martes, 5 de octubre de 2010

De alta sociedad.

Olvidadiza.

De repente se encontró ahí, en ése paraíso de gangas, ofertas y porcentajes por lo bajo, no supo si era el mes de julio regalado, o septiembre todo para el bicentenario. Perdió la noción del tiempo, tanto letrero con tintas fosforescentes, demostradoras y botargas de alcoholes y de latas de caviar importadas siempre le emocionaban. Su depresión se esfumo inmediatamente.

Tentó la cartera adentro de su bolso, saboreo con los dedos las tarjetas de crédito, compró a granel, ¿se le olvidó algo? surtió su pasión a destajo hasta que calculó que sus dedos pudieran firmar elegantemente el boucher.

Murmuró una maldición y se dijo; ¿por qué carajos jamás cumplo lo prometido? Había jurado nunca más caer en manos de la publicidad y la mercadotecnia, comprar sólo veneno barato para ratas y suicidarse esa misma tarde. Pero mujer de alta sociedad como era, transformó de nuevo su destino en elegantes deudas.

Due® 05.10.10

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ardiente.

Quién podría pronosticar que su amor, ése fuego que caminaba lento pero inexorable desde sus sienes hasta apoderarse e incendiar lo blanco de sus ojos negros, ése amor que se sentía verdadero y que se aposentaba en cada coyuntura de su cuerpo para dolerse sin madre, para arder como pira de pecados en el purgatorio, ése amor que sólo era sofocado cuando los ojos no podían más con tanta lumbre y se desbordaban en ardientes cataratas de deseo cuando las sensaciones de las articulaciones menguaban con la fantasía del sexo que se transformaba en la humedad de su amor propio absorbido por las prendas intimas que cubrían la piel que debería ser la tierra arada por las manos de su amante.
Quién podría pronosticar que ése ardiente amor tan verdadero, al no haber jamás tocado el pecho, en una noche de simple sexo, se extinguiera como fuego de artificio.

Due® 22.09.10

viernes, 13 de agosto de 2010

Viaje a la sobriedad.

Al momento de depositar el boleto del metro, su mente viajaba dos estaciones atrás de él. El éxito, la camisa bordada con sus iniciales que le daba un magnifico estatus entre los estatutarios; su vida, todo en ruinas.

Bajó con la mirada gacha las escaleras, abrió la chamarra y extrajo de ella la botella de alcohol casi llena, la botó al cesto de basura.

Su mente avanzó velozmente, él estaba ya en el andén cuando ella iniciaba su marcha una estación atrás de él.

Sabía que sin ayuda jamás saldría de su adicción, desdobló el folletín con la dirección del grupo de apoyo, a modo de juramento se inclinó como para recoger su dignidad del suelo justo en el momento en el que su mente arribó a bordo del tren naranja a la estación, entonces, su mente alcanzó de un golpe a su cabeza llevándolo de inmediato, a su destino.


Due® 13.08.10

viernes, 2 de julio de 2010

Ya no…

Cuando se sentó al pie de su cama a mirarlo creyó verlo enorme, casi no lo reconoció y ello provoco que su tristeza se hiciera aún más enorme, si ella hubiera podido llorar o arrancarse el corazón lo habría hecho en el acto sin pensarlo.

No podía soportar esa escena, ante su mirada se veía todavía tan pequeño, tan hermoso y desvalido, daba una ternura inmensa verlo acostado con su cabello ensortijado, su carita llena de miedo cubierta por aquella sábana blanca y sus ojitos cerrados.

Se acerco al niño un poco más, le destapo la carita, le acaricio con sus dedos la frente helada y los labios color de cirio que ella recordaba rojos como la granada. El niño mojó la cama, murmuró un padre nuestro y dijo; sí en verdad eres mi madre como dices, vete, ya no me aterrorices, los fantasmas no existen.

Due® 2.7.10

jueves, 1 de julio de 2010

Enamorada.

En ocasiones por la madrugada me asomo a la ventana, una ojeada al frente, a cada lado y nada pasa, acaso la sombra de la colegiala enamorada a la que le descubrieron el amor sus padres el día que los tacones le dejaron de repiquetear. La miro enamorada caminar flotando, su andar desparrama aroma de miel y mirra cuando agita la cabellera y su mirada traspasa infinitos.
Es seguro que no piensa y menos aún en el futuro, sólo camina eternamente de la escuela a la casa.
Cada que la miro siento cual si fuera un eco, una reverberación del tiempo, una postal del sentimiento.
Creo que si el amor no fuera tan ciego el día que murió hubiera visto a tiempo el autobús que la atropelló, por lo menos diez segundos antes.


Due® 30.6.10

jueves, 24 de junio de 2010

Insensible.

Su marido estaba, en ése momento y ante su mirada, siendo detenido in fraganti con un arma cargada a bordo de un colectivo. Los policías acababan de frustrar el asalto que había planeado aún a costa del bajo
-según él- precio de la vida de los pasajeros. Ella, junto con dos críos lo esperaban a bordo de un auto en la esquina donde él debía bajar con el botín y Dios no lo quiera, con la vida de alguien que hubiera tenido la mala idea de enfrentarlo.
La detención fue con sangre y violencia, sin embargo, cuando escuché el grito apagado de ésa mujer al ver apañado a su hombre, no sentí lastima, ni piedad. No soy adivino pero creo que en el futuro la historia se repetirá, sin embargo, si llego a ver a ésos críos, ya maduros, poner en practica las enseñanzas de sus padres, sólo sentiré frustración por su falta de oportunidades, pero por ellos; absolutamente nada.

Due® 23.6.10

viernes, 18 de junio de 2010

Trauma...

Siempre le atribuyó el pánico que le acompaño durante la vida a lo que él asumió como el estúpido temperamento de su padre; no hagas, no hables, no corras, todo en imperativo. Así que ése día, al salir de su sepelio, se sintió sanado de los terrores de verse atado de manos toda la vida. Subió al auto, se puso el cinturón de seguridad que jamás, por la fobia a su padre, había ajustado e inhaló profundamente. Justo en ése momento, un auto a toda velocidad salido de otra historia, se impactó contra el suyo ocasionando un fatal incendio. Cuando las llamas abrasaron sin piedad su cuerpo, sólo una fracción de su vida, la más llena de amor, pasó por sus ojos, miró con todo detalle como su madre lo envolvía en sus cobijas para curarle del frío cuando él apenas era un bebe. Mientras luchaba para zafarse del cinturón, supo, en ése ultimo instante, que la mierda que le aterrorizó durante su vida, ése maldito trauma, ése sentirse atado de manos, jamás le llego de los parcos consejos de su padre.

Due® 18.6.10

lunes, 14 de junio de 2010

Terror

A sus 50 años el terror que le daban las sombras no era gratuito. Nadie, ni los doctores, ni clérigos, ni charlatanes con verborrea de sabios sabían porqué en su mente se quedaron fijos ésos recuerdos. Él era de las pocas personas que podía describir con pelos y señales la primera luz que vio en la vida al momento de cruzar el umbral uterino, él podía describir a carta cabal su primer respiro, su primer jalón de piernas con la cabeza apuntando al infierno, la mano de aquél que distraído le infringió el primer sufrimiento en las nalgas desnudas justo un segundo antes de que sus ojos se abrieran al mundo y se viese volando vertiginosamente, mirando cientos de sombras, antes de estrellarse en el piso y quedar, por culpa de la caída, sin remedios ciego para toda la vida.

Due® 14.6.10

domingo, 2 de mayo de 2010

¿conoces algo del amor?

En alguna ocasión escribió; la mirada no es sólo el brillo en los ojos, la mirada es un río que fluye desde el corazón hasta el infinito. En la mirada de cualquier persona se puede leer, si se tiene paciencia y sobre todo cariño, los sueños más bellos del mundo, sueños de soñar y sueños de carne y huesos, sueños en colores tan bellos que bien podrían ser la envidia del más perfecto arcoiris. Sin embargo, también en ella se puede leer el tapete de welcome a la entrada del mismo averno, e incluso; el color, el olor y el dolor absoluto de cada tormento al que cada quien se condena, cuando sabiéndolo o no, se erige como su propio juez y se dicta sin misericordia la más absurda condena. Sin duda debía saber algo sobre las miradas.

Un día Ángel se topó, sin querer y sin saber porqué, con el tipo que había escrito aquello, o mejor dicho, la mirada del fulano detectó de inmediato que Ángel iba por la calle como siempre, cargando sobre los huesos toda su delgadez surgida de la falta de amor y de apetito, agitando su rizosa cabellera que brillaba a cada paso y que el viento, que en ese momento era tibio como el aliento de un hada, respetaba en demasía por temor a enamorarse de ella; así se le veía, así se le miraba, así se le sentía, sin embargo sólo él sabía que iba un tanto vivo y un tanto medio muerto, la condena que él mismo se había impuesto era bastante cruel para sus 22 años, le dolía al rededor del corazón en cada respiración, le aterraba saberse condenado en las habitaciones iluminadas y sobre todo, sabía que moría a madrazos de recuerdos que no quería olvidar, sin embargo la aceptaba con entereza a secas, pues ¿qué diría la gente si para descargo de su alma soltara las lagrimas cada que vez que recordaba la piel de su amada en la yema de sus dedos?, ¿qué dirían los conocidos si se desbordara la catarata de agua blanca que no enfriaba en nada la pasión que como hoguera un día incendiara en su alma aquella chica que de por vida ya le era vetada.

Caminaba con rumbo a su casa cuando sin razón aparente el tipo, al cruzar en su paso al chico, le espeto en media cara; ¿conoces algo del amor?, Ángel se sorprendió por la pregunta, pero le iba tan bien dirigida y se sentía tan cansado que apenas con un hilo de voz audible y en medio de dos suspiros que como paréntesis atraparon su respuesta dijo; vaya que sé del amor, el amor es dolor, es algo que debería estar prohibido o por lo menos quien ya ha pasado por él debería de poner por todos lados letreros con avisos de peligro, así uno ya se dejaría llevar por él bajo su propio riesgo.

El tipo le miro a los ojos y le respondió, no sólo eso Ángel, el amor es el único sentimiento que se multiplica, jama se divide, el ejemplo más claro es tu propia madre o ¿crees que te ame más a ti qué a tus hermanos o más a ellos que a ti?, el amor que les tiene es exactamente del mismo tamaño para cada uno y crece a cada instante, si llegará a su vida otro hijo o alguien más a quien amar, de igual tamaño sería su amor y también crecería, ¿entonces?, cómo es posible que por una pena de amor te dejes a ti mismo en el olvido, ¿qué al amar no te amaste a ti mismo?, ¿no será acaso que ése amor que te mata de a poquito sea una obsesión y no amor?.

¿Y cómo saberlo? -respondió el chico- el tipo miró la mirada de Ángel al tiempo que extendía frente a él su mano derecha como quien pide algo sagrado y le dijo; regálame un poco de tu amor, Ángel que no estaba para cuentos hizo con su mano como quien tiene en ella un puñado de arena y lo puso en la mano del hombre, ¿eso es todo lo que puedes dar?, carambas, con razón sufres, tu amor es poco y al no multiplicarse me entra la duda de que lo que me hayas puesto en la mano sea de verdad lo que te pedí.

Ante ésta duda que el muchacho sintió como reto, pues estaba completamente seguro que sí sabía amar, levanto la mirada, la recogió de aquellas absurdas películas que el mismo, como pésimo director se había hecho en la cabeza y que además pesaban tanto como un ejercito de almas en pena; pesaban tanto como los lastres que siempre impidieron que sus naves levaran anclas en busca de nuevos mares, tanto como las mismas anclas que parecían haberse fundido con el coral de un mar que nunca estuvo en calma, la levanto muy despacio junto con la comisura de sus labios que sabían que su sonrisa, aunque un poco olvidada, sonaba como brillo de estrellas, entonces, en ése instante de mirada de buena esperanza y sonrisa estrellada desde el alma, las dudas y el dolor que sentía por aquella chica que tal vez jamás vería de nuevo se encendieron como ascuas al viento, cobraron fuego, pero esta vez el fuego tomaba el lugar del invierno perpetuo al que él mismo se había sentenciado, no quemaba, el fuego era amable y se sentía como si la vida regresara después de un largo exilio, así que, tal como se da el amor, sin pensarlo, extendió sus brazos, acerco su pecho al pecho del tipo y sin pena alguna lo abrazó.

Las penas se desvanecieron, los recuerdos dolorosos fueron absorbidos por los momentos hermosos que si valían la pena guardar. Sin decir más, el chico dio la media vuelta y continúo completamente renovado su camino, cuando llevaba a lo mucho cinco pasos volteo y le pregunto al tipo; ¿como supo mi nombre?, no lo supe hasta ahora que preguntas, te llamé así porque hace un instante, cuando te vi, yo dudaba hasta de mis propias palabras, pero mi fe se basa en creer que todos somos ángel de alguien alguna vez en la vida y la fe Ángel, la fe nunca se equivoca.

Due® 2.5.10

sábado, 1 de mayo de 2010

El sí en el tiempo

Es el tiempo amor, el tiempo que ya no viene como el de antes, el tiempo de aquellos nuestros tiempos era muy condescendiente y divertido, venía envuelto en papel de fiesta el día de reyes, y en celofán transparente el día de novios, ¿y qué me dices de los intercambios en el colegio?. El tiempo nos quería y tardaba, tardaba, tardaba ansias en llegar y cuando llegaba se metía entre las mano, el papel volaba, lo ojos se iluminaban, un abrazo, dos, tres y todo sucedía en un santiamén, y después de ahí, una eternidad al cumpleaños y dos más a la navidad y el fin de año.

Los años eran años ya que los meses respetaban serios y formales cada veinticuatro horas de cada uno de los siete días, el tiempo no se media por semanas, el viernes era sólo un viernes de a ver que hacemos y el sábado y domingo tiempo muerto para amarnos, o disgustarnos y abrazar por la colonia los hombros de los cuates y el ¿cuántos somos?; tú aquí, tú allá ¿todos listos? Y arrancar con el partido del siglo, cuantos siglos, cuantos partidos, todos jugados como si en ello se fuera la vida, todos tan bien jugados que jamás se perdió ni uno.

No me digas que no recuerdas las medias horas de amarnos, el preámbulo se estacionaba en el patio, en la escuela, en la miscelánea de la esquina, por las calles y las avenidas y el camión no avanzaba, había que hacer mandados y en la tienda siempre nos tardaban, por mas rápido que le dábamos a los pasos el camino era el mismo pero el tiempo era encabronadamente eterno y después, ay y después, mirarnos a los ojos y dejar que ellos hicieran el plan completo, y luego a solas, los dos minutos apresuradamente largos que tardaba nuestra ropa en caer por el piso, ahora creo que cada beso era como un parpadeo pero de tanto besarnos sabía a uno sólo, ay amor y después, después el sexo apresurado en esa insolente media hora que se iba como agua en la garganta, la respiración que no cedía, el trac trac de la cama amortiguado por la almohada, nuestros cuerpos hechos nudos, uno, dos, tres gemidos y los ojos mas que en blanco, después, el gritar en coro te amo al unísono de los fuegos de artificio sin importar que afuera tus hermanos, nuestros padres, los vecinos o los cuervos que desde el alambrado buscaban asombrados los brillos de nuestros ojos, nos vieran o nos escucharan.

Es el tiempo amor, el tiempo que nos ha jugado la partida sin mostrar indicios de que se guardaba el as bajo la manga. Si te digo que ahora estas hermosa es que estas hermosa, si te digo que tu cuerpo es el de antes es porque así te amo, como antes, mis ojos y el corazón no le hicieron caso al tiempo, te veo bella, te amo bella.

Ahora mira amor, el tiempo no alcanza para nada, uno entra al supermercado y todo caro, los kilos de fruta siguen siendo kilos, los metros de tela metros, la talla 32 de antes ahora es 38, pero eso si se justifica, lo que no tiene pendón es que el tiempo, es así de pequeño, y tan caro como el salmón que ahora es de granja, tan minúsculo y caro como el azafrán, tan adulterado como la leche, eso sí, el poco de tiempo que tienes ahí adentro se lo terminan en las filas de la caja y ya no digamos si hay que devolver algo, uno carraspea, tamborilea los dedos en el mostrador, hace que el tacón del pie izquierdo se impaciente y nada, se consumen todo nuestro tiempo sin miramiento, ves el reloj y ya no queda nada, nada, nada, hay que apresurarse al estacionamiento y ahí como impuesto adquirido se consumen lo que resta del maldecido tiempo que no alcanza ni para ir a abrazar a los vecinos.

Es el tiempo amor, antes pasaba y pasaba y uno lo esperaba, y ahora no se sabe ni de donde llega pero se queda alrededor de la cintura, en el brillo de donde antes nacía cabello y a los más afortunados se les queda en el pelo, se queda en los retratos y los buenos o malos recuerdos, en la mesita de la recamara que pide clemencia y por apego no le damos sepultura, ah pero donde no se queda, donde siempre nos acompaña es el carnet de identidad y en el espejo. ¿hace cuanto ya que nos amamos amor?, lo ves, no es fácil recordar una fecha, yo te amo de toda la vida, creo que desde antes, y cada que te miro con tus piernas delgadas, bellas tornadas, con tu rostro sereno lleno de luz y de vida, cuando te tomo la mano de quinceañera es cuando no le presto atención al tiempo, mis ojos se divorciaron de él hace mucho, yo te veo igual que aquel día adolescente en que me dijiste que sí.



Due® 31.12.09

viernes, 30 de abril de 2010

Misivas...I...II...III...IV

Tal como eres

No amor, no se me ha quitado la manía de seguir con vida, sigo aquí, sujeto de la mano escurridiza de la esperanza.

No lo niego, he mirado mi futuro varias veces y ahora que me paro sobre la punta de mi pie izquierdo, así como tanto te encantaba verme, miro el horizonte aún más negro. Y no es por ti, y que regreses no me importa, cuando te me fuiste me quede con los sabores de tu alma, los conservo y cada que me siento oscuro los destapo para que inunden con su aroma mis recuerdos.

Mi horizonte se avizora oscuro por que tengo la costumbre de mirarlo por las noches, por las noches en las que no hay luna amor, ha de ser por ello que lo veo negro, pero sabe a ti, sabe a las cosas buenas que viví a tu lado, sabe a que no regresas porque no cumplí con las expectativas que dejaste que se desbordaran cuando me conociste. Estabas enamorada amor, y todo mundo sabe, o debiera de saberlo, que el enamoramiento es pasajero y que el amor es un poco menos que perpetuo.

Por ello digo que no importa que regreses o que te quedes allá en tu lejanía, yo miré muy pronto todos tus defectos y con el último beso que me diste supe que estarías es mí todo el tiempo que sólo yo quisiera, y aún quiero, aún te siento, y te amo amor.

Te lo cuento ahora por que nunca es tarde para declararlo; cuando desperté y razoné el porqué estaba de ti enamorado, me encontré con la grata sorpresa de que te amaba con todos tus defectos, que te amaba tal como eres y que si cambiara algo en ti podría flaquear en mí el amor que siento.
Mi amor por ti es casi perpetuo, durará lo mismo que me dure el aliento, ¿comprendes ahora el porqué a pesar de todo, sigo feliz con la manía de seguir viviendo?

24agosto 09



Mí tardanza

Hola corazón, sé que has de estar impaciente, pero de verdad no he podido ir a verte. Por ello te escribo, sé que entenderás, tú todo lo comprendes.

Fíjate amor que he hablado con los que si saben de las cosas, con aquellos que lo saben todo aún sin haberlo vivido e incluso en ocasiones sin haberlo leído en los textos de las universidades, ni en las brillantes y gruesas enciclopedias. Algunos de ellos, yo lo sé
-pero no se lo digas a nadie para que nadie se ofenda-, conocen lugares maravillosos y jamás han viajado, y ¿sabes corazón? Les creo.

Ellos me dicen que si soy tenaz como hasta ahora te veré algún día, que ese día no está lejos, que continúe describiéndote en mis cartas el sonido que estremece de la piel hasta los huesos cuando cae la noche y se estrella en lo mas oscuro de mi horizonte, y del tuyo amor, y el de todas las personas. Me han contado que la noche y el horizonte son de todos. Me han sacado de mi error, pues desde que te fuiste, cada noche la sentía únicamente mía, y el horizonte sólo de los dos.

He aprendido mucho desde que hablo con la gente que lo sabe todo, y me alegra que me digan que el camino más corto a tus brazos son mis cartas, y me gusta que me alienten a decirte que todos los mares te los tengo aquí guardados en tu caracola rosa, y que te siga escribiendo aunque sea en el reverso de los telegramas amarillos que me envían con amenazan para que pague lo que debo, porque dicen los que saben, que aquellos que me cobran, no tienen idea que con el dolor que me quedó en todo el cuerpo con tu despedida he pagado el karma de otras vidas. En ocasiones me río con ellos, me gusta que me hablen de las muchas muertes y las muchas vidas, aunque tú y yo sabemos que vida y muerte sólo hay una.


También amor, he hablado con gente que ha estudiado mucho, en realidad soy yo el que casi siempre habla y ellos los que más me escuchan. Me causan mucha gracia aunque jamás se los digo.
Visten de pantalón oscuro, camisa blanca y aún en viernes usan corbata. Se montan en la nariz lentes gruesos de buena marca, usan encima de la ropa –creo que para no manchar su prestigio- batas blanquísimas en las que resaltan la pluma y el lapicero dorado que llevan en la bolsa del pecho y que usan para arreglar, como por arte de brujería y con pastillas, la vida de algunas personas. Se sientan tras pesados escritorios y para no dejar duda alguna de su excelsa inteligencia, cuelgan en las paredes cual medallas sus múltiples diplomas. Son en extremo formales, jamás sonríen, sólo escriben y escriben. Son gente seria amor.

Fíjate que éstos, aunque son muy inteligentes, no son agradables como los primeros que te platiqué, y que además si saben todo y de todo. Estos que te cuento ahora, me han dicho que aquellos sólo son soñadores o poetas, que no les preste atención, que las cosas que imaginan no tiene ningún valor.

Eso que me dicen me hace enojar, pero finjo que les hago caso y que soy muy feliz.
Sin embargo lo que más me enoja de ellos es que siempre dicen que tú eres una obsesión, imagínate nada más que grosería, se han atrevido a decirme que jamás estuviste a mi lado y que jamás te fuiste. Yo pienso, pero pienso sin que lo noten -a ellos no les gusta mucho que piense- que si no te amara como te amo y jamás te hubieras ido, yo no estaría aquí tomando tantas pastillas y descansando todo el día, y haciéndoles creer que por las noches duermo de corrido más de 10 horas. Sé que si no te hubieras marchado estaría a tu lado hablándote al oído y con mucho amor de hermosas playas de arenas blancas, estaríamos escuchando tu caracola rosa y compartiendo el horizonte que ambos llevamos en los ojos y que iría con nosotros a donde fuéramos tomados de la mano.

De verdad amor, no me gusta tanta seriedad ni tanta monotonía, ni la recamara en donde duermo que tiene protección en la ventana y que me imagino que sirve para que nadie entre, que locura ¿verdad? Tampoco me gustan las pastillas que me dan a toda hora.

Un compañero de aquí me ha explicado que si no les sigo la corriente y me tomo todo lo que me dan, jamás podré estar a tu lado, que ellos manda aquí y que lo mas recomendable es que me borre la cara de melancolía y que les haga creer que tú no existes, dice que en cuanto se los diga a ellos y se lo crean, me dejaran ir a buscarte.

Me muero de ganas de ir por ti amor, te lo juro, pero me niego rotundamente a decir que jamás estuviste a mi lado. Si yo estuviera loco como para decir semejante tontería, no tendría debajo del colchón tu ceja que guardé como amuleto y que es prueba fehaciente de que estuviste, de que te amo, y de que tuviste que irte a resolver tus dudas a lejanas playas. ¿Comprendes amor ahora mi tardanza?....

28agosto09


Feliz aniversario


Hola amor;

Perdona por no escribirte a diario, pero me dicen que debo acatar la disciplina, que si no lo hago perderé todos mis derechos. Me dejan escribirte muy de vez en cuando. Yo me río amor, ellos no saben que con recordarte a cada instante mi corazón descansa satisfecho, tú bien sabes que tu figura se quedo tatuada en mis pupilas y que cada vez que pongo mi cara de bobo, como tú le dices, es que te estoy mirando junto al bello cielo y amándote como simple, es decir; más que nunca.

Ayer que la suerte me favoreció, pude ver un diario, leí la fecha y recordé que justo en estos días, hace ya un año, la magia de la vida te puso en mi camino. Has de preguntarte ¿Cómo es que lo recuerda si siempre olvida todo? Y es verdad cariño, todo se me olvida y es culpa de haberte tenido en mis brazos y de amarte como te amo, pues no hay momento en mi día, ni sueño en mi noche, que no lo dedique a recordarte y pensarte.

Fíjate que me han cambiado de habitación, ahora tengo una ventana que da a un jardín muy bello, en él hay una pequeña fuente. Hay tardes enteras en las que recargo mi cabeza en mis manos, los codos junto a los barrotes de la ventana y mi nariz lo mas cerca del cristal, podría salir si pidiera permiso, pero prefiero imaginarte en la distancia metiendo tu mano en la fuente, sonriendo y salpicándome la cara, es como tenerte en casa, como cuando te sentabas en la banca del jardín a esperarme y yo me escondía para mirarte y cuando la impaciencia te ganara, salir a tu encuentro para que con ternura me dieras mi regaño.

Esto del cambio de habitación me tiene confundido, en la otra me sentía acompañado con mi amigo, ese que te conté que me decía que mientras no negara tu existencia no me dejarían salir de aquí. Pregunté por él y me han dicho que se fue con su familia, que dejo de ver fantasmas y que el medicamento que le dieron le hizo tanto bien que ya no escucha sus propios gritos de terror es sus mismas pesadillas. Yo creo que estaba chiflado y en su locura se confabuló con los señores serios que usan bata blanca, y así entre todos decirme que tú nunca exististe, que te niegue, que acepte que eres una fantasía para así poder salir de aquí mas pronto, yo les insisto en que estás ahí afuera esperándome, lo digo con la misma convicción que tengo en el amarte, siento que por ello me pusieron aquí, a solas, creo que los voy convenciendo y se han dado cuenta que yo jamás le hice caso a ese amigo.

Amor, ya sólo me río para mis adentros, extraño mi sonrisa, pero nunca dejo que la vean, quiero que crean que soy serio como ellos y pongo cara de enojo y amargura y me digo en secreto; ¿yo negarte? Nunca.

Quiero ir a verte y quedarme a tu lado, pero la condición que me dan para salir de aquí es que te borre de mi mente, yo sigo las reglas corazón, hago caso en casi todo, tomo los medicamentos y con ello mantengo mis derechos

Hasta ahora sólo concuerdo con ellos es que eres, como dicen, una fantasía; la más bella. Pero negarte como quieren jamás, eso sería traicionarte, eso si sería cosa de locos.
Me tengo que despedir, ya vienen por mi, hasta la próxima amor, se me ha terminado el tiempo de escribirte pero no de amarte, ya te seguiré contando, por lo pronto; Feliz aniversario.

999


Por siempre juntos

Hola mi vida, sé que no has venido porque estás cumpliendo con lo tuyo, me gusta mucho que seas responsable, además sé a ciencia cierta que me esperas con cariño.

Falta poco, ten paciencia, yo te tengo amor y con ello sé que nada ha de fallar.

Tengo que contarte varias cosas. Antes que nada te diré que estoy sufriendo en esta distancia llamada tiempo y que en ella me he perdido, y no es reclamo, tú lo sabes, pero tenía que decirlo para desahogarme. De la mano de tu amor yo aguanto todo. Sin embargo algo diferente va a pasar, puedo intuirlo.

Déjame platicarte que ha venido a verme mi hermano, es aquél que te conté que se oponía a que me trajeran. Dice que a internarme, yo no sabía que esto era un internado, yo lo he aprovechado porque al sobrarme el tiempo pienso más en ti.
Me ha contado que los hombres serios, esos que te platiqué que usan bata blanca para no manchar su prestigio, son doctores.

Hoy me afeitaron la cabeza, me veo simpático amor.

Mi hermano es el que te he contado que siempre me ha cuidado, es aquél que siempre le decía a la familia que yo reía de felicidad y no de locura, que miraran en mis ojos ese brillo singular que ahora te dedico, les decía enojado que una persona que mirara y se riera como yo lo hago, no puede ser mas que una persona muy feliz, y a tu lado lo soy cariño.

He platicado con él y lo he notado algo raro, me ha dicho que ha firmado un consentimiento y que después, tres o cuatro días después, podré ir a casa, yo le dije que lo que quiero es ir a tus brazos corazón, él se puso muy serio, creo que no me entiende. Me llevó a mi antigua habitación –me han cambiado de nuevo amor, aquí no hay ventana- levantó el colchón y me hizo ver que no está tu ceja que siempre guardo de amuleto.
En forma de regaño –lo hizo con cariño amor, no te enojes con él- me dijo, “a ver si lo comprendes, no hay nada ahí”, me reí para mis adentros y le dije; claro que no está, con todo el alboroto del otro día la besé, la suspiré y después para que nadie me la quitara y sin que nadie me viera, me la he comido.

El alboroto al que me refiero es cosa de nada, pero te lo cuento con cariño. Fíjate que el otro día, el día de nuestro aniversario, se rompió el espejo del baño –dicen que fui yo, no les hagas caso- y dicen que con un fragmento que brillaba como tu mirada, me escribí en la muñeca tu nombre (sólo por si acaso ¿eh?, no creas que para negarte y poder salir de aquí, yo jamás te negaré) en un descuido mío, eso si es verdad, que fue como un suspiro, el espejo cortó mas de lo que esperaba, me ha salido sangre, es normal, pero los señores serios llegaron y armaron su alboroto porque dicen que estaba desmayado, inconsciente a punto de un coma. La verdad amor es que estaba dormido soñando que por fin estaba en tus brazos, estaba practicando. Son muy exagerados amor.

He platicado con mi hermano largo y tendido, y me ha hecho enojar, no sé lo digo porque lo quiero mucho amor, y se que siempre me cuida y me protege, pero me ha contado que aquella tarde-noche que pasamos juntos en tu ciudad es sólo una fantasía que está en mi cerebro, dice que él tuvo que ir a buscarme y que me encontró solo.

Yo le dije que eso era normal, que tú eres muy responsable y que habías tenido que partir muy pronto, pues tu familia te requería, que estuviste ahí conmigo hasta hacer de nuestro amor toda una leyenda.

Le conté cómo me esperaste en la banca del parque y cómo por teléfono te hice la broma de que estaba en otro lado mientras muy despacio me acercaba para darte un pequeño disgusto. Le dije que después te pusiste muy feliz, -a mi hermano jamás le ha gustado que yo disguste a la gente- le conté amor, cómo ese día después en nuestra intimidad te sentaste en mis piernas y que mientras juntabas tu boca en la mía y me regalabas tu aliento, yo cerré los ojos para perder mis dedos en tu hirsuta cabellera. Le dije de memoria todos los poemas que a ti te recité estando sentado en la cama, le platiqué que para mirarte mejor hacia que mis lentes resbalaran por mi nariz mientras con todo mi amor te miraba.

Tú no lo sabes corazón, pero fue en ese momento, mientras acariciaba tu rostro, que robé la ceja que tanto tiempo fue mi amuleto y que me he comido temiendo que me la robaran.

También me ha dicho mi hermano que me encontró desnudo con una taza entre las manos en donde había una piedrecilla de asfalto y que en mi muñeca, en donde ahora esta tu nombre, había un reloj descompuesto que marcaba las diez y diez de mis mañanas.

No le vi el caso de explicarle nada, le dediqué una sonrisa cómplice, y le hice un guiño, es mi hermano, sé que me comprende.

Aun así se veía distanciado, preocupado, creo que hasta culpable, me miraba la muñeca donde con el cristal grabé tu nombre y su mirada era muy triste. Creo que tiene algo de celos de nuestro amor, tal vez él nunca ha amado como te amo amor.

Pon mucha atención cariño y no te espantes, yo no tengo miedo, sé que pronto estaré contigo. Sé que a cualquier otra persona lo que te contaré le aterraría, yo estoy tranquilo, tú también amor, pronto nos veremos, lo prometo.

Dice mi hermano que pronto vendrán por mí los doctores, que me darán una pastilla antes de intervenirme, que no sentiré nada cuando me pongan una inyección, que después ya no veré cuando me conecten algunas sondas y que van a quitar algo de aquí, de adentro de mi cabeza, que en tres o cuatro días me iré a casa y que ya no causaré mas problemas a la familia, que no recordaré nada, ni mi estancia en este internado, que podré caminar y comer por mí mismo, que me vestiré yo solo. ¿Ves cómo no hay nada qué temer?, eso siempre lo he hecho.

Amor, ya vienen por mí y creo que no sé como explicarte lo que dice mi hermano, es algo de una lobotomía,

Yo sólo entiendo que dormiré sin sentir nada, eso ya lo había anticipado.
No se lo cuentes a nadie, cada noche he soñado la forma en la que me quedaré en tus brazos, ahora es nuestra oportunidad, dormiré para siempre feliz como cuando dibujé tu nombre en mi muñeca y jamás despertaré, todo lo tengo planeado, ya te lo dije amor, lo he practicado.

Ya vienen por mí, ahora sí estaremos juntos, ya lo ves, te lo prometí amor, yo te cumplo mi palabra, espérame unas cuantas horas…

16septiembre 09

jueves, 29 de abril de 2010

Cristales de banqueta.

Sus ojos tristes, más porque la vida no le cumplió un sueño, que por haber dejado de soñar, cargaban como cruz una mirada oscura de obsidiana que por el día a menudo se le caía despacito al caminar y que sólo recobraba hasta que el brillo de su alma suspiraba muy juntito a los cristales rotos que siempre viven olvidado por los suelos, por la noche, su mirada siempre se le extraviaba antes de dormir, en jardines verdes y mares azules calmos e imaginarios en el techo. Su cabello largo, crespo y sus 22 años, eran la causa efecto de que Jaime, desde ya hacía algunos años, viviera cautivo de su extraña realidad.

Todo su universo y su realidad eran tan obvios que no merecían la pena hacerse preguntas existenciales, él sabía que seguramente hacerlo le causarían tal confusión, que entonces dejaría de mirar al suelo por el día y al cielo raso por las noches, y entonces sí, dejaría de tener sueños de carne y de huesos, es decir, sueños verdaderos y soñar era lo único cierto que tenía, así que estaba dispuesto a no perderlo.

Fue el día que creyeron que la vida les había dicho que no cuando todo comenzó.
Se enamoró de una chica que estaba enamorada de él, se declararon, no, más bien se juraron amor eterno, y lo eterno no les duro poco pero si les jugo rudo, el día que se separaron se alejaron de tan radical manera que ella se fragmento en infinidad de microscópicas estrellas y una muy tan importante como un sol pasó a navegar por las arterias de él, por sus venas, y periódicamente se le alojaba en la parte del cerebro donde no vive la razón. Así que él, hasta el momento, seguía perdidamente enamorado de ella.
Ella por su parte lo partió a él en dos, una la mando a vivir a su recuerdo racional, la cual la hacia suspirar muy a menudo, pero la otra, la más importante, la parte de él que la había cautivado la alojó en la parte posterior de todos sus libros y cuadernos, ella, al igual que él siguió enamorada, pero tal vez su inexperiencia, tal vez su juventud no les permitió hacer de su amor un amor perecedero como ellos, un amor real para vivirlo día a día y noches sin permiso para hacerse días.

Su vida, a no ser por un agudo dolorcito que sentía todo el tiempo en el corazón, y la constante zozobra de no saber que habría para él al día siguiente, era tan llevadera que un día se dijo así mismo -¿será tal vez que este viviendo un cuento?- y no, definitivamente no era un cuento lo que estaba viviendo, pero si algo muy parecido.

Él, aunque vivía como todos, y respiraba normalmente. También vivía una realidad paralela, algo como un vudù moderno. Si ella escribía en su cuaderno su nombre; él suspiraba, si dibujaba un corazón atravesado por la espina de un rosal; él sentía que la vida se le iba sin remedio, si ella a media clase de historia dibujaba su rostro y era sorprendida por el maestro; él, justo en el momento en que ella borraba su cara; miraba hacia al piso y para que la gente no lo descubriera, hacia como que buscaba estrellas que algún día supieron volar.
Cuando el sueño se apiadaba de él, le daba la espalda a la almohada y se cubría con las sábanas, en ese momento sin variante alguna, ella cerraba el cuaderno donde lo acompañaba a diario sin que ni él ni ella lo supieran nunca.

A él lo conocí hace poco tiempo, pero de inmediato me di cuenta que vivía una extraña realidad que sin duda hubiera podido ser otra, si en vez de separarse hubieran hablado, creo que ese amor eterno que se juraron se les cumplió, lastima que no supieron como debieron pedirlo, ellos juraron, el cielo les concedió

A ella no la conocí, pero sospecho que sin duda, aún vive en los cristales de banqueta.
25.3.10

jueves, 22 de abril de 2010

Fue Pera.

Toda ella era enorme, menos la ridícula y pequeña falda tableada que la obligaban a usar como uniforme y que le daba un exagerado contraste a sus paquidérmicas piernas. Su cabello rubio natural, era naturalmente el resultado que da un tinte barato, se lo trenzaba por su espalda como reata de saltar hasta una cuarta antes de su cintura.
Sospecho que en el lunar enorme que tenía sobre sus labios crecían dos o tres pelos enormes, lo sospecho porque jamás los vi, ella siempre insistió entre sus discretísimas compañeras que se lo pintaba con un lápiz casi mágico traído desde la India y que lo usaba para verse más sexy. Sus pestañas, sus heroicas pestañas cargaban toneladas de rimel y se extendían hacía el infinito como enormes alas de mariposas enamoradas, por su puesto no eran bellas, pero contrastaban con su pálida mirada que en todo encontraba esperanza. Su boca tenía la capacidad de cargar todas las palabras gentiles del universo así como el tiro certero de una grosería para tranquilizar por lo menos dos horas al patrón que siempre exigía mas diligencia en su trabajo con un tono de voz sumamente perverso y libidinoso.

Ella salvó a varias personas de la, mmm, de ésa enfermedad que les da a las personas que comen mucha azúcar y a las que generalmente las entierran, primero un pie, después el otro, que una pierna, que la otra, que va a perder la vista y, por favor póngase a dieta para mejorar su calidad de vida, o lo que queda de ella y no falle con la insulina que es lo único que lo mantiene vivo, por Dios que terquedad, o me hace caso o terminará por morirse completamente.

Su técnica salvadora era sencilla, cuando veía que llegaba algún cliente al que ya conocía como cafetero consuetudinario y que ella sabía que tomaría más de cuatro tazas con sus respectivas dos cucharadas de azúcar, se acercaba a él y muy quedito les decía; hagamos una cosa -y ponía en la mesa un frasco grande-, por cada cucharada de azúcar que le pongas
-jamás trataba a nadie de Usted- a cada taza de café, pones la misma cantidad en éste frasco. Entonces se retiraba, iba y venía atendiendo sus mesas, espantando a los fantasmas de la soledad a carcajada suelta, el cliente bebía café y endulzaba el frasco hasta que llegaba el momento del escándalo al ver que en menos de una hora ya había adentro de su cuerpo la misma cantidad de azúcar que en el frasco ¿un cuarto de kilo? Increíble, imposible y, lo siento caballero pero en realidad lo que haces es entupidamente posible, te lo acabo de comprobar, has consumido una cantidad mortal de endulzante sin pesticidas ni argucias transgénicas, es simplemente caña refinada, y mata, ahora no lo sientes, pero la triste realidad te llegará con el tiempo, cuídate, no sea infantil.

El día que se acerco a mí para darme la dulce lección, desde otra mesa una señora muy distinguida, en apariencia, le reclamaba que su taza estaba manchada de pintura labial que no era de ella, Pera siguió explicándome el daño que el dulce le hacia a mi salud, la señora gritó que le cambiaran la taza, el patrón observaba desde la cocina, yo escuchaba atentamente a Pera y a la señora y, señora, si tanto te molesta la pintura de labios de otra persona toma tu café del otro lado de la taza, y la señora dio, sin chistar, vuelta a la taza y bebió, lo ves, todo se resuelve hablando, no exigiendo morbosamente como tú -disparó sin piedad en dirección a la cocina-, soltó una carcajada, la soledad se espantó y continuo con mi lección.

Cómo no recordar con cariño a Pera, que siendo madre amorosa de una encantadora nena de cinco años producto de las más bajas pasiones de un violador, a sus cuarenta y dos años vivía ilusionada con una fastuosa boda que garantizara el futuro de la nena, soñaba y rezaba con un vestido de enorme cola primorosamente blanco, con cientos de invitados, fuente de vino blanco en cada mesa, un ramo de novia tan rojo como rojo pueda ser el amor de verdad y claro, un hombre que la amara a ella y a su hija tanto como a su propia vida y, su atención por favor -dijo un día el capitán de meseros- Pera nos abandona, deja de trabajar con nosotros, les pido de favor que al pasar a pagar su cuenta dejen su nombre y dirección en el libro de invitados que está junto al teléfono, nos asegura el futuro marido que todos ustedes, sus únicos amigos, recibirán antes de dos días su invitación a vuelta de mensajería y, carajos no vayan a faltar, me ha dicho que los invita con infinito cariño, además de que las cosas están tan caras que sería injusto un gasto que no se disfrutará y, que boda, divina, un pastel enorme como las mismísima Pera, el grupo musical que hacía veinte años estuviera de moda, el maestro de ceremonias como padrino, guacamole con totopos en vez de caviar, ron nacional en vez de las fuentes de vino en cada mesa, crema de champiñones y pollo en salsa blanca, ¿pero, y el novio?, no sé de donde salio ni quien era, no pregunté, para qué hacerlo si aún ahora, once años después, creo sin duda que era el autentico príncipe de algún autentico cuento cumpliéndole a Esperanza, a Pera, el único sueño que le exigía todos los días con todo el corazón a la vida y al cielo desde que supo por cientos de exámenes médicos y la boca de cuatro prestigiados médicos, que sólo le quedaba, a lo mucho, dos años de vida.

Due® 22.4.10

jueves, 18 de marzo de 2010

Creciendo...

Creciendo…

Un día se le acabaron los remedios y con ellos la esperanza. Con el cielo en las espaldas y el agobio entrando en cada bocanada de aire se sentó en la banqueta a morir por fin de forma definitiva.

En ésas estaba cuando en el baldío alambrado de enfrente a su banqueta se instaló el revuelo de un nuevo mundo, gente iba y venia, los camiones de carga ladraban de cansancio y buscaban agua y su rincón para descansar mientras lo de más, lo de todo ese pequeño mundo, trabajaba.

La gente de atrás de la alambrada se movía, unos caminaban mientras otros, los mas fuertes y cabrones, gritaban ordenes que los pequeños de nacimiento y los insignificantes por complacencia, obedecían a regañadientes -lo hemos hecho una y mil veces y aún creen que no sabemos como se arma el mundo entero- pensaban en el absoluto silencio que da la ira contenida al saber que se cumple con la obligación y que sin embargo, los que mandan, los fuertes, e incluso los del dinero, sienten la obligación de repetir la rutina, aquí, allá, donde sea que han de moverse las fieras.

Delante de sus ojos estaba naciendo un nuevo mundo, o mejor dicho; el tiempo repetido y circular estaba organizando frente a sus ojos lo mismo que cada año en la misma fecha sin faltar año alguno, pero que él en su vida ocupadamente adulta no se había permitido ver más desde aquellas tardes en que la palomilla, él incluido, con el mayor de los alborozos colgaba las narices y la mirada de asombro en la alambrada para ver crecer desde su raíz el mas increíble mundo de los mundos.
Fue el día en que cumplió años y sintió en toda la sangre que corría por sus venas, que había dejado de ser niño.

De los grandes camiones exhaustos y sedientos vomitaron tigres y leones al compás de fieros latigazos. Desfilaron, ajak, ajum, ajak; elefantes enormes que sólo comprendían un idioma milenario extinto en el mundo que se hablaba afuera de las carpas. La mujer con barbas se abrazaba con cariño al que él creía recordar como el anunciador de sombrero negro alto, frack negro, simpáticas botas enormes y negras y el genio más negro del mundo cuando recontaba los pocos ingresos de taquilla. Sí, era el mismo hombre de humor negro de otros tiempos ahora con la barba blanca y espalda encorvada ¿Cómo olvidar las corretizas cuando escabullían los ojos por debajo de la carpa?

Finalmente y como si fuera un remedio nuevo para su vida, del camión más pequeño salio una runfla de enanos, unos mas pequeños que otros, otros mas viejos, unos jóvenes, otros así, tan pequeñitos como su corta edad, pero todos con el poderoso alboroto que da la vida plena.

Se puso de pie, ante tal maravilla olvido su irremediable muerte, caminó hasta la puerta del enrejado y se dispuso a solicitar su ingreso al ejército trashumante de trapecistas, payasos, domadoras, fieras y fieras señoras y señores, damas y caballeros, niñas y niños, antes de comenzar la función pasen al kiosco de la entrada por sus deliciosas golosinas, a la salida podrán tomarse la foto con los paquidermos del África central y con su payaso preferido.

En un instante, no supo en cual, se encontró anunciando las maravillas de la vida, de las fantasías, de los mundos lejanísimos y exóticos, y finalmente y en otro breve instante, se dio cuenta, por fin, que hasta los enanos de a de veras y los que lo son por convicción propia, cuando tienen sueños, aunque sea en el Circo…. Crecen.


Due® 18.3.10 hoy en mi “cumpleaños” 33

jueves, 11 de febrero de 2010

el camino

Prácticamente he olvidado todo, incluso el nombre de la hiena de mi madre que me vendió como carne de rastro abierta en canal a los albañiles de una construcción cercana. ¿Mi padre? No lo conocí, puede ser que hasta seas tú, anda, dime, sólo como descargo de tu conciencia, ¿nunca abandonaste a una vieja embarazada? ¿No?, bueno eso ya no tiene importancia, tal vez nunca lo supiste.

Lo que no puedo olvidar son los olores, el olor a sudor mezclado con cemento, el olor del semen descompuesto y el olor del dolor hijo de puta en cada músculo, en el orgullo, en las nalgas, en el alma y en cada hueso.
Sí, el dolor tiene un olor, es de un salado alargado, se percibe con el paladar, no con la nariz. Sí lo sabré yo que lo he paladeado tantas veces, no, de verdad eso no se olvida ¿Cómo olvidarlo si en ese tiempo yo tenía sueños y apenas 15 años?. Te lo cuento por mí, por mi propio bien, al fin que tú no se lo podrás contar a nadie.
En cuanto me den la orden todo será para ti muy rápido, sentirás en el paladar el sabor del dolor, es lo único que te vas a llevar.

Ha de ser de ese pasado de donde me han nacido los rencores, las iras y las ganas de no arrepentirme de nada dos horas después de meterte una bala en la nuca. También de remordimientos se bastante, sé que cuando uno es la victima no duerme, no vuelve a soñar, en cambio el cabron victimario se lava las manos, quizás dos o tres misas y lista, su conciencia queda como recién salida de la lavandería.

Tú me has de perdonar, y si no ni modo, te juro por el altísimo que no es nada personal, te platico esto para que me justifiques tú en tus últimos ruegos, esto que te voy ha hacer ya lo platicaré con el Señor, si es que existe, o con el diablo, si no resulta que también él tiene ética, me fajaré los pantalones y hablare cara a cara con cualquiera de los dos cuando me toque mi turno de dejar este cuerpo de mierda.

Has de saber que ahora a mis 19 años aún tengo metas. Bah, ¿sueños?, tengo metas aunque no lo creas, y también sé que se han de cumplir, sé bien sé que mi destino es ser el brazo ejecutor de esta banda de malditos, ¿brazo ejecutor?, mejor dicho homicida, ¿por cuanto tiempo? Eso no lo sé, pero jamás tuve ninguna oportunidad en la vida. Ya es el momento de forjarme el destino, de iniciar el camino a mi meta, arrodíllate, de verdad lo siento por ambos, pero dime; ¿tú que harías en mi lugar?


Due® 11.2.10

domingo, 15 de noviembre de 2009

Punto final

Era delgado, tendría acaso 23 o 24 años, muy alto pero no tanto como para ser escuchado por el cielo, su mirada era tan lánguida como su alma. En ocasiones daba la impresión de que cuando maldecía, el dueño del averno sencillamente lo ignoraba.

En sí no hay mucho que hablar de él, excepto esta historia y que tocaba el saxofón con un grupo de jazz de mediano pelo. Tocaba bien a secas porque sencillamente se ajustaba a los cánones establecidos por el tipo de música que interpretaba. Él en todo se ceñía a las reglas, no daba más de sí. Se presentaba junto con su banda en un bar de tercera en el centro de la ciudad, su música era pocamente aplaudida los jueves en que los parroquianos eran tacaños hasta con los aplausos, y menos aun, los viernes en los que la audiencia iba a todo, menos a morir de tristeza.

Hasta en ése su mundo no había mucho qué decir de él, su vida eran los libros. Literalmente vivía de ellos, trabajaba de vendedor de tiempo completo en una librería religiosa, la cual tenía tan pocos clientes que la dueña, una mujer sumamente callada y de edad indefinible, le permitía salir temprano los jueves y los viernes para completar en el bar los gastos de su vida, siempre y cuando los demás días, por lo menos una hora, hiciera como que leía con pasión algún libro sentado tras la vidriera del frente de la tienda. La dueña creía que esa era la mejor forma de atraer clientela, ya que su rostro melancólico indicaba a leguas que le urgía encontrar el perdón, ya fuera por la necesidad de comprender la religión, o porque a fuerza de hacer como que leía, leyera y en ello lo encontrara.

En realidad era simplemente mala mercadotecnia, ya que ni leía, ni la clientela se entusiasmaba al verlo. Cualquiera podría creer al ver ese espectáculo tras la vidriera, que el perdón en el mundo entero había pasado de moda.

Ah, es verdad, lo había olvidado, su nombre era Andrik.


Sus piernas delgadas, largas, blancas y bien torneadas la hacían ver más alta de lo que era, sin embargo ella tampoco era escuchada por el cielo. Ella creía a ciencia cierta que las plegarias para ser escuchadas allá arriba, tenían que salir de la altura social y no de la gente que confiaba en que la vida no es una autentica mierda.

A ella, el dueño del averno si la volteaba a ver frecuentemente, lo hacía cuando usaba falda, al parecer le encantaba ver sus delgadas, blanca, largas y torneadas piernas así como el tamaño y color de su ropa interior.

Había estudiado filosofía y letras. La carrera la había cursado en una prestigiada universidad. Su promedio en toda la carrera había sido excelente, así que cuando se graduó y busco trabajo, la vida se encargó de ponerla, para que viviera filosóficamente, en su sitio. La colocó a trabajar de mesera en el mismo bar de tercera en el que tocaba Andrik.

Su nombre tampoco lo recuerdo, así que para efectos de la historia haremos como hacen en la televisión; cambiaremos su nombre para proteger su identidad verdadera, así que la llamáremos Edna.

Edna admiraba en demasía la forma en la que Andrik tocaba el Saxofón, se embobaba escuchándolo y siempre decía para sus adentros; “Sí, ese chico toca de verdad con el corazón”. Andrik a su vez, no se decía nada, pero admiraba también en demasía las blancas, largas y tornadas piernas de Edna.


Cierta noche de viernes en la que un torrencial aguacero dejó seco de clientela al bar, Edna recibió completamente maravillada, y casi a solas, el mejor concierto que jamás había escuchado por parte de Andrik que esa noche tocó sin la banda que debió haberse quedado atrapada en algún congestionamiento vial. Al terminar eran las diez de la noche con diez minutos, el dueño del bar no vió el objeto de seguir con el local abierto, así que les dijo a ambos: “Con esta tormenta de mierda no ha salido en la cuenta ni para mi taxi, tendrán que venir mañana por la paga, hoy pueden irse temprano, me duele tanto la cabeza que ya no aguanto más”.

Así fue como ambos se quedaron completamente a solas, debajo de la más oscura noche, sin dinero, en la calle y completamente empapados. El aguacero no había cesado.

Edna miró fijamente los ojos verdes de Andrik, y él a su vez, usó por primera vez en la vida con provecho su lánguida mirada, miró sin pena alguna las blancas, torneadas y largas piernas de Edna.

Sin palabras la magia se dio entre los dos, se tomaron de la mano y caminaron en silencio hasta el departamento de Edna. Al día siguiente, sin gripa ni sin sexo de por medio, ambos fueron al bar a cobrar junto con su indigencia, la mísera paga de la semana. Ese mismo día, Andrik mudo, mudó sus cosas al departamento de Edna quien lo recibió también filosóficamente muda. Entre los dos la miseria, las sábanas y el frío, podrían ser, tal vez, más soportables.


Se enamoraron con el paso del tiempo, ninguno de los dos era aficionado a las palabras, sus días transcurrían entre la monotonía del café amargo de las mañanas, la del trabajo y la de las sábanas blancas que jamás volaban de pasión. La noche que estuvieron ciertos de que lo que circulaba entre ellos era amor, cerraron en silencio las ventanas y las persianas. No querían que lo único que la vida les había regalado de la nada, así, sin oraciones hacia arriba, ni pactos hacia abajo, se les escapara.


Al poco tiempo de que el amor llegó en silencio a sus corazones, Edna comenzó a escribir letras inspirada en las melodías que Andrik le dedicaba cada vez que podía o cada vez que practicaba. Edna jamás había escrito nada que no fuera tratados de filosofías arcaicas, de doctrinas de algún che desconocido muerto a balazos en Bolivia al lado de algún inmortal Che, o la maravillosa tesis con la que se graduó y que a no ser por los sinodales de su universidad, nunca jamás fue leída de nuevo.

Por supuesto que las letras que ella componía con la música de Andrik eran acordes, completa y absolutamente acordes a la melancolía de las notas que el saxofón parecía desgarrar de la oscuridad de la noche o del llanto del mismísimo viento cuando anuncia una tormenta.

Extrañamente la tristeza de los ojos de Andrik se hacía mucho más pronunciada cuando tocaba inspirado por las letras de su amada. Andrik tocaba con virtuosismo, ya no se apegaba más a las partituras, ahora tocaba con sentimiento, con todo el sentimiento con el cual Edna escribía en cada hoja los poemas arrancados del sonido del saxofón y que parecían escritos como si en ellos dejara parte de su vida. Y así era.



Esta práctica de escribir con el alma entera por parte de ella, y la de él de tocar inspirado en lo que ella escribía, se hizo un círculo vicioso, tan vicioso que una noche en la que Edna estaba sentada escribiendo frente a la mesa de la cocina que le servia como escritorio, cayó, sin ningún motivo aparente, desmayada en medio de la taza de café frío y el cuaderno de apuntes.

A partir de esa noche Edna comenzó a perder peso, sus blancas, largas y torneada piernas apenas eran dos pabilos insípidos. Los desmayos se hicieron más alarmantes y frecuentes. Acudieron con varios médicos y ninguno encontró, después de un altero enorme de exámenes médicos, la causa de su enfermedad.

Acudieron a la medicina alternativa, a la herbolaria, a la homeopática, incluso Andrik compró en la misma librería donde trabajaba una Biblia sin descuento que colocó bajo la almohada de ella como si la fe se transmitiera por osmosis o por algún tipo de milagro. Nada, la pobre chica seguía perdiendo peso. En su cuerpo no se le veía ya casi nada de carne y en la mirada casi nada de alma. Tan mal estaba que el dueño del averno definitivamente ya no volteaba hacia arriba.


Una tarde, casi de noche, Andrik, sumamente preocupado regresaba en metro de la librería al departamento. Por primera vez, desde hacia mucho tiempo miró hacia arriba como quien eleva una oración, y ahí, enfrente de su mirada, como si fuera un aparición divina, encontró un cartel con la dirección de un famoso medico chino en la calle de Dolores, pensó que nada se perdería si acudían a él.

Llegó agitado de subir corriendo los cinco pisos hasta el departamento, abrió la puerta, aventó la chamarra, se frotó la cara y ahí enfrente de él se encontró a Edna sentada en el sofá de la sala junto a una ventana abierta, las persianas también lo estaban, él no se dio cuenta de ello. Edna cubría sus piernas con dos cobertores, su rostro era mucho más pálido que en la mañana cuando él la había dejado para ir al trabajo. Andrik miró la mesa de la cocina, se dió cuenta que ella había, haciendo un enorme esfuerzo, escrito un nuevo y largo poema.

Edna, tomó cariñosamente entre sus dos manos que ya eran casi de cadáver la de él, y le dijo con voz apagada pero firme: “amor, esta noche, después de escribirte un poema he sentido que el alma me flaquea y quiero pedirte algo” -en realidad era la primera vez que ella le pedía algo a alguien, así que Andrik no podría negarse- continuó diciendo “quiero pedirte que esta noche subas a la azotea y con mi poema como partitura me hagas recordar aquella noche cuando nos tomamos por primera vez de las manos, quiero sentir en el cuerpo el sonido de tu saxofón, nunca te lo he dicho, pero cuando lo escucho es como si te oyera a ti diciéndome cosas hermosas al oído, esas que por tu forma de ser y que siempre he respetado jamás me has dicho -. Andrik le dijo atropellando sus propias palabras lo del doctor chino, pero ella le pidió de nuevo que cumpliera su deseo.


Andrik fue a la recámara, se puso una camisa negra, la misma con que tocaba en el bar y que a Edna tanto le gustaba, sacó el Saxofón del estuche, se peinò y fue a la sala, besó cariñosamente la frente de Edna y le dijo que lo que le pedía era extraño, pero que sin duda la complacería.


Subió como si le pesaran las piernas a la azotea, se colocó de tal manera que la pared del edificio de enfrente rebotara su música para que llegara más clara a los oídos de su amada. Abrió el cuaderno en donde Edna le había escrito a modo de partitura el poema. Desde que lo vio sin leerlo, sintió que ahí, en esas letras estaba el alma entera de ella.


Se sentó en la cornisa, colocó como pudo enfrente de él el cuaderno de Edna y comenzó a leer y a tocar. Las notas mágicamente adquirieron vida, Andrik tocaba mejor que nunca, tocaba poniendo casi toda su alma en el alma toda de su amada. La noche se desgarró, el viento llevaba como cascada infinita las notas a la ventana de Edna que escuchaba sumamente conmovida atrás de ella. De pronto las notas parecieron ser realmente de agua, agua que disfrazaba el último llanto amoroso de Edna.


Hay gente que dice que esa noche llovió como si llorara sin consuelo la noche, la realidad es que no llovió. Hubo otros que juraban haber visto que en el cielo una nube negra se abría formando un extraño palco en el que los espectadores eran ángeles de alas brillantes y eternamente blancas. Otros llamaron a la policía reclamando que tanta luz como salía de esa música no dejaba dormir a nadie más que a los niños pequeños y a los adultos grandes que le temen a la oscuridad.

La música del saxofón de Andrik se escuchó en todo el barrio. La gente que pasaba abajo del edificio se aglomeró para mirar hacia arriba impactados por la bella tristeza de las notas que parecían salían la cornisa. Desde abajo no había forma de que nadie, mas que el dueño del averno, pudiera ver quien era el intérprete.


Andrik tomó aire y puso casi todo lo que le quedaba de alma en las últimas líneas del poema de Edna. Y tocó, tocó, tocó como nadie nunca podría hacerlo, cada línea de Edna cobró vida, cada nota de Andrik cobró aliento. Dos lágrimas ardientes salieron de sus ojos con la última nota.


Andrik bajó de la cornisa con el saxofón abrazado junto a su corazón. El viento deshojó el cuaderno de Edna. Sus poemas, o sea, las partituras de Andrik, se perdieron libres entre las azoteas de los demás edificios, algunos otros cayeron al piso de la ciudad mezclándose con la basura.

Andrik bajó las escaleras hasta la calle sin detenerse a mirar ni un segundo la puerta del departamento, no había razón para hacerlo.

La gente apostada abajo del edificio aplaudía. A quien no le habían rodado lágrimas tenía por lo menos, los ojos completamente húmedos y el corazón encogido. Esperaban pacientes en la puerta del edificio para conocer al autor de tan bello concierto.

Andrik salió sin que nadie lo viera por la puerta de atrás del edificio. Caminó por el oscuro y largo callejón que se formaba entre los edificios. Justo en medio de la callejuela recargó con cuidado el saxofón en la pared, jamás en la vida volvería a tocarlo, secó sus ojos, escupió al suelo con infinita rabia, “ahí tienes maldito, disfrútalo, jamás volveremos a ver de nuevo las piernas de Edna”, dijo, y comenzó a caminar un camino sin rumbo que jamás, mientras tuviera vida, terminaría.


La calle guardó respetuosamente silencio, un minuto nada más. Ella, la calle y Andrik sabían que no quedaba nada más que hacer ahí, el destino, si es que existe, se había cumplido


Adentro del departamento el alma de Edna había volado de su cuerpo con la última nota del saxofón. Su cuerpo yerto, había exhalado el último aliento de vida al mismo tiempo que en la azotea, Andrik su amado, había leído y tocado del poema, el punto final…



Due® 2octubre09


“Lagrimas blancas”

http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-melancolicos/248843-lagrimas-blancas.html#post2502446

viernes, 13 de noviembre de 2009

Lágrimas blancas

Lágrimas blancas



El destino es destino y caprichoso como es,

se mueve de manera misteriosa

hasta juntar o separara a las personas,

a ellos los puso en su lugar,

de ello jamás quedó duda.



Hacía mucho tiempo que había partido de lo que fuera su mundo. De la nada, justo cuando mas vencido se encontraba le llegó dinero, no mucho, lo suficiente para irse a un pueblo lo suficientemente lejano y tan rodeado de mar, que era casi imposible que alguien ahí lo conociera.

Pusieron un cafetín al que le pintaron las paredes en sepia, ya que ambos decían que ese color albergaba muy bien los recuerdos. Las sillas, las mesas y la pequeña barra, lucían nostálgicamente su pátina natural. Para darle algo de vida colocaron tres macetas. Las dos de adentro lucían sendos laureles de la india, el de afuera, que como incansable guardián esperaba, esperaba incansable a que una semilla de quién sabe qué, germinara.

Tiempo después de la inauguración, la gente que atestigua y cuenta hoy en día ésta historia, llamó a ése local “Lágrimas Blancas”. Aún se dice que la tarde-noche que el local se inauguró, las voces y la música que de ahí emanaban era de gente que auténticamente masticó, ahí, hasta la ultima migaja de melancolía. Todavía hoy hay quien dice que en las noches, cuando la luna es apenas un filio tenue de plata y parece sonreír, escurre agua salada por debajo del abandonado local. Pero estos son sólo rumores de gente que no comprende que la luna sólo sirve de refugio de amantes en lejanía, y que influye, sí, en las mareas, en el sentimiento de escritores, de músicos y poetas, pero definitivamente no en los ojos de la gente.

El dueño del “Lágrimas Blancas” había sido publicista, en realidad nunca se supo mucho de él, sólo que un día la publicidad en un golpe de necedad nacional, determinó que requería sangre nueva, que la de antes, la que circulaba calidamente en las arterias fuertes de su edad, ya no era propicia para ejercer sobre de ella la imaginación.
El universo se le había movido, se lo dijo claramente lo claro que se le fue poniendo la barba y el pelo, sonoramente se lo musito el crujir de las rodillas, se lo insistió el agotamiento del corazón que solamente se cansaba al caminar calle tras calle sin esperanza, y los dedos que ya le dolían de tanto barajar su currículo en las agencias donde ya reinaba, neciamente, sin tronos ni meritos aún, la juventud.

Un día, cuando le llego de la nada el dinero y se dio cuenta que no valía mas la pena seguir buscando su porvenir ahí, tomó camino, se subió sin ver el rotulo del destino que llevaba en la frente el primer autobús que salía de la terminal justo en el momento que él llego ahí, dejó que la suerte le moviera el futuro y acabó allá, lejos, en ese pueblo con mar.

No lo pensó dos veces, cerca del malecón había un local en renta, lo tomó y el primer mes lo utilizo como departamento mientras esperaba a que le cayera de la botella de ron la idea que le permitiera usar adecuadamente lo poco que le quedaba de aquel dinero.
La idea no tardó mucho en llegar, fue justo cuando no encontró ron en la tienda de conveniencia y entró a un bar que estaba ubicado donde antes había sido el banco municipal, la ventaja de tomar acompañado de desconocidos
-según decía él- es que la lástima y la conmiseración duran sólo lo que dura la bebida, ni una gota mas, ni una amistad menos. Junto con el ultimo billete llego el ultimo trago, y con ello se terminó la compañía de conveniencia, la justa relación entre el dinero, la compañía y el beber, casi siempre es definitiva, y mas cuando no se conoce a nadie en el lugar donde se está bebiendo.
Ya estaba abriendo las puertas abatibles del bar, cuando escuchó a alguien que decía que era una verdadera lástima que no hubiera ni un sólo café en ese pueblo, que las tardes-noches deberían ser muy románticas al abrigo de un buen aroma aún a solas, o que definitivamente las mañanas hablarían honestamente del mañana tomando un buen café mientras se cuentan con ocio las olas del mar.

Al día siguiente y aún con resaca, salió a comprar lo indispensable para convertir su frió departamento en el cafetín de sus sueños. En realidad jamás había soñado con terminar sus días atendiendo un café, pero últimamente sus sueños eran de una soledad tan inmensa que no le vio nada de malo en darle vida a un nuevo proyecto, aunque éste estuviera pintado de color sepia. Además, no había nada que temer, pues nada le auguraba que ahí, podrían terminar sus días.

Andrik había salido huyendo de su pasado muy despacio, sin mirar a nunca atrás. Huía de la ciudad que lo vio nacer, de la rutina en la que se había convertido su vida antes de Edna, y de su amor que había muerto de amor literalmente.
Vagó dos años sin rumbo, viajó tratando de olvidar o de encontrar una nueva vida que no se pareciera en nada a aquella que le había destrozado el alma. La música, algo de jardinería y vender enciclopedias religiosas era lo único que sabia hacer. Al no haber suficientes clientes para la religión, vivió de cegar el pasto y arreglar jardines, los que dejaba hermosos, sin embargo al día siguiente, después de que se iba de ahí y seguía su camino, morían sin remedio las rosas, los claveles y las azucenas, solamente la hierba o algunas flores a la que le caían gotas de sus ojos sobrevivían a sus atenciones. De la música no quería saber nada.

El destino de Andrik lo había llevado a ese pueblo con mar, se encontraba trabajando en una tlapalería, estaba convencido de que la vida le iba menos mal cuando no convivía con cosas que tuvieran que morir algún día. Sin embargo y aún a pasear de que la razón le indicaba que no lo hiciera, acepto arreglar un martes el jardín de su patrón. En alguna charla, sin que él se hubiera dado cuenta, había comentado que los jardines le quedaban bellos. Él jamás se había quedado mas de un día al lado de ningún jardín que hubiera arreglado, lo hacia sólo por ganar algo de dinero y así poder seguir vagando, jamás para apreciar su arte, el arte había muerto para él la misma tarde-noche en que Edna había muerto sola en su departamento cuando él, desde la azotea, le leyó en música el Punto Final del poema que ella le había escrito con toda, absolutamente con toda el alma.

Así pues, fue la tarde siguiente a la poda del jardín cuando se enteró, por una andanada de majaderías por parte de su patrón que efectivamente, el martes había sido su jardín el mas hermoso que jamás se hubiera visto en ese pueblo con mar, pero que a la mañana siguiente las rosas cultivadas para una importante exposición habían muerto al parecer de muerte terminal, ya que hasta el tallo se había secado. La andanada de improperios degeneró en golpes, el dueño del jardín estaba realmente furioso y no midió las consecuencias, Andrik, por su parte, si algo había aprendido en la venta de literatura religiosa era poner la otra mejilla, la puso, y recibió tan desagradable puñetazo que salio, junto con su sangre, prácticamente volando a la calle. No trato de defenderse, se puso de pie con toda la dignidad que pudo solamente para no ser derribado de nuevo por el otro puño que en su otra mejilla puso el frustrado expositor de rosas cultivadas. De los golpes siguieron los puntapiés. Andrik, hecho un ovillo en el suelo, recibió cada patada en silencio, su vida y la muerte de Edna le habían hecho dura el alma, por desgracia no así el cuerpo. La sangre que salió de su cara fué lo único que hizo que su patrón se compadeciera, diera media vuelta y lo dejara sufrir a solas las heridas

Es así como se conocieron el dueño del local al que ya hemos mencionado y Andrik, ya que cuando las fuerzas y el coraje abandonaron al dueño de la tlapalería, éste dejó al joven también abandonado a la orilla de la banqueta como perro recién atropellado en el mismo momento que el dueño del futuro cafetín daba la vuelta a la esquina. Él lo miró en el suelo, nunca supo que sucedió, simplemente se apresuro a ayudar a que se levantara el muchacho, quien de tan maltrecho y desorientado como estaba y al ver a un desconocido tendiéndole la mano, no sabía si agradecer o tirarse de nuevo al piso para recibir mas castigo. Andrik agradeció por supuesto.

Caminaron en silencio rumbo al local, en el camino y casi sin palabras ambos entendieron que sus vidas eren muy similares, los dos se reconocieron como pasajeros solitarios del destino, así que cuando llegaron al local, él invito al joven a pasar y le dijo que lo que ahí tenía para ofrecerle no era mucho, pero que sí era suficiente para medio sanar su alma y remendar el cuerpo después de tan fuerte sacudida. Andrik agradeció de nuevo.

Una vez instalados y bajo el refugio de las paredes del local, él abrió una botella de ron blanco autentico del caribe, el ron es buen antiséptico para las heridas y en ocasiones también para el alma –le dijo-, además muy sabroso cuando se toma sin soda, ni coca, ni hierbabuena y por supuesto, sin hielo.
Charlaron de lo excelente que es el guano de murciélago para las cosechas de caña. De la altura que debían tener las tierras donde se cultiva el café para acentuar su delicioso aroma, su mágico sabor y que pierda la acidez a la que están tan acostumbrados los bebedores de café que se sientan en lugares caros sólo por moda y no para entender que del aroma del café se pueden escribir cientos de historias y hasta alguno que otro poema. Hablaron también de la inmortalidad del cangrejo y de la escasa virginidad que debe quedarles a algunas playas que son el punto de incontables documentales después del paso de los equipos de producción y filmación que olvidan, para no cargar de regreso, toda la basura que llevan como equipaje en las mochilas profesionales de explorador y en la inconciencia del corazón.
Después de varios tragos, cuando sólo la dignidad le quedaba doliendo al joven y ambos estaban un poco mareados, éste aceptó la propuesta de él de quedarse, de ayudar a instalar el nuevo cafetín y correr con él la misma suerte, fuera la que fuere que les tuviera deparado el destino en ése pueblo con mar.

Arreglaron y pintaron el local, el color de los recuerdos hacía resaltaran de forma maravillosa las dos macetas con los laureles de la india, arbolitos que por supuesto crecían con miedo sin saber que de antemano estaban vetados a las manos del joven. De la maceta de la entrada se olvidaron, por más que la regaban, la semilla no germinaba, seguía esperando.
El local era amplio para el propósito destinado. Después de acomodar y reacomodar una y otra vez las mesas y de poner aquí y allá una pequeña barra con algunos bancos solitarios para los clientes que llegara sin pareja, ambos se dieron cuenta que justo en medio de los baños, en la parte de atrás del local, por más que reacomodaran, justo ahí, siempre quedaba un espacio al que no le hallaban utilidad práctica.

Por las noches, agotados de tanto reacomodo y cuando no había más que hacer, los dedos de él, como poseídos, abrían con singular alegría botella tras botella de ron, Andrik hacía lo de siempre, se dejaba llevar por el curso de los acontecimientos, así que sin chistar, bebía. Para el joven el ron si debía tener por lo menos dos cubos de hielo, pero jamás lo mencionó. Les encantaba charlar y lo hacían sin importar el tema, sin embargo, cuando no estaban de humor para hacerlo, el dueño del local se sentaba en un rincón apartado, al cual durante el día le daba poca luz, y durante la noche solamente era iluminado por una tímida mirada de la luna. Escribía, en ocasiones escribía sólo unos minutos y en otras lo hacia por horas, lo hacía sobre las hojas blancas de una libreta negra que siempre cuidaba con mucho celo.
Andrik a su vez, miraba por una ventana al infinito, le miraba como si el infinito le amara y le pidiera paciencia, en ocasiones volteaba la cara como exponiendo su oído a lo eterno y alguien desde allá le dijera, falta poco, no desesperes.
En una de esas noches, Andrik se quedó a solas en el local mientras él iba a la tienda por otra botella de ron y cigarrillos, la curiosidad propia de su edad y la media borrachera lo obligaron a acercarse a la barra en donde por un descuido se había quedado olvidada la libreta negra. Andrik tenía el tiempo suficiente para dar una ojeada sin que él se diera cuenta de la intromisión a su regreso, la curiosidad, como casi siempre le ganó a la razón, pudo más que el respeto que debiera tenerle a la intimidad de aquel tipo que sin conocerlo, sin preguntas, ni recelo, le había brindado su mano. Abrió la libreta, comenzó a leer, la saliva se le solidificó en la garganta, le costaba trabajo respirar y aún así seguía leyendo, las rodillas le flaquearon y se sentó en uno de los bancos destinados para los clientes sin pareja, comenzó a temblar, los ojos se le nublaron, de un golpe le llegó el recuerdo de Edna, por un momento se sintió de nuevo en aquella azotea en donde leyó con música el punto final del poema que su amada le había escrito con toda el alma, el efecto del ron desapareció, el temblor de su cuerpo se hizo incontrolable, escurrieron por sus mejillas dos pesadas gotas, leyó un poco más y como un autómata se encaminó hasta donde guardaba su mochila, la abrió y guardó en ella su chamarra que era lo único en su vida que estaba afuera de ella. Él, su protector, escribía poesía. Andrik enjugó sus lágrimas, caminó hasta la puerta y salió.

Minutos después él regresó y se dió cuenta que el joven no estaba, dejó el paquete de cigarrillos y la botella de ron sobre la barra, salió a la calle a buscarlo, apagó el eterno cigarro que siempre llevaba encendido en su mano, lo hizo en el tiesto que afuera del local esperaba como guardián. No tuvo que camina mucho, lo vio a lo lejos sentado en el malecón, el mar estaba bravo, no había ni un alma, sólo Andrik y su eterna tristeza.
Él lo alcanzó y se sentó a un lado, el joven lloraba, lo hacía por primera vez desde aquella noche en que tocó el saxofón en la azotea del departamento de Edna, sintió un brazo que se le posaba sobre los hombros. En ése momento las fuerzas de Andrik se agotaron, no podía mas, el dolor de su alma era infinito. Al sentir que era abrazado, por fin habló. Le contó el amargo recuerdo que le traía la poesía, sin pensarlo -en ocasiones las personas no miden el valor de las palabras y las dicen sin mas ni más- le llamó traidor, se lo espetó a la cara por no haberle contado antes que eso era lo que él escribía. Él se disculpo honestamente y le dijo que todos tenían un secreto en la vida, además tú, Andrik, jamás me habías contado que tocaba el saxofón y jamás habías dicho ni un palabra sobre Edna -le respondió a modo de defensa ante la terrible palabra-, el joven no prestó mucha atención a la disculpa y continuó hablándole de ella, le platico entre suspiro y suspiro de las delgadas y torneadas piernas de Edna, de su amor por ella que jamás le dijo con palabras y de lo arrepentido que de ello estaba, lo hizo de tal forma y con tan profundo cariño que en ese momento comenzó a llover, la forma de hablar de su pasado era tan conmovedora que en el rostro de ambos se confundieron las gotas de la lluvia interna, con el agua que caía del cielo. Esa noche, además de abrirse las puertas del cielo, se abrió plenamente el alma de ambos.

Nunca se supo si el contar su historia, o el llanto honesto de un hombre maduro le sanaron parte del alma, sin embargo esa parte que le sanó lo hizo de tal manera que accedió a que el cafetín fuera de tipo bohemio como él lo tenía pensado, Andrik tocaría el saxofón mientras todo aquel que quisiera, leería para los demás aquello que estuviera dispuesto a leer, siempre y cuando lo hubiera escrito desde lo mas intimo de su alma. Fuera o no poesía.

Así pues, al poco tiempo el cafetín quedó armado y listo para ser inaugurado, el espacio al que no le habían encontrado utilidad sería un foro acaso para dos personas, se instalaría un atril para que en él se leyera, ambos creían que mientras mas cerca de ese doloroso recuerdo mas rápido sanaría el alma del joven. Andrik supuso que había algo de cierto en ello.

El día de la inauguración ya habían escogido meticulosamente a su clientela, no fue necesariamente gente madura, la madurez no es sinónimo de sensibilidad así como tampoco la juventud lo es de la pendejes, así que ni el sexo ni la edad influyo en ello. Mas bien escogieron gente con la que ya habían platicado en alguna ocasión, gente a la que se le veían los sueños por encima de los parpados y del alma, personas a las que se les notaba hasta en el nombre que conocían de los colores de las letras con las que se escriben los verdaderos enamorados y por los que llora con envidia el arco iris. Gente que podrían apostar sin ningún tipo de prejuicio, que el amor vive en el corazón de los enamorados que se respetan, que vive ahí por siempre, aún después de hacer el amor. Gente que juraría sobre los pétalos deshojados de cualquier margarita muy bien interrogada, que la única duda que nace sobre el cadáver de esa flor, es la brevedad que hay entre el; “me quiere ….. no me quiere…”

Una vez que el local se llenó, comenzó la singular tertulia. Andrik en un rincón sostenía el cuerpo y su dignidad sobre una de sus piernas, la otra la recargaba en la pared mientras acariciaba el saxofón al que le extraía maravillosas notas mientras los espectadores, a modo de aplauso, soltaban sonoros suspiros al tiempo que cubrían su rostro para evitar que alguien mirara hacia adonde iba dirigido ese beso no dado.
La palabra, la palabra auténticamente salida del corazón de los invitados se mezcló con las notas del saxofón y el aroma del café, la palabra cobró vida, hasta un te odio, un olvido, un te extraño, se mecían al compás de las notas del saxofón que tiernamente las besaban y acariciaban. Se escuchaba en el local el bum bum vibrante de cada corazón. En ése lugar y en ése momento no cabía el pudor, ni la mentira, todos estaban al borde de un ataque real de melancolía, las lágrimas brotaron de cada ojo, de cada corazón, de cada alma, la razón suspiraba amargamente, la música y la palabra se abrazaban, se hacían el amor mientras bailaban. Brotaba tanta agua contenida por los años y la incomprensión que el local comenzó a inundase, el agua era tan calida que nadie se dió cuenta cuando les llegó a las rodillas, los sollozos continuaban, las lagrimas se volvieron incontenibles, de todos lados salían versos y verbos que algún día estuvieron a punto de morir en el desamparo de la inmovilidad, los presentes estaban en un estado de gracia tal que cerraron los ojos mientras el agua tibia los cubrió por completo. Las últimas palabras que escucharon antes de morir ahogados, fue su propio te amo, ése que se quedó en el corazón de alguien que no supo valorarlo…

Al día siguiente el primer madrugador que pasó por el local se dió cuenta que por debajo de la puerta salía agua salada, agua de mar, agua real y sin peces, agua blanca, agua con sustancia del alma. Se alarmó y habló a la policía. Cuando ésta llegó, abrieron a la fuerza con una enorme palanca la puerta del local. De allí salió una cascada de agua blanca con aroma a café y mar. El torrente arrastró consigo los cuerpos de los invitados.

El primer cadáver que salió de un golpe hasta la calle, fue el del hombre maduro, su rostro estaba seco, sus ojos abiertos parecían mirar sin perder ningún detalle su sueño. De los demás cuerpos lo único que los diferenciaba de los ahogados en los maremotos o los naufragios, era el fresco olor a flores que despedían.
El cuerpo de Andrik jamás lo encontraron.

Tiempo después, en aquel tiesto que fue olvidado afuera del local, nació un árbol lánguido, casi sin chiste del cual en cada primavera, crecían unas pequeñas flores blancas que duraban vivas sólo un día. En la noche cuando se secaban, volaban con el más sencillo viento que por ahí circulara. Jamás nadie vio ni un pétalo de ésas flores en el suelo, todas volaban cual finas mariposas hasta aquel lugar del malecón en donde dos hombres de diferentes edades, una noche, abrieron su corazón…


Due® 10nov09

“Punto final”

http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-melancolicos/241182-punto-final.html

sábado, 7 de noviembre de 2009

Juan, Juan, y Juan

Si señorita, lo de siempre, café americano sin crema ni azúcar. Lo mismo de todos los martes a ésta hora. Ya sabe usted que los caballero así lo tomamos por lo menos para serlo mientras el café dura…

Es verdad, el martes pasado no vine, pero ya lo vé, era martes 13, y no es que yo crea en supersticiones, no, la pata de conejo que guardo en el cajón del ropero es para que conjure de todo mal y las polillas a los recuerdos que ahí guardo, ¿Cómo supo que tenia una?, bueno da igual, le decía que esos días prefiero quedarme en casa acompañado del destino, así, sea lo que sea que me tenga preparado me lo dará rápido, de un golpe, sin temores, no tendrá mucho que recorrer para llegar a mí, ésos días ahí, leyendo en casa lo espero.

Gracias señorita, éste café huele divino, solamente el aroma del amor delicadamente sazonado con sexo huele mejor….

Pero mire, hablando del destino ¿no es ése joven qué está riñendo con la chica en aquella mesa, aquel que se sentó aquí a escucharme sobre lo de las diez y diez de mis mañanas?, dos veces que lo veo y dos veces riñendo con la novia, sin duda el amor es muy complejo.

Pero qué dice usted, ¿qué riñe con ella por mi culpa?, él quería presentármela y ella no quiso, pues buenas razones ha de tener, sin embargo me halagan, por fin soy la manzana de una discordia.

¿Dice usted qué Jesús quiere venir a mi mesa?. Pues más me halaga hoy el destino, el hecho de que un Jesús, sin importar cual, quiera venir a mi mesa, no es cosa de todos los días.


Hola joven Jesús, veo que ha peleado con su dama.
Tiene razón, habíamos quedado de hablarnos de tú, lo haré con gusto, pero no me regañe, no me gustaría empacar mi café para largarme desairadamente como lo hizo su novia. Y vé nada mas, llueve allá afuera como la vez que te conocí. Se empapará de nuevo y de nuevo por tu culpa. Espero que en la intimidad suceda lo mismo...

Pero cuéntame Jesús, ¿que te trae por aquí? ¿Dices que te quedaste intrigado con lo que te conté del milagro de Juan Diego?

Me da risa, y me agrada tu inquietud, pero te diré que yo sólo creo en los milagros diarios; creo en el aroma de una flor y en el milagro de que ese aroma se repita sobre la piel de una mujer a la que se ama. Creo en el nacimiento y en la resignación que se debe tener al comprender que somos simplemente temporales. Creo en la vida, no en la tuya o en la mía, simplemente en la vida. Creo en el milagro del despertar cada mañana después de convivir con hadas o fantasmas en aquella dimensión que se llama sueño. Creo en el milagro de que haya ocasiones en los que Dios se toma su tiempo libre para pintar el horizonte, o cuando decide que el curso de un río no está donde él lo dejó y aún a costa de la propia vida decide arreglar lo estropeado, creo en el milagro que existe en el respirar aún contra nuestra propia voluntad cuando fumamos, ¿tú fumas? ¿No? Haces bien, fumar y apostar es la forma mas pendeja de quemar el dinero. Sin embargo cada quien hace lo que se le da la gana y ya ves, el estar aquí vivo después de tanto humo ¿no crees tú que sea un verdadero milagro?

Pero es verdad, lo que tú quieres saber es la historia de un milagro especifico, ése por el cual tenemos a Juan Diego de Santo. No, yo sólo soy católico porqué en mi época de primaria había que ser algo, sin embargo soy agnóstico esperanzado, mi ser supremo me permite hablarle así como me permites que te hable a ti, de frente sin rodeos además siempre me escucha y desde el principio me dejó en claro que para mis pedimentos sólo tiene tres respuestas, y que la más importante no siempre han de gustarme.

Es verdad, tienes el tiempo justo y haces bien, a la vida lo único que no le sobra es tiempo. Ya me desvié de nuevo. Lo que a ti te interesa es escuchar la historia de los tres Juanes, pues bien, te lo contaré.

El primer Juan de la historia, es aquel que te platique que fue mí compañero de trabajo en la agencia de publicidad. Pues bien, él en su juventud, daba clases de artes marciales en un gimnasio de la calle de Porfirio Díaz en la Col del Valle, casi en la esquina que se hace con la calle de Pilares.

Pero mira, me gusta tu inquietud y que me interrumpas en cada ocasión que no comprendes, creo que ya te lo había dicho, no hay preguntas pendejas, hay pendejos que no preguntan, aléjate de ellos, ellos todo lo saben y lo que no, lo inventan. Son muy peligrosos, gustan mucho de contagiar de su mal a la gente.

Claro que hay una calle con el nombre del dictador y parte casi a la mitad la colonia ¿porqué tiene la calle su nombre?, a ciencia cierta no lo sé, pero te diré lo que mi abuelo, el profesor, me dijo cuando le hice la misma pregunta; la calle está en honor al dictador antes de que fuera general, cuando su honor era limpio, cuando lucho por el país, cuando el interés personal y el poder no lo había corrompido, cuando aún hacia, seguramente, el amor con amor en una sola cama.
Como puedes ver, hasta los sátrapas pueden tener un lado bueno, lo mismo que la historia nacional, la escriba quien la escriba. Y nos duela a quien le duela.

Pues bien, en el tiempo aquel en el que Juan daba clases no había tanta comunicación como ahora, incluso en esa colonia de clase media alta que fue la Del Valle había vecinos que no contaba con teléfono.

Nada más para que te des una idea de lo que era la ciudad en aquellos tiempos te diré que Juan sacaba a la calle, si, a plena calle a los alumnos más pequeños a jugar fútbol y no había autos que los pusieran en peligro. Los padres de los niños se sentaban en la banqueta a ver como jugaban sus hijos.
En primavera debe haber sido muy bello ese espectáculo, ya que esa calle esta llena de jacarandas y el piso se pinta de un violeta tan hermoso que sólo se compara al color de la risa de los niños jugando.
Fíjate que la última vez que crucé esa calle, hace un mes, me tardé más de once minutos. Ahora juegan en ella los mismos chicos de aquel tiempo, pero juegan a cruzar la calle sin golpear su auto contra otro auto y sin saber que en ese otro auto puede ir algún compañero de antaño.

Como podrás darte cuenta, Juan conocía a la gente lo mismo que la gente de la colonia lo conocía a él.

Había un chico en especial, digo que especial porque en ese tiempo no era común ver a jóvenes bien vestidos, y de buen ver para las chicas, vagando por las calles de la colonia con el pensamiento extraviado.

Algunas personas decían que ese chico estaba loco, otros más decían que siempre estaba drogado, la realidad es que él vivía su mundo sin hacer daño ni caso a nadie.
Ese joven también se llama Juan. Si, mi joven amigo, lo dije bien, así en presente, porque aún se llama, claro, aún vive, su nombre completo es Juan José Barragán, su nombre no lo olvidaría jamás, además yo mismo lo ví el año pasado, creo que ahora vive en Estados Unidos, debe haber estado por aquí de vacaciones, lo ví en el parque de Tlacoquemecatl, mientras mi hijo y yo comíamos los mejores tacos de barbacoa que te puedas imaginar ¿los conoces?, pues te los recomiendo, tú preguntas cualquier viernes por Samuel, ya te sabrán informar.
Le conté a mi hijo ésta misma historia y él me platico que veía seguido en verano a Juan José por las calles, caminando solo, sólo caminando.

Bueno, la historia es simple, sencilla, lo que es casi increíble es conocer a alguien que vivió de cerca un hecho que a la postre serviría para la canonización de un Santo.
Tú puedes creer o no en milagros, si no crees no importa, el hecho es igual de curioso ya que también es difícil conocer a alguien que esté en el momento mismo en el que se escribe la historia, y no hablo de mi historia, hablo de la del Vaticano, cualquier día puedes corroborar lo que te cuento en sus archivos. Si, claro, están en Internet, a la mano de cualquiera, sólo hay que saber buscar.

En fin, el caso es que un 3 de mayo de 1990 Juan José, decidió, por alguna razón aventarse de cabeza por la ventana de su casa, de ésa ventana al piso son 10 metros. Quedó sumamente maltrecho, varios huesos rotos, el cráneo abierto, al grado de que los ambulantes cuando llegaron por él, dijeron que había muerto.
Su madre bajó a su lado lo mas rápido que pudo, la señora se llama Esperanza (¿casualidad?) y pidiendo a Juan Diego por la vida de su hijo se subió a la ambulancia y ambos parieron al hospital.

Juan, nuestro conocido Juan, fue quien pidió por teléfono la ambulancia después de que dos jóvenes llegaran al gimnasio pidiendo ayuda. Juan salió y fue a la esquina de Pilares Y Fresas y ahí mismo vio en el suelo a Juan José y a su madre Esperanza arrodillada, rezando llena de esperanza.

Juan José fue desahuciado al llegar al hospital, tenía severa fractura de base del cráneo.
Su madre, al saber que estaría Juan Pablo II en México para interceder por la canonización de Juan Diego sintió un fuerte renacer de su fe y retó con muy fuertes palabras al futuro Santo, le dijo: si de verdad eres tan Santo salva a mi hijo… 13 días después Juan José salió del hospital por su propio pie.

¿Increíble?, pues de eso se tratan los grandes milagros, de que sean increíbles mí amigo. Ya lo vé, los milagros en los que yo creo casi nadie los toma enserio.

¿Y cual es el tercer Juan de la historia? Pues mira, antes de que te vayas déjame decirte que la agencia en donde conocí a Juan, está ubicada a una cuadra de la nunciatura apostólica y con ello comprenderás lo del tercer Juan.

Tiempo después, en otro viaje que hizo el Papa por México el edificio de la agencia quedó justo adentro del perímetro resguardado por la policía, por ahí sólo podían transitar vecinos con gafetes y quienes trabajábamos en la agencia. Algún día te enseñaré el mió, aún lo conservo junto a una pata de conejo.

Cierta tarde mientras el Papa llegaba a la nunciatura, Juan salió a comprar cigarros, como yo quería que me trajera una cajetilla me asomé por la ventana para pedírselos de un grito. Imagínate cual sería mi sorpresa que ahí, enfrente de la oficina estaba el papamóvil.
Juan Pablo II y Juan frente a frente, completamente solos ellos dos y de frente, su Santidad Juan Pablo II lo miró, sonrió, y le hizo él, en el aire, la bendición de la señal de la cruz...


Oye, tu celular suena, debe ser tu novia que reclama tu presencia.
Si amigo, todos los martes a la misma hora vengo por mi café, ya te lo he dicho, soy un caballero. Claro los martes que caen en 13 me ausento, tengo cosas mejores que hacer con mi destino.
Anda, ve con ella, yo pago la cuenta.

¿Cómo señorita?, escuchó de nuevo la platica, que gusto me da, algún día tendrá que sentarse con nosotros.

Por lo pronto me despido, ¿qué dice usted? Qué cuáles son las tres respuestas que me da mi Dios, tal vez el próximo martes le cuente.

Miré usted, ya es tardísimo….

viernes, 11 de septiembre de 2009

Las diez y diez de mis mañanas

No entiendo, ¿dice usted que le intriga?, pues mire usted, es una exclamación como cualquier otra, tanto como decir “el tiempo muerto de mi vida”, o tal vez “el momento del día en que pienso en ti”. Pero si está usted tan intrigado como dice y tiene tiempo de escuchar la historia con gusto se la cuento mientras espera usted a su novia y tomamos café. No se apure, si es sólo café la cuenta va de mi parte.

¿Pero cómo? ¿No se siente a gusto si le hablo de usted?, vaya, pero si es usted tan joven. Tal vez por eso ha preguntado ¿verdad? La gente que dice que ya ha alcanzado la madurez sentimental rara vez pregunta, prefiere quedarse con la duda a evidenciar la falta de curiosidad que en su cara siempre es evidenciable. Tal vez sí, no lo sé, en fin, cada quien con sus cosas.
Muy bien si así lo quieres, hablémonos de tú a tú…

Pues mira Jesús, ¿así me dijiste que te llamas verdad?, pues bien, la idea la tomé de una persona con la que trabajé hace cinco años. Sí, lo recuerdo bien porque en aquel tiempo yo usaba traje, corbata de cualquier color pero siempre con algún toque de rojo, los caballeros siempre usamos el rojo en la corbata, que no se te olvide, claro si es que eres un caballero. También usaba zapatos lustrosos y buena loción. Es decir, eran los tiempos en que yo era gente seria. Con esto no quiero darte a entender que escribir sea algo ocioso, no, pero veme ahora, jeans camisa y tenis. En realidad vestido así estoy más cómodo, pero la gente siempre espera ver a alguien elegante atrás de la literatura. Y déjame decirte mi querido Jesús, creer eso, si es ociosidad del pensamiento, cada quien escribe como le da la gana, viste como le da la gana y que carajos yo de literatura sé un pito, pero escribo.
Ni hablar, de esto como ahora y hay que respetarlo, así que si algún día llego a publicar algo, vestiré de nuevo traje, corbata con algo de rojo, zapatos, una buena loción que cubra los disturbios del alma y tal vez ese día ni yo me reconozca.


Trabajaba para una importante firma publicitaria, mi equipo de trabajo se encargaba de buscar nuevos clientes, hacíamos los análisis pertinentes y una vez terminados nos reuníamos con otros equipos de la agencia para crear la estrategia que seguiríamos para presentarle al prospecto de cliente nuestros servicio, dejarlo apantallado, y disponer de su presupuesto.
Te cuento esto que parece que no tiene relevancia, para que al llegar al punto que nos atañe, comprendas perfectamente que el significado de mi respuesta a tu interrogante, es sólo esta historia que nada tiene de interesante.

El caso es que el trabajo era mucho, había más de doce personas involucradas atrás de diez u once gráficos que resumían el interés de la agencia, los intereses del futuro cliente, la situación económica del país, el de la industria de la publicidad, tres meses de trabajo, toda la seriedad del mundo y a Juan, quien se encargaría de “enamorar” al cliente.

Juan era un tipo con suficiente ángel en la espalda como para que lo tomaran de icono de la ciudad ahora que va a ser el festejo del bicentenario de la Independencia del país, por ello era a él a quien le encomendaban las riendas de las juntas importantes. Sabía mucho de muchas cosas, de todas, todo lo sabía superficialmente, pero las dominaba con tal habilidad que la información en sus manos era oro molido. Siempre sacaba provecho de las juntas, muy buen provecho.

Señorita, sírvale más café a Jesús, creo que lo estoy durmiendo. Si del regular, con cafeína. Está esperando a su novia y es justo que si me está escuchando termine lo suficientemente despierto como para atender a la dama. Yo lo de siempre, descafeinado sin azúcar como todos los martes, la vida siempre me espera despierta o dormida, eso a ella le da igual.

¿En qué estábamos?, es verdad, en Juan. A él nada le preocupaba, todo lo tomaba a juego. Su actitud era envidiable, y más aún cuando teníamos en puerta una presentación tan importante de la cual dependía conservar el trabajo en la agencia para varios de nosotros incluyéndolo a él y además con un cliente tan difícil como el que nos esperaba.

Juan era uno de esos tipos que contaba las más insólitas aventuras. Como cuando estuvo presente en el accidente de un chico que calló de un 5º piso en la calle de Pilares en la Colonia del Valle y que a la postre sirvió para la canonización de Juan Diego. O la vez que enfrente de la agencia recibió él solo la bendición de Juan Pablo II en plena calle.
Lo más increíble de sus historias es que eran verdad. Lo del chico de la Col del Valle me lo contó dos años antes de la canonización de Juan diego, y la bendición del Papa yo mismo presencie por la ventana de la agencia. Sí, ahora que lo mencionas creo que fue él el que llevo al Suspirante a la calle de dolores el día que voló virgen sobre la ciudad de México.

Como podrás darte cuenta solamente los que lo conocíamos muy bien podíamos confiar en él, y ese día por su propio bien, confiamos.

¿Qué me estoy desviando del tema? Tal vez tiene razón y menos tiempo del que usted, perdón, del que tú mismo supones, y si supones que a la vida lo único que no le sobra es el tiempo, en ambas cosas tiene razón, así que abreviare para tu tranquilidad.

La junta fue todo un éxito para Juan. Si, sí voy ya al tema de tu pregunta, no desesperes. Como te decía, la junta fue un rotundo éxito para Juan. La marca por la cual íbamos tan bien preparados era la de una muy prestigiosa marca de relojes. Aparentemente la situación estaba controlada ya que esa marca hacia mucho tiempo que no tenia publicidad y además no había recibido la visita de agencias de la competencia, creímos pues que; “la sopa estaba servida”.
El cliente era un tipo chapado a la antigua, sabedor de pocas cosas, pero muy bien estudiadas. Paradójicamente era extremadamente impuntual, por lo que tuvimos que esperarlo más de una hora, tiempo en el cual la Lap Top, curiosamente se descargó, justo el día en que hacían reparaciones del cableado eléctrico. No había modo de reprogramas la junta ya que el cliente saldría de vacaciones y a su regreso nuestra agenda, si es que aún continuábamos con trabajo, estaba saturada.

Juan jugaba como siempre y bromeaba diciéndonos que no había leído la presentación, pero que eso a él no le importaba ya que sólo se preocupa quien no se prepara (¿).
Iba yo a tomar la palabra para explicarle al cliente que era imposible hacerle la presentación cuando Juan tomó la iniciativa.

-Disculpa ¿porqué los relojes de los aparadores casi siempre marcan las diez horas con diez minutos?
-Es cuestión de estrategia –dijo el cliente, que en realidad creo que no tenia ni puta idea de lo que decía-, las manecillas del reloj apuntan a esa hora porque así, al fondo de la carátula semejan una carita feliz. Se han hecho estudios –continúo- que al comprador le agrada ver así las manecillas del reloj que comprará, ya que también parece que el reloj lo recibe con los brazos abiertos.
-A mi eso me parece una mamada –dijo Juan-, cada vez que me paro al frente de un aparador de relojes pienso “bola de guevones, deberían darle cuerda a sus relojes, o ponerles pila nuevas, ganan tanto engañando al consumidor que bien les alcanza para pilas, buen café y estas oficinas de lujo”.

El cliente carraspeó la garganta para aclararla y dijo:

-Además cuando las manecillas indican las diez con diez se puede ver perfectamente la marca del reloj –dijo el cliente un tanto exasperado-.
-Pues insisto –dijo Juan-, eso es para tarados, mira nada mas la pendejada de creer que un reloj le esté ahí, sin hacer nada, esperando a darle un gran abrazo o una calida sonrisa a un comprador que jamás encuentra el precio del reloj ¿porqué si sabes verdad? –le dijo al cliente- nunca está el precio a la vista, y eso asusta.
-El precio es lo de menos, quien quiere comprar un reloj no piensa en ello
–dijo el cliente ya realmente irritado-

Juan se puso de pie con los brazos en una posición amenazadora. El cliente sus tres asistentes y nosotros, los de la agencia, estábamos realmente desconcertado. Y continuó.

-Si pudieras ver los estudios (en realidad no había tales estudios) que traemos verías que a los compradores de relojes lo que en realidad les interesa es el precio y que den la hora exacta para no llegara tardísimo a las juntas de trabajo. No les importa si las manecillas son de un pinché ratón sonriente o los brazos abiertos de una puta.
-Si llegué tarde a la junta –dijo aludido el cliente y mirando a su equipo de trabajo- es porque tengo muchas cosas que resolver y mucha gente ineficiente a mi lado.
-Lo dirás por ellos –dijo Juan señalando a los asistentes del cliente-, porque nosotros llegamos en punto y nos valió madres traer relojes de otras marcas con caritas infelices.
-Bueno carajos –dijo el cliente dando un manotazo en el escritorio- dime tú cual crees que es el significado de tener los relojes de exhibición a las diez y diez.

Se hizo un silencio sepulcral, Juan volteo muy despacio a mirarnos a cada uno a la cara mientras se sentaba, dio un sorbo a su café, lo saboreo, tomó de la bandeja de cristal una galleta cubierta de ajonjolí, y como si fuera un apuntador electrónico la dirigió a la cara del enfadado cliente y le dijo;

- Para mi que usted es un holgazán inepto que sólo aparenta que conoce el negocio, y si de verdad quieres saber mi opinión se la daré en este momento,
-y dijo categóricamente- Para mí que ponen las manecillas a las diez y diez para ahorrar pilas en los relojes que son electrónicos y para que la bola de vendedores perezosos en las relojerías sientan que les han crucificado el tiempo y continúen ahí haciendo ventas de ocasión sin pedir jamás aumento de sueldo…

Lo ves Jesús, nada tiene de poético eso de “las diez y diez de mis mañanas” que tanto te ha intrigado, es sólo que esa anécdota se me quedo muy grabada en la cabeza. Oye, esa chica que lleva ahí afuera de la cafetería media hora mojándose, no es tu novia ¿verdad?. ¿Cómo, sí lo es?, mira nada mas y nosotros hablando de relojes y la puntualidad, pues sí que te espera un fuerte regaño, apúrate, no la hagas esperar más. Si hombre, el café yo lo pago. Así es, todos los martes a esta hora vengo, cuando quieras charlar, aquí me encuentras.

Señorita, tráigame usted la cuenta, tengo que ir a casa, la vida me espera, no sé si despierta o dormida, eso me da igual.

¿Pero cómo, estaba usted escuchando?. Muy bien, pues mire usted, ese día no ganamos la cuenta, el cliente, sus asistentes y yo perdimos el trabajo.
¿Qué fue de Juan?, pues verá ¿la última vez que lo vi?, déjeme ver, fue hace un año, me platico que a la semana siguiente asumió el puesto del cliente con un sueldo mucho mejor, que además consiguió un equipo de trabajo muy eficiente, que los relojes seguirían exhibiéndose con las manecillas a las diez y diez y que no había una razón conocida para que se colocaran en esa hora.

Como ve, Juan siempre tenía excelentes resultados en las juntas de trabajo. ¿Yo?, Yo nunca volví a encontrar trabajo en ninguna agencia, por eso ahora me gano la vida escribiendo mails a gente que nunca compra por Internet, al cliente jamás lo he visto de nuevo.

Pero mire usted que coincidencia, yo me tengo que ir y en el reloj de su pared son exactamente las diez y diez…


Due® 11septiembre09