los dos lo saben. Caminan lentamente y los pálpitos del corazón se sienten menos en el pecho que en los genitales. No se apresuran, cada paso sabe a ritmo de cadera, cada paso acerca más las almas y los cuerpos al destino.
Aún no han llegado pero ya están solos, faltan cinco pisos para el paraíso. Las miradas echan chispas, el elevador huele a mezcla de hormonas. Bailan por la frente y la espalda gotas de sudor con temperatura incierta, unas frías, otras tibias y otras que ya hierven atrapadas por la ropa intima distraídas entre fragancias falsas que sólo disfrazan el olor del sexo deliciosamente retardado.
Lejos de las miradas, ahí encerrados en el cubo de elevador se regalan con un beso. Por fin se pertenecen, ahora son dueños, amos del placer del otro cuerpo, sumisos los dos de los deseos tantas veces platicados. Otro beso, se funden las salivas en una sola boca, una caricia, y como por arte de magia caen al suelo los temores, lo pudores y la buena reputación que ya recogerán a la salida.
Lo demás, lo demás es sólo sexo, sexo animal, perverso, comercial, sexo intimo y por intimo incontable.
Se han vestido, sus disfraces son ahora diferentes, ahora que se pertenecen visten elegantemente, han estado en el mismo sitio al mismo tiempo, eso los esconde de su misma ropa, ahora se han sumado uno en uno. Se dan un último beso por ese día, miran hacia atrás en donde queda la mesita con dos vasos de agua, cuatro envolturas de condones, la cama húmeda, completamente húmeda y revuelta, huele a sexo agotado, huele amor que sabe a dulce y que se siente eterno, se abrazan y caminan lentamente a seguir cumpliendo día con día con ese bello sueño….
La cámara del hotel los ha captado, su tecnología ha funcionado como magia, filmó desde el primer instante las ansias locas de los dos amantes, los ha seguido desde la entrada, los acompaño los cinco pisos hasta la habitación y grabó lo que para ellos quedo como sexo intimo incontable.
Ahora su amor es difundido en los puestos callejeros que venden sexo con amor casero, vaya ironía, su amor secreto ha traspasado las fronteras de lo intimo, ahora además de ellos otros gozan cada instante de su desenfreno. Ellos siguen con su sueño intimo incontable, a otros, a los que han comprado el video, se les ha perdido el sueño.
Due® 29 dic 08